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La frustrada oposición castrista se inventa un golpe de Estado en Cuba

Fidel Castro recorría Galicia mientras en Miami crecía como una bola de nieve la noticia de que, aprovechando su ausencia de Cuba, se había dado un golpe de Estado y el ideólogo del Partido Comunista Carlos Aldana así como el primer secretario de la Unión de Jóvenes Comunistas, Roberto Robaina, habían sido destituidos y se encontraban bajo arresto domiciliario.Todo empezó con una llamada anónima desde La Habana a una de las radioemisoras más escuchadas en Miami, La Cubanísima, que dio cuenta de la presencia inusual de soldados y tanques en la capital cubana. El director de La Cubanísima, Tomás García Fusté, salió al aire con la noticia en la mañana del martes.

Los opositores a Castro en Miami buscaron confirmación con los disidentes en la isla, por donde se propagó el rumor. Al caer la noche, quedó claro que se trataba de falsas esperanzas alimentadas por los años de frustración de los cubanos anticastristas.

Horas después, Fidel Castro llegaba a La Habana tras concluir su visita de seis días por varias ciudades españolas y participar en la II Cumbre Iberoamericana de Madrid. El presidente fue recibido por su hermano, el ministro de Defensa y segundo secretario del Partido Comunista, Raúl Castro. La situación reinante ayer en la isla al igual que durante los días precedentes, era de total normalidad. Las calles de La Habana estaban en calma, con sus comercios abiertos.

Del mismo modo, los rumores sobre la destitución de Carlos Aldana Escalante, miembro de buró político y responsable de las áreas de ideología y de relaciones internacionales del Partido Comunista, fueron atribuida a la "gusanera" (los exiliados de Miami) por funcionarios del régimen de La Habana.

Quien sí fue destituido, como reconoció el propio presidente cubano en España, es Fidel Castro Díaz-Balart, el hijo del mandatario caribeño, quien hasta hace sólo unos meses dirigía la Junta de Energía Nuclear de Cuba.

Más información en la página 13

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 30 de julio de 1992