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EEUU presionó a Filipinas para que no recibiese a Pinochet

Manila, Santiago

La Asociación de Países del Sureste Asiático (ASEAN), con el respaldo de Estados Unidos, presionó al presidente filipino, Fernando Marcos, para que anulase la visita de cuatro días de duración a Filipinas, que tenía prevista el presidente chileno, Augusto Pinochet, declararon ayer en Manila fuentes diplomáticas fidedignas.

Indonesia, Tailandia, Malasia y Singapur hicieron observar al Gobierno de Filipinas que una visita del presidente Pinochet a un país de la ASEAN podría estropear las buenas relaciones existentes entre la asociación y varios países latinoamericanos. Estas presiones asiáticas a Marcos para que anulase la visita fueron respaldadas por Estados Unidos.Los cuatro países que junto con Filipinas integran la ASEAN rechazaron varias propuestas de visita oficial del presidente Augusto Pinochet. De vuelta a Santiago, el presidente Pinochet declaró que la anulación de su visita era una «injuria» dirigida no ya contra su persona, sino contra todo Chile. Este país podría romper relaciones con Filipinas. Manila, que todavía no ha comentado su decisión, señaló que el jefe del Estado, Ferdinando Marcos, se encontraba «fuera de la capital atendiendo asuntos urgentes». El presidente chileno explicó también en unas declaraciones difundidas por los medios de comunicación de Chile que el fracaso de su gira había sido causado por las presiones ejercidas por las superpotencias, y pone de relieve que «el comunismo dominaba también la región del Pacífico».

El general Pinochet declaró, por otra parte, que se había opuesto a algunas de las exigencias de las autoridades filipinas, como, por ejemplo, vestir de paisano durante su estancia y haberse negado a aceptar que algunos de sus discursos fuesen censurados. El embajador de Chile en Filipinas ha sido llamado a consultas con carácter urgente por su Gobierno.

El domingo, altos funcionarios chilenos pidieron a la población que respalde con manifestaciones masivas de calle al presidente Pinochet, para «lavar el desagravio » del que había sido víctima.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 25 de marzo de 1980