Temor a una guerra civil entre palestinos tras las detenciones de radicales

El espectro de una guerra civil interpalestina se cernía ayer con pavorosa claridad a pesar de las expresiones del campo de Yasir Arafat y de los extremistas islámicos en el sentido de que resulta imperioso frenar un conflicto que sin duda incendiaría la franja de Gaza y echaría a pique el frágil proceso de paz entre Israel y la Organización para la Liberación de Palestina (OLP). El presidente palestino reafirmó su voluntad de desarmar a toda la oposición radical.

En la sede de la Autoridad Palestina, funcionarios de expresión sombría hablan de la posibilidad de "un terremoto". En las mezquitas de la franja de Gaza el pronóstico general es aún más catastrófico. "Si Arafat sigue obedeciendo a los dictados de Israel correrá mucha sangre", decía ayer un joven militante de la Yihad Islámica empuñando una flamante pistola automática."No vamos a ser nosotros quienes provoquemos el choque. Pero si Arafat ataca tendremos que defendernos", dijo el doctor Mahmud Zahar, uno de los máximos exponentes del Movimiento de la Resistencia Islámica (Hamás), poco después de que la policía palestina apresara a decenas de fundamentalistas en la segunda jornada de la campaña de detenciones iniciada el martes de madrugada. Ayer, los prisioneros pasaban de 200 y según los comandantes de la policía la persecución no ha hecho sino comenzar.

Dos hechos contribuyeron a caldear el ambiente: primero, el Gobierno de Arafat anunció una campaña para desarmar a los militantes de Hamás y la Yihad Islámica, las dos organizaciones que se han responsabilizado de los atentados suicidas que causaron el domingo ocho muertos -siete soldados israelíes y una ciudadana norteamericana-, y más de 40 heridos. Arafat ha dado un ultimátum para que los opositores a su plan de paz con Israel entreguen las armas a la policía no más tarde del 11 de mayo. Además, los tribunales militares de Arafat sentenciaron a un militante de la Yihad Islámica a cadena perpetua y a otros dos a largas condenas de cárcel. Un tribunal sumarísimo sentenció sin apelación a la máxima pena a Omar Shalá, de 30 años, miembro de la Jihad Islámica por haber ayudado a los autores de atentados y preparado explosivos.

Con esas medidas Arafat está tratando de convencer a Israel y a Estados Unidos de que está dispuesto a tomar enormes riesgos internos con tal de salvar el proceso de paz amenazado por los integristas.

Beneplácito cauteloso

En Jerusalén, el viceministro de Exteriores de Israel Yossi Beilin, manifestó un cauteloso beneplácito en nombre del Gobierno. "No puedo decir que la Autoridad Palestina está haciendo lo suficiente, pero existen algunas señales que son positivas", declaró.Arafat, que viajó intempestivamente a El Cairo para consultas urgentes con el presidente egipcio, Hosni Mubarak, trató de minimizar la alarma de un conflicto armado entre los palestinos alegando que ni Hamás ni la Yihad Islámica constituyen una amenaza para su Gobierno. Añadió que estaba resuelto a desarmar a la oposición radical, pero también acusaba Israel de alentar una guerra civil interpalestina. Arafat descartó la idea propuesta por algunos de sus colaboradores de solicitar una intervención internacional en los territorios ocupados y Gaza a fin de evitar una escalada de violencia entre las organizaciones guerrilleras y el Ejército israelí.

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Las intenciones de los integristas pocas veces han sido tan claras. Sus propósitos fueron reiterados ayer en un comunicado de Hamás en el que se aconseja al Gobierno de Isaac: Rabin "preparar ataúdes para los israelíes que caerán dentro de poco como respuesta a la campaña de represión" en Gaza.

También le sugieren "no ponerse demasiado contento" por las detenciones de los "combatientes" de las Brigadas de Ezedin al Kasam porque "la respuesta a la campaña de arrestos irá dirigida contra el principal enemigo [islámico] y se producirá dentro de la entidad sionista".

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