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"CUMBRE" EN GINEBRA

Reagan y Gorbachov conversan dos horas sin asesores el primer día de la 'cumbre'

Estados Unidos y la Unión Soviética reanudaron ayer en Ginebra al máximo nivel el diálogo interrumpido en 1979 con una conversación de 64 minutos de duración, sólo con intérprete, entre el presidente norteamericano, Ronald Reagan, y el secretario general del Partido Comunista de la URSS, Mijail Gorbachov. La primera jornada de la cunbre, cuyo objetivo principal es, para EE UU, establecer las reglas del juego de la conducta internacional de Washington y Moscú en los próximos años, se desarrolló en un "buen ambiente", y las conversaciones fueron "serias y prácticas", explicaron los portavoces de ambos países. Al término de la reunión de la tarde, Reagan realizó un nuevo gesto de deshielo, no previsto, al invitar al líder del Kremlin a pasear con él por el jardín del palacete de Fleur d'Eau y a sostener a solas una charla, junto a una chimenea, de casi una hora.

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El 'apagón' informativo, primer acuerdo

Las dos superpotencias, que descartan poder superar en dos días de reuniones las profundas diferencias que les separan en materia de armas nucleares y en los conflictos que les enfrentan en el Tercer Mundo, llegaron ayer, sin embargo, a un acuerdo inmediato: guardar la confidencialidad de las discusiones que durante ocho horas mantendrán en la ciudad suiza los dos países, y esperar hasta e jueves para dar a conocer al mundo el resultado de esta cumbre d Ginebra.A pesar del apagón informativo, que ha frustrado a los más de 3.000 periodistas reunidos en la ciudad helvética ya comienza a hablarse de que el principal acuerdo a que se llegará será el de celebrar una nueva cumbre el próximo año, probablemente en Estados Unidos.

La rapidez con que dos dirigentes tan opuestos entraron en materia, cuando sólo estaban previstos 15 minutos de encuentro a solas, y la ausencia de un tono de enfrenta miento en Gorbachov, temido por los norteamericanos, fueron los datos más destacados de la primera jornada, que concluyó a las diez de la noche, tras la cena ofrecida por los soviéticos al presidente norteamericano.

Este histórico martes 19 de noviembre de 1985 ha servido para que Ronald Reagan, en el ocaso de su vida política y, con 74 años, el presidente más viejo de la historia de Estados Unidos, y Mijail Gorbachov, 20 años más joven y un convencido comunista que puede conducir a la URSS al siglo XXI haciendo compatibles marxismo y ordenadores, midan sus debilidades y sus puntos fuertes.

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Soviéticos y norteamericanos, satisfechos del primer contacto

Viene de la primera páginaPara Washington, lograr este primer contacto personal era prácticamente el fin prioritario de la cumbre. "Pero no se ha tratado sólo de hablar del tiempo, informó el portavoz soviético, Leonid Zamiatin. Sin embargo, para llegar a un acuerdo, añadió, "no basta una hora. Se necesita un diálogo serio y concesiones mutuas".

La delegación soviética, que sigue insistiendo en que la cumbre debe producir acuerdos sobre los temas claves como el control nuclear, concedió un significado importante al tiempo que Reagan y Gorbachov estuvieron a solas y que refleja que los líderes no -sólo se conocieron, sino que pudieron entrar en detalles. Para Larry Speakes, el portavoz norteamericano, el inesperado encuentro de la tarde, celebrado en un pabellón junto a una piscina, al borde del lago Leman, refleja que "los dos líderes tienen capacidad de conversar sin alzar la voz".

Fuentes norteamericanas filtraron que el presidente, que ha sido preparado intensamente para la cumbre con un guión, no le contó a Gorbachov las anécdotas de sus tiempos de Hollywood o las sacadas de sus lecturas del Reader's Digest, con las que suele explicar en términos muy simples la realidad del mundo.

El presidente tenía unos papeles preparados que le sirvieron para explicar al líder del Kremlin la visión norteamericana de la situación internacional, los puntos criticables, en su opinión, de la conducta soviética y las posibles ideas para que esa actitud pueda rectificarse mediante la negociación. También precisó Reagan cual será el comportamiento de Washington en el futuro. El secretario general del PCUS respondió con una presentación general similar.

La principal sorpresa de la jornada, no positiva para EE UU, fue el inesperado almuerzo mantenido por Gorbachov con el reverendo de raza negra Jesse Jackson, ex candidato demócrata a la presidencia y uno de los críticos más severos de la política de Reagan. Jackson jugó a favor de la propaganda soviética, según observadores occidentales, al entregar al dirigente de la URSS una petición para detener las pruebas nucleares, firmada por más de un millón de norteamericanos.

Jackson también le presentó a Gorbachov el problema de los derechos humanos en la URSS y en este tema, dijo el reverendo, "su respuesta no fue satisfactoria". Los portavoces norteamericanos trataron anoche de quitar importancia a este incidente que para algunos supone romper el pacto de confidencialidad sobre las conversaciones. El soviético Vladimir Lomeiko, dijo anoche que "Gorbachov hace lo que quiere con su tiempo libre y que el encuentro no tiene nada que ver con el contenido de las conversaciones".

El encuentro internacional más importante de los últimos seis años dio comienzo a las diez y un minuto de la mañana, a un grado bajo cero, con 60 segundos de retraso, cuando los dos hombres más poderosos del planeta se dieron un apretón de manos e intercambiaron controladas sonrisas, ante el palacete Fleur d'Eau.

El tosco Zil negro de Gorbachov, con matrícula de Moscú, se detuvo en el camino de gravilla y el secretario general salió del automóvil, sin esperar casi a que le abrieran la puerta. Un cuarto de hora antes había llegado Reagan, anfitrión de la primera jornada, en su espectacular Cadillac negro, traído desde Washington.

Los historiadores quizá no logren ponerse de acuerdo sobre donde se produjo el primer contacto, en cual de los 10 escalones de la escalinata trasera de la casa. Reagan, sorprendiendo a todos y en un gesto psicológico dirigido a subrayar su fortaleza, esperaba a su huésped sin abrigo. En el segundo apretón de manos, antes de entrar en la residencia. Gorbachov, que se había quitado su anticuado sombrero, comentó con el presidente el detalle del abrigo. Cuando cruzaron el umbral, Reagan puso la mano en la espalda de su adversario.

Aluvión de preguntas

La siguiente escena tuvo lugar en una pequeña habitación, decorada en azul claro, con la paredes llenas de libros y un fuego en la chimenea. Los dos líderes se sentaron en unos sillones amarillos de respaldo alto, con los intérpretes a sus lados. El presidente vestía de azul oscuro, camisa blanca y corbata a rayas roja y azul. Gorbachov llevaba un traje a rayas y corbata roja y negra.

Un poco nerviosos, pero sonrientes, aguantaron un aluvión de preguntas de la Prensa. Rompieron el hielo con unos comentarios de Gorbachov sobre las dificultades que suele tener para superar los problemas dio la diferencia horaria en los vuelos transoceánicos. "En un viaje a Canadá tardé dos semanas en recuperarme". Un periodista de la televisión americana le preguntó si es verdad, como dijo Gromiko, que es un político duro, "con bonita sonrisa y unos dientes de acero". "Aún tengo mis dientes", respondió, y añadió: "Creo que el presidente y yo tenemos buenas bases para mantener unas buenas conversaciones".

Reagan, preguntado por su primera impresión sobre el único líder soviético que ha conocido personalmente en cuatro años, dijo: "hemos tenido una cordial bienvenida y creo que ambos compartimos los mismos objetivos". El dirigente soviético pidió a los periodistas que no se precipitaran y quisieran saber si habrá más cumbres, pero sí confirmó que Moscú propondrá aquí que las negociaciones dé armamentos de Ginebra se reanuden antes de la fecha prevista, que es el 16 de enero. A esta conversación asistía, como reportero de Playboy, el hijo del presidente, Ron, que le había pedido a su padre que le dejara estar presente en este momento histórico.

Los dos dirigentes interrumpieron su primer contacto a solas a las 11.22 horas, dirigiéndose a una habitación contigua, donde alrededor de una mesa oval traída especialmente desde Nueva York les esperaban sus respectivas delegaciones, integradas por seis personas cada una. En la norteamericana, por primera vez en la historia de las cumbres, se sentó una mujer, Rozanne Ridgway, la responsable de los asuntos europeos en el Departamento de Estado. Durante una hora, los dos equipos continuaron los planteamientos generales iniciados por sus líderes. Tras separarse para comer (Reagan almorzó con sus asesores), volvieron a reunirse las dos delegaciones para tratar durante dos horas escasas las cuestiones relacionadas con el control de armamentos. En este punto reside la principal diferencia que hace prácticamente imposible un acuerdo entre EE UU y la URSS, al no aceptar Reagan limitaciones o negociación sobre la guerra de las galaxias. En la sesión de la tarde, Ridgway fue sustituida por el embajador Paul Nitze, el principal asesor de la Casa Blanca para el control de armamentos.

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