La carrera de armamentos conduce al suicidio, afirma Felipe González ante la Asamblea de la ONU

ENVIADO ESPECIALEl presidente del Gobierno español, Felipe González, afirmó ayer en la 40ª Asamblea General de las Naciones Unidas (ONU) que la carrera de armamentos conduce al suicidio. González pidió la puesta en libertad "inmediata e incondicional" del líder negro surafricano Nelson Mandela y solicitó la cooperación antiterrorista internacional, vinculándola directamente con la lucha en favor de los derechos humanos. El presidente afirmó también que la solución del problema de la deuda externa es una "tarea de todos los países, tanto deudores como acreedores".

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Felipe González subió a la tribuna de oradores de la Asamblea poco después de las 12.55 de ayer (las 18.55 hora peninsular española) para iniciar su intervención de casi 40 minutos. Fue el presidente de esta Asamblea -el veterano embajador español Jaime de Piniés- quien dio la palabra al presidente del Gobierno español. La coincidencia con la hora del almuerzo se hizo notar y casi las mitad de los asientos, entre ellos los de Suráfrica, se encontraban vacíos. González comenzó expresando "la satisfacción y el orgullo del Gobierno de España" por ver a Piniés en la presidencia de este período de sesiones, que, dijo el presidente español, "debería resultar un acto colectivo de fe en las posibilidades de la ONU".El presidente español se identificó con la generación que nació con la Carta de la ONU. "En nuestra juventud más joven", dijo, citando a Antonio Machado, "utilizábamos como instrumento de lucha copias clandestinas de la Declaración Universal de Derechos Humanos", proclamada en diciembre de 1948. "Por eso", añadió, "para mí ni es una expresión retórica ni una obligación de cortesía reiterar el firme compromiso del pueblo y del Gobierno de España de defender los principios de la Carta (de la ONU)".

La carrera de armamentos, la violación de los derechos humanos y la crisis económica internacional son, a juicio de González, los tres grandes problemas del mundo actual que desafian "los objetivos de las ONU de paz, libertad y justicia".

Como conflictos más graves, el presidente del Gobierno español señaló los de Oriente Próximo y Centroamérica. La "solución justa y pacífica" del conflicto de Oriente Próximo, dijo González, "tendría que estar basada en la retirada de Israel de todos los territorios árabes ocupados desde 1967; el respeto de los derechos legítimos del pueblo palestino, incluido el derecho a la autodeterminación, y el derecho de todos los Estados de la zona, incluido Israel, a vivir en paz dentro de fronteras seguras y reconocidas".

La crisis centroamericana, dijo más adelante el presidente del Gobierno español en su intervención, "continúa proyectando su sombra desestabilizadora sobre toda la región". González subrayó los esfuerzos del Grupo de Contadora, que "ha conseguido hasta ahora contener el conflicto y evitar su generalización". "El Grupo de Contadora", añadió, "necesita hoy más que nunca el apoyo decidido de toda la comunidad internacional".

Derechos humanos

Dentro ya del capítulo de los derechos humanos, el presidente del Gobierno español criticó la impasibilidad de los dirigentes de algunos países hacia los llamamientos efectuados por la ONU. Uno de los "atentados más odiosos contra los derechos humanos" es, señaló González, la discriminación racial.

González apeló a las autoridades surafricanas "para que de manera inmediata e incondicional pongan en libertad a Nelson Mandela, así como a los demás prisioneros políticos, a fin de crear unas mínimas condiciones de diálogo que permitan evitar el desastre que se avecina".

"Defender los derechos humanos", dijo más adelante, "es también proteger a los ciudadanos frente al terrorismo, cuyo objetivo no es otro que acabar con la convivencia y la libertad". "Esta nueva forma de totalitarismo", concluyó, "tiene cada día un mayor componente internacional, por lo que tiene que ser también internacional la respuesta que entre todos debemos darle".

Como tercer problema fundamental del mundo, Felipe González señaló la crisis económica internacional y sus secuelas sobre los países menos desarrollados. La deuda externa, afirmó González, "no es un fenómeno aislado, sino que forma parte integrante del desarrollo económico en un mundo interdependiente", por lo que su solución es "tarea de todos los países, tanto deudores como acreedores".

Los países endeudados, agregó, deben desarrollar políticas de reformas y ajustes económicos, pero también actualizar sus recursos y sistemas productivos. Los acreedores, por su parte, afirmó, no deben tratar este problema "como un hecho aislado", ya que está afectado por las políticas monetarias, fiscales y comerciales de los países industriales.

González aludió al "anacrónico contencioso" de Gibraltar, que cada año es recordado en la Asamblea por el representante español. Finalmente, González hizo su resumen personal de los 40 años de actividad de la ONU.

Más información en la página 15

* Este artículo apareció en la edición impresa del 0026, 26 de septiembre de 1985.

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