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Tribuna:ENTREGA DE LOS NOBEL

Brindis por la paz.

Camilo José Cela brindó ayer por la paz en el banquete ofrecido en el Ayuntamiento de Estocolmo. Antes había recibido, acompañado por la música de Manuel de Falla, la medalla del Nobel de Literatura, que le entregó el rey Carlos Gustavo en el auditorio de la ciudad. El Nobel gallego compartió el honor con los premios Nobel de Física, Norman F. Rainsey, Hans G. Dehnelt y Wolfgang Paul; de Química, Sidney Altman y Thomas R. Cech; de Medicina, Michael Bishop y Harold E. Varmus, y de Economía, el profesor noruego Trygve Haavelmo.

Majestades, altezas reales, señoras y señores: La Academia Sueca me honra inscribiendo mi nombre al lado del de muy señeras figuras de la literatura mundial contemporánea. Es un honor desproporcionado a mis escasas fuerzas el que recibo y quiero que, tras agradecerlo de todo corazón, se me permita dejar constancia de que, si me he atrevido a venir a donde estoy ahora, es no más porque entiendo que el premio no es sólo para mí, sino también para quienes, conmigo y en mi tiempo, escriben en la gloriosa lengua que a todos nos sirve de herramienta: el español. Y no quisiera extenderme más en esta muy sincera confesión porque, aleccionado por Miguel de Cervantes, sé bien que no hay razonamiento que, aunque sea bueno, siendo largo lo parezca. Cuando, camino de Estocolmo, me preguntaba por las razones que me traían hasta aquí empujado por vuestra benevolencia, pude entrever que vuestro propósito más era el de premiar un oficio que una persona. Y si esto es así no ibais errados porque, según Cervantes -otra vez y siempre Cervantes-, el fin de la literatura es poner en su punto la justicia y dar a cada uno lo que es suyo, y entender y hacer que las buenas leyes se guarden. Y la literatura, aventurada e irreversiblemente, es mi vida y mi muerte y sufrimiento, mi vocación y mi servidumbre, mi ansia mantenida y mi benemérito consuelo. ¡Qué tranquila se queda mi conciencia después de deciros lo que acabo de decir!En la nómina de los honrados con el Premio Nobel hay muy altas personalidades de la ciencia, también mundial y también de nuestros días, a las que guía el idéntico y enaltecedor propósito que a todos nos distingue y nos denomina: el de la paz en las cabezas y los corazones, y el de la solidaridad entre los hombres y los pueblos. No ignoro que no hemos llegado al fin de nuestro propósito y que todavía nos restan muchos pasos que dar con serenidad y buen sentido, con constancia, sí, pero también con suerte, y preconizo que de ese saludable camino no nos separaremos jamás.

Brindo por los reyes de Suecia, que reinan en un pueblo en paz; por el pueblo sueco, que ama la paz; por la Academia Sueca y otras instituciones Nobel que preconizan la paz, y por todos quienes, en el mundo entero, defienden la paz y la proclaman. Brindo por la paz.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 11 de diciembre de 1989