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La aventura gitana de Hitler

Cifesa y sus estrellas de cine rodaron siete películas en el Berlín de los años treinta

EL CINE ESPAÑOL EN LOS AÑOS TREINTA. El Congreso Internacional de Cinematografía que se celebró en Berlín hace ahora 60 años fue el primer capítulo de un apasionante y poco conocido episodio del cine español. Vicente Casanova, uno de los propietarios de la productora Cifesa, viajó, a la capital del Reich para poner en marcha los engranajes de una ambiciosa empresa. El plan contaba con la conformidad de Hitler, quien conocía el éxito de las películas de Cifesa en el Nuevo Mundo y se derretía con la mirada de Imperio Argentina. Sesenta años después, Latinoamérica sigue siendo la asignatura pendiente para las cinematografÍas de ambos países, e Hispano Film, una fuente de inspiración para Fernando Trueba, que espera recuperar los recuerdos de esa aventura en una película acerca del intermedio berlinés del cine español.

Mientras Hitler envenenaba Alemania con el arsénico de la xenofobia y empezaban a oficializarse los pogromos que debían acabar con quienes no respondieran al clónico modelo ario, el führer sucumbía ante el gracejo gitano de Imperio Argentina y ordenó llenar durante meses los estudios de la UFA de patios sevillanos, trajes de faralaes, cantaores y lectoras de la buena ventura. Sería difícil saber qué merecía esa dosis de incoherencia; ¿su manifiesta debilidad por Imperio Argentina o una concesión imprescindible para realizar su largamente acariciado deseo de dominar el mercado cinematográfico latinoamericano?Su aventura española se llamó Hispano Film Produktion, y el resultado se concretó en un documental, varios cortometrajes y siete películas de ficción que reunieron en Berlín al Olimpo del cine español: Imperio Argentina, Estrellita Castro, Raquel Rodrigo, Miguel Ligero y Manuel Luna, bajo la dirección de los realizadores más importantes durante la República, Benito Perojo y Florián Rey.

Argentina tenía un buen motivo para interrumpir la gira que la mantenía en Cuba cuando en abril de 1937 zarpó a bordo del Bremen con destino a Alemania: en Berlín la esperaban un contrato con la UFA, el mayor trust cinematográfico de Europa, y el interés explícito del propio Hitler, que la consideraba una auténtica belleza racial desde que la vio en Nobleza baturra (1934), dirigida por Florián Rey, su marido.

No podía negarse. La hasta entonces próspera Compañía del Film Español (Cifesa), en cuya nómina figuraba Imperio Argentina, había sido abandonada por sus propietarios, los hermanos Manuel y Vicente Casanova, que, ideológicamente armados de yugos y flechas, se pasaron al bando franquista. Tomaron posiciones en Sevilla, donde reemprendieron los planes fraguados un año antes en Valencia. Se trataba de una estrategia de cooperación cinematográfica con Alemania que, a pesar de encontrarse aún en estado embrionario, ya tenía nombre y sede en Berlín.

Goebbels

Las directrices que Hitler remitía al ministro de Propaganda, Joseph Goebbels, eran inequívocas, como se deduce del comunicado que el 19 de abril de 1937 llegaba al Ministerio de Propaganda: "El führer y canciller del Reich ha dispuesto que la actriz española Imperio Argentina debe ser ganada para el cine alemán... Insté a la Hispano Film Produktion (HFP), donde trabaja Imperio, a que la hiciese venir (...). El führer ha ordenado que todos los gastos que se desprendan de este viaje, así como su estancia y la de sus acompañantes, sean cubiertos por la Cancillería".

Las razones por las que Cifesa se interesaba en conseguir coproducciones con la emergente y técnicamente sofisticada cinematografía alemana estaban claras, pero ¿qué ganaba ésta con la colaboración de una compañía insolvente como Cifesa?

Hollywood ya había conquistado el mercado del continente iberoamericano y Hitler quería arrebatárselo; pero las redes de distribución de la UFA eran muy limitadas y no conseguían superar las barreras idiomáticas; Cifesa, en cambio, tenía relaciones fluidas con Latinoamérica y un estrellato que conectaba con su público.

Gazapos

Mientras las recaudaciones de Cifesa en el Nuevo Mundo superaban las previsiones, la UFA recibía en Berlín airadas protestas de su sede en Buenos Aires acerca de los gazapos que pasaban inadvertidos a los cineastas del sur con Baviera. En un memorando dirigido a la cúpula directiva de la UFA, el director del departamento extranjero, Von Theobald, escribe, tratando de no perder la compostura: "Quisiera llamar su atención acerca de algunos puntos que hacen completamente imposible la distribución de Jan und die Schwindlerin [Jan y la embustera] en toda Suramérica ( ... ). Hablan de Argentina como si se tratara de México y el hecho de que una hacienda pueda comprarse con 200.000 pesos resulta ridículo. Pero lo peor es que Jan lleva un atuendo tropical con un enorme sombrero, detalle que arrancaría las carcajadas. de toda Suramérica, porque, como usted sabe, Argentina no es un país tropical".

Vicente Casanova apareció en el momento oportuno con un as en la manga al que no podrían resistirse: la fama mundial de Imperio Argentina. Pero los anfitriones no contaron con que los problemas aparecerían en sus propias filas. La UFA interpuso todas las trabas a su alcance para obstaculizar el proyecto de colaboración que Hitler había decidido, pero que el trust debía llevar a cabo. El capricho de Hitler hizo que las protestas y repetidos informes presupuestarios de la UFA cayeran en saco roto.

La noche del 25 de junio de 1938, durante el estreno de Andalusische Nächte (Carmen, la de Tríana), la crítica berlinesa alabó la interpretación de Imperio Argentina, pero la dirección de Florián Rey fue eclipsada por el codirector alemán Herbert Maisch, al que la prensa atribuía todos los méritos: "El director H. Maisch ha sacrificado conscientemente el tempo de la película en virtud de su estrella". Los comentarios más elogiosos recayeron en el cartón piedra de los decorados, de donde se deduce que las críticas se escribieron con la pinza en la nariz, ya que una orden de Goebbels prohibía los comentarios negativos de las películas de producción alemana.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 27 de marzo de 1995