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"Esta revolución se respeta o la hacemos respetar" dice el comandante Bayardo Arce

ANTONIO CAÑO ENVIADO ESPECIAL, "Vuelven a escucharse en esta plaza las viejas consignas populares", decía la locutora de Radio Sandino que transmitía el viernes una concentración de respaldo a las últimas medidas tomadas por el Gobierno nicaragüense. El acto lo cerró el comandante sandinista Bayardo Arce, que amenazó a los partidos de la oposición interna, anunció nuevas reglas del juego para la actividad política y advirtió: "Esta revolución se respeta o la hacemos respetar".

El ministro del Interior, Tomás Borge, compañero de línea política de Arce desde tiempos anteriores al triunfo revolucionario, declaró, por su parte, al diario Barricada que, a partir de ahora, "la policía va a actuar con la energía que sea necesaria" para impedir sucesos como los del pasado domingo en la ciudad de Nandaime.Borge aseguró que el acto de Nandaime, como otras anteriores protestas de la oposición, fue organizado por el ex embajador norteamericano Richard Melton -expulsado esta semana- con el objetivo de provocar muertos entre los manifestantes. Borge dijo que este estado de cosas no se podía seguir tolerando porque significaría "el suicidio de la revolución" y añadió: "podíamos ser flexibles y tolerantes, y yo creo que podemos seguirlo siendo, pero no al extremo de entregar la vida de la revolución".

El responsable de la seguridad interior del país insistió en que ya no se permitirán "nuevos abusos" y advirtió que "sostener la línea de desobediencia civil y el desconocimiento de la ley es en extremo arriesgado y peligroso, y puede conducir a una confrontación irreversible de consecuencias imposibles de prever".

En un acto ante varios miles de personas en el centro de Managua, Bayardo Arce fijó lo que, según explicó, son las nuevas reglas de la convivencia política en Nicaragua. "Aquí se acaba la doble moral, el jueguito de los provocadores", anunció. Arce arremetió contra los partidos de oposición, contra los medios de comunicación, contra Estados Unidos, contra la Iglesia católica, contra los países centroamericanos y hasta con los aliados de Nicaragua que ahora puedan poner en duda su solidaridad. "Más vale estar solos que mal acompañados", dijo.

Bayardo Arce, que figura formalmente como número dos en la jerarquía del poder del Frente Sandinista, manifestó que se va a poder seguir haciendo oposición, "pero lo que no van a volver a hacer es a seguir calumniando al Gobierno, al pueblo y a los heroicos combatientes, ni van a seguir burlándose del dolor de nuestras madres, ni van a seguir siendo voceros de la contrarevolución".Para la tarde de ayer se esperaba otro gran acto de masas para recibir al ex embajador de Nicaragua en Estados Unidos, Carlos Tunnermann, que el viernes abandonó Washington, cinco minutos antes de que expirase el plazo señalado por las autoridades norteamericanas para salir del país. En un comunicado oficial en el que se califica a Ronald Reagan de "matón imperial", el Gobierno nicaragüense ha anunciado que sigue reconociendo a Tunnermann como embajador ante la Organización de Estados Americanos (OEA) y ha solicitado que la polémica sea resuelta por el comité jurídico interamericano.La expulsión del embajador norteamericano de Managua marcó el inicio de un endurecimiento del régimen, que fue corroborado en las horas siguientes por el cierre del diario La Prensa y de la Radio Católica, el encarcelamiento de 36 opositores, la expropiación de la principal azucarera del país, a lo que se suma ahora la resurrección política de Tomás Borge y el papel estrella concedido a Bayardo Arce, los dos halcones de la junta de comandantes sandinistas.Habrá que esperar hasta las próximas semanas para comprobar si este giro obedece sólo a razones tácticas o es la muestra de un cambio de poder en el interior del régimen. Los hermanos Daniel y Humberto Ortega -que habían apostado muy fuerte a favor de las negociaciones con la contra- podrían ahora ver su poder debilitado por el fracaso de las conversaciones.Otra explicación que se encuentra para este giro a la izquierda es la de que el Gobierno ha decidido recuperar posiciones de cara a una futura negociación con la contra y con Estados Unidos. De acuerdo a esta hipótesis, los sandinistas habrían entendido que en el último diálogo con la contra se habían colocado en el límite de sus concesiones y en una posición sumamente débil. Se ha decidido, por tanto, rectificar y rescatar algunas bazas negociadoras -La Prensa, Radio Católica, la apertura de espacios para la oposición- ante la proximidad de un cambio de Administración en EE UU y todo lo que ello puede afectar a la política centroamericana. En definitiva, se trata de volver a cero, para, en el futuro, poder regresar a donde nos encontrábamos la semana pasada.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 17 de julio de 1988

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