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Los militares turcos inician la represión contra los extremistas

El Ejército turco, que bajo las directrices de Mustafá Kernal Ataturk creó la actual Repútifica laica, centralizada y fuertemente nacionalista, vuelve a ser el protagonista absoluto de la vida política en Turquía, después del triunfo del acilpe militar incruento producido en la madrugada del viernes pasado.Las autoridades militares se han entregado a la caza y captura de extremistas políticos, aunque la información oficial al respecto es escasa y no se conoce ni el alcance exacto de las detenciones ni si están siendo más abundantes en un extreino u otro del espectro político. Algunos de los parlamentarios detenidos el viernes fueron puestos en libertad ayer, pero no así el ex primer ministro Suleimán Demirel ni Bulent Ecevit, líder del principal partido de la oposición, el Partido Republicano Popular.

Una calma absoluta reina en todo el país, que se encuentra bajo la ley marcial. El toque de queda ha sido considerablemente reducido, y solo está en vigor desde medianoche hasta las cinco de la madrugada.

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No existe resistencia contra el golpe del general Evren

Viene de primera página

Las calles de Estambul ofrecían su abigarrado aspecto habitual ayer por la tarde, quizá con una leve disminución del tráfico rodado. Controles militares, no especialmente rígidos, podían verse en las principales avenidas, así como tanquetas militares y carros de combate estacionados en puntos clave de la ciudad. Patrullas de soldados, con la bayoneta calada, pululan por todas las esquinas, pero no mucho más que lo hacían, por ejemplo, hace cinco meses sin golpe de Estado por medio. Los carros de combate fueron retirándose de la capital, Ankara, a primeras horas de la tarde de ayer.

El aeropuerto de Yesilkoy ha sido abierto a los vuelos internacionales y, poco a poco, se reanudan también los nacionales. La radio emite música ligera y abundantes boletines de noticias. Ayer no salieron los diarios en inglés, pero no existe, aparentemente, ningún tipo de restricción a la entrada de Prensa extranjera o de periodistas de otros países, que han llegado a centenares en las últimas horas.

El fin de semana supone un atolladero para los nuevos dirigentes del país, que anunciarán el lunes nuevas medidas. El Consejo Nacional de Seguridad, formado pos los jefes de los tres ejércitos y la policía, y presidido por el jefe del Alto Estado Mayor, general Kenan Evren, está en pleno control del poder y no hay noticias de que exista la más mínima resistencia. Evren, de 62 años, está considerado políticamente como un moderado y ayer fue calificado, por vez primera, como «jefe del Estado».

El golpe de Estado militar, tercero que se produce en Turquía en los últimos veinte años, no sorprendió a nadie y si las protestas han sido más bien escasas a nivel internacional, dentro del país han sido prácticamente inexistentes. El general Evren había dado un primer ultimátum en diciembre del año pasado, cuando instó a los partidos políticos a unirse para hacer frente al terrorismo y a la grave crisis económica. Después hubo una nueva advertencia en mayo y más recientemente en agosto, cuando el máximo jefe de las fuerzas armadas se quejó públicamente de la ineficacia e impotencia del poder civil.

La alternancia en el Gobierno del conservador. Demirel y el socialdemócrata Ecevit durante más de una década, y el complejo juego político del parlamentarismo turco, incapaz, por ejemplo, de elegir un nuevo presidente de la República desde el cese de Koruturk, en el pasado mes de abril, no pudieron hacer frente a la espiral de violencia desatada por el terrorismo de derecha y de izquierda, que ha costado unos 2.500 muertos al país en lo que va de año. Con la inflación rondando el ciento por ciento, el desempleo cercano al 30% de la fuerza de trabajo, una deuda externa del orden de los 25.000 millones de dólares y un déficit en la balanza de pagos de 4.000 millones, no es de extrañar que pocos turcos añoren el régimen político al que han puesto fin los militares, en nombre de los principios fundamentales del Estado, creado por Ataturk en 1923.

Dudas sobre la vuelta al poder civil

Sin embargo, está por ver ahora si las fuerzas armadas turcas, dueñas del poder absoluto y sin ningún órgano popular de control, pueden poner fin, en un plazo razonable de tiempo, al terrorismo, la inflación y el desempleo. Y, por supuesto, si una vez hecho esto o en vías de hacerse, devuelven el poder a los civiles. La Prensa occidental, que ha sido escasamente crítica en general con el golpe, recordaba ayer que los militares turcos devolvieron el poder a los civiles muy rápidamente tras sus intervenciones en 1960 y 1971, esta última derrocando por primera vez a Suleiman Demirel, que pasa así a tener un extraño récord. Los militares turcos, aseguran los observadores occidentales, no tienen nada que ver con los coroneles griegos, y se retirarán pronto a sus cuarteles.

Eso, efectivamente, ha prometido hacer el general Evren, una vez esté modificada la ley Electoral y se haya redactado una nueva Constitución, ya que la de 1961 fue borrada de un plumazo el viernes por el Consejo Nacional de Seguridad. Es todavía pronto para apreciar en qué dirección se moverán realmente los nuevos dirigentes del país, así como para comprobar la veracidad de su centrismo político y su oposición a ambos extremismos. La que se anuncia como una dura represión se ha iniciado ya, y pronto se podrá ver quiénes son los más perseguidos.

El hecho de que el ultraderechista Alpaslan Turkes, presidente del Movimiento de Acción Nacional y jefe de las milicias fascistas Lobos Grises, no fuera detenido en la madrugada del viernes, al contrario que los demás dirigentes políticos, ha hecho pensar que fue avisado por alguno de los golpistas, que podría tener simpatías ultraderechistas. No hay pruebas, sin embargo, de esto ni se conoce por ahora el paradero de Turker, que, según parece, podría haber huido a Alemania, donde sus milicias tienen cierta implantación entre los emigrantes turcos. El general Evren dictó ayer un ultimátum para que hoy, antes de las trece horas, se presente a las autoridades militares.

La enorme importancia estratégica de Turquía, el único aliado de Washington que tiene frontera directa (unos setecientos kilómetros) con la Unión Soviética, y la llave del acceso al Mediterráneo desde el mar Negro por el Bósforo y Dardanelos, contribuirá a que se haga la vista gorda en muchas cancillerías occidentales. Tras los sucesos de Irán y Afganistán, esa importancia estratégica es aún mayor y suficiente para que se pueda decir en los países miembros de la OTAN que Turquía es «el único país del mundo donde un golpe de Estado militar no es automáticamente malo para la democracia».

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 14 de septiembre de 1980

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