El escándalo del narcotráfico sacude las estructuras del régimen de Fidel Castro

El golpe asestado a la revolución cubana por los jefes militares acusados de tráfico de cocaína con el cártel de Medellín ha sacudido las estructuras de un sistema cercado por la fatiga política y la crisis económica. Las características del escándalo han sumido al país caribeño en el asombro, y las presunciones sobre su verdadera dimensión se agolpan en los estamentos civil y castrense de la sociedad cubana.

La confusión y sorpresa en las fuerzas armadas tras la detención del prestigioso general de división Arnaldo Ochoa, que volvió de la guerra de Angola como Escipión el Africano, no fue menor que el estrépito originado en el Ministerio del Interior cuando se detuvo a los hermanos Patricio y Antonio de la Guardia, veteranos servidores de la revolución.La vehemencia gubernamental en excluir complicidades más altas y en denunciar con publicidad las actividades de los jefes y oficiales mafiosamente emparentados con el narcotraficante colombiano Pablo Escobar, guarda relación con el considerable daño político encajado por un proceso que negó siempre vinculaciones con el tráfico de drogas, defendió a sus funcionarios a capa y espada y atribuyó a las "insidias del imperialismo yanqui" el origen de las acusaciones.

Fidel Castro, y su Gobierno debieron reconocer que no fueron los capos del narcotráfico quienes propusieron un trato que facilitó, en tres años, el paso de seis toneladas de cocaína por Cuba. "Fue nuestra propia gente la que fue en su busca y aceptó fácilmente sus primeras ofertas", dijo Castro.

Los elementos aportados por la investigación oficial y otros detalles conocidos en ambientes políticos y diplomáticos aconsejan aparcar de momento el supuesto de una purga de militares disidentes, pese a que el general Ochoa expresó en varias ocasiones su disconformidad con la estrategia seguida en la guerra de Angola, y pudo influir en su actitud el desacuerdo político.

Mandos de prestigio

Este mismo año, Ochoa fue propuesto por la Comisión Superior de Mandos para la jefatura de uno de los tres cuerpos del Ejército cubano, y gozaba de la confianza militar y política del régimen. El general Patricio de la Guardia, detenido también, y su hermano gemelo, el coronel Antonio de la Guardia, despachaban habitualmente con el Ministro del Interior, José Abrantes. Los tres cumplieron misiones delicadas antes y después del triunfo revolucionario de 1959.No aparecen claras las razones de Castro para ordenar la difusión de las detenciones y confirmar así las repetidas acusaciones de EE UU.

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Todo parece indicar que el escándalo iba a estallar fuera de Cuba y que La Habana fue alertada por la delegación que acompañó al ministro de la Presidencia de Panamá, Manuel Solís Palma, en su reciente viaje a la isla. Varias cuentas bancarias de Panamá, una de ellas con 200.000 dólares, a nombre del capitán Jorge Martínez, ayudante de campo de Ochoa, precipitaron los acontecimientos.

El aprieto del Gobierno obligó también a destapar la existencia del departamento MC del Ministerio del Interior, creado para romper el embargo comercial norteamericano. Personas y suministros relacionados con esta unidad pueden entrar y salir de Cuba sin control de las aduanas.

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