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Coordinado por Juan Carlos Galindo

21 novelas negras para frío, el puente y la Navidad, analizadas y comentadas para elegir bien

El género es el aliado perfecto para una buena tarde de lectura. Aquí viene una selección para todos los gustos: ‘thrillers’, novelas duras o rurales, clásicos recuperados y alguna sorpresa

Alexander Raths (Getty Images/iStockphoto)

Cada vez llega más tarde el frío, pero al final tenemos la excusa perfecta para quedarnos en casa y leer. Protegidos del mal exterior, las novelas negras nos ofrecen ese marco reparador (no siempre, afortunadamente) e historias que enganchan. Hoy traemos una selección muy variada por estilos, procedencia de los autores y subgéneros en los que se incluyen. También hay, como hemos hecho últimamente, cómics y un audiolibro. Y, como es tradición por aquí, sé que hay mucho más, pero lo que incluyo a continuación está todo leído y creo que merece la pena haberse dejado las pestañas. Echarán en falta cosas, pero en algún momento tenía que poner el límite, parar de leer y escribir. Pasen y lean.

A sus pies, maestras

Esas mujeres, Ivy Pochoda (Siruela, traducción de Pablo González-Nuevo). Dorian, Julianna, Feelia… si entran en esta novela tan dura como maravillosa no saldrán indemnes, pero estas mujeres les acompañarán para siempre. Qué pocas veces se encuentra uno con personajes tan bien creados, con una voz tan marcada sin artificios, tan complejos en su aparente sencillez, en su lucha constante contra el mal cotidiano, el que ha atravesado sus vidas. Varios retratos de la existencia de cada una de estas mujeres, atravesada inevitablemente por la violencia que los hombres ejercen contra ellas o sus seres queridos, se cruzan para presentarnos un collage magnífico en una Los Ángeles hostil, enorme, oscura. La estructura está tan bien armada que, sin importar el momento en que uno descubra la clave de la trama, el lector se sobrecoge cuando entiende la raíz del crimen, de los crímenes. Porque sí, en efecto, esta es una novela criminal y otro montón de cosas más. Brutal.

Joyce Carol Oates, en una feria del libro en Los Ángeles, en 2018.
Joyce Carol Oates, en una feria del libro en Los Ángeles, en 2018.David Livingston (Getty Images)

Babysitter, Joyce Carol Oates (Alfaguara, traducción de Núria Molines). Cada incursión de esta autora en el género es un regalo para el lector exigente. En este caso nos lleva a Detroit en los años setenta, a una familia rica de un barrio rico instalado en la paranoia por culpa de un secuestrador de niños. El lector observa el efecto de estos crímenes en la comunidad a través de la visión de Hannah Jarrett, madre de familia en crisis, y su escarceo sexual por el lado oscuro, una aventura que la saca de la monotonía pero acarrea consecuencias imprevisibles. Un thriller psicológico cargado de manera sutil de grandes temas, de violencia, de racismo, de misoginia. El giro final me descoloca por completo. La sensación al terminar de leerlo era incómoda, como solo te dejan algunas obras que no pasan desapercibidas.

Les dejo esta entrevista realizada por Berna González Harbour, por si quieren ampliar.

Dos ‘cracks’ del policial

Las horas oscuras, Michael Connelly (AdN, traducción de Javier Guerrero). “¡Qué bueno es!”, me he repetido varias veces mientras entraba de lleno en una nueva trama descrita por el rey de la novela policial estadounidense. Un procedimental impecable, lleno de calidad, desplegado de la manera sutil que solo pueden usar los elegidos. La detective de noche Renée Ballard, personaje al que dimos la bienvenida en Sesión nocturna, se encuentra en esta ocasión entre dos casos en medio de una sociedad todavía golpeada por el covid: uno de violaciones cometidas por dos agresores en serie a la vez; y el de un asesinato de un antiguo pandillero que se cruza con un caso antiguo de… sí, lo han adivinado: Harry Bosch. El gran policía está ya mayor, retirado, enfermo, condenado a revisar una y otra vez casos antiguos en su mítica casa de la calle Woodrow Wilson, distraído solo por esas incomparables vistas de la ciudad. Porque esa es otra de las virtudes de Connelly, un autor que ha abierto su universo a otros personajes (Ballard, Mike Haller) y los ha mezclado con su gran policía para crear el relato de Los Ángeles del siglo XXI. Ballard tiene fuerza como personaje propio, aunque distinguimos en su quehacer rasgos morales de Bosch, pero es en ese universo policial donde encuentra su verdadera dimensión. Ella y nosotros, como lectores amantes del género.

Si hay una adaptación televisiva que hace justicia a una serie de novelas, esa es Bosch, en la que Connelly está muy implicado. Les dejo aquí más para quien tenga curiosidad

La llama de Focea, Lorenzo Silva (Destino). “El género negro tiene en las series de novelas protagonizadas por un mismo policía o detective un arma de doble filo: atraen al público y fidelizan, pero también es complicado sostenerlas en el tiempo, no repetirse, llegar con fuerza siquiera a mitad de camino. Casi 25 años y 12 novelas después de la publicación de El lejano país de los estantes, Lorenzo Silva ha conseguido mantener el vigor de las aventuras protagonizadas por el subteniente de la Guardia Civil Rubén Bevilacqua, Vila, con la inestimable ayuda de la sargento Virginia Chamorro”. Así empezaba mi crítica de esta novela para Babelia. Hablo de la serie, de sus méritos y su capacidad para mantenerse a lo largo de los años. No sé si se puede decir mucho más sobre alguien esencial para entender el género en español contemporáneo, así que se la dejo aquí.

Michael Connelly, en el festival Quais du Polar en Lyon, en la edición de 2019.
Michael Connelly, en el festival Quais du Polar en Lyon, en la edición de 2019.JEFF PACHOUD (AFP via Getty Images)

Clásicos felizmente revitalizados

Huntington Beach, Kem Nunn (Libros del Asteroide, traducción de Inés Marcos). Los editores lo tuvieron fácil a la hora de preparar el dosier de prensa de este clásico contemporáneo de la novela negra menos arquetípica, publicada en 1984 y rescatada ahora con acierto por Libros del Asteroide: los elogios del más alto nivel se multiplican a lo largo de los años, algo que normalmente me echa para atrás pero que en esta ocasión es justo. Ike Tucker, un joven ingenuo de un pueblo olvidado de la América profunda, llega hasta Huntington Beach, en California, para buscar a su hermana y a quienes la vieron por última vez antes de que desapareciera. A través de su mirada vemos otra perspectiva del mito surfero y nos adentramos en un mundo de sueños, drogas, surf y personajes turbios.

Belascoarán Shayne, Detective, Paco Ignacio Taibo II (Reino de Cordelia). He aquí un feliz acontecimiento: la unión en un solo volumen de las cuatro primeras novelas de Héctor Belascoarán Shayne, personaje esencial para entender el género en español. Detective independiente (que no privado, como él mismo subraya) que consiguió el título por correspondencia y solo empezó a disparar bien cuando perdió un ojo, Belascoarán debuta en 1976 con Días de combate. A mí, la que más me gusta de las cuatro, en la que mejor está representado este universo lleno de ironía, humor y buenas dosis de acción política es No habrá final feliz. La chica de la cola de caballo es ya un mito para algunos, pero yo me quedo con el plomero, uno de sus estrafalarios compañeros de despacho. Y las tramas, elaboradas con un gusto por lo clásico con un toque estrambótico, siempre funcionan. Al igual que ocurre con alguna otra recomendación más de esta lista, hay serie en Netflix. Es un buen complemento a las novelas y Luis Gerardo Méndez encarna muy bien al detective.

Maigret tiene miedo, Georges Simenon (Anagrama y Acantilado, traducción de Núria Petit). Las dos editoriales siguen adelante con el loable empeño de publicar un pequeño pero bien elegido porcentaje de la monstruosa obra del autor belga. En este caso, otra pequeña delicia en forma de investigación de Maigret, que viaja hasta una pequeña localidad para visitar a un amigo y se encuentra con una ola de crímenes que habrá de resolver. El planteamiento es tan sencillo como exitosa su realización. Nada falla en las novelas de Maigret, narraciones que caminan sin aparentes pretensiones, pero que muestran la enorme capacidad de Simenon para la disección de sus personajes y de la sociedad en la que los inserta. Siempre que se aleja de su mujer alsaciana y del 36 del Quai des Orfevres, me parece que me falta algo, pero tiendo a superarlo a medida que me adentro en el misterio.

Aquí les dejo un reportaje con datos y curiosidades, publicado precisamente cuando en el verano de 2021 Anagrama y Acantilado se lanzaron a esta aventura.

Los más duros (pasen, no se arrepentirán)

Descenso a la noche, Hervé Le Corre (Reservoir Books, traducción de José Antonio Soriano). La fuerza con la que el autor francés ahonda en lo negro de la vida no deja de sorprenderme en cada novela. Hablemos de una oscura trama policial en el Burdeos de los cincuenta (Después de la guerra) o en el fascinante París de la Comuna (Bajo las llamas), por citar dos de sus últimas obras traducidas, siempre encontraremos personajes oscuros, motivaciones complejas, violencia y desesperación. En esta ocasión nos plantea la historia de un policía, Pierre Vilar, que lo perdió todo el día que su hijo de 10 años desapareció. Poco dado a sentimentalismos, Le Corre ofrece a partir de este punto una historia policial que, mezclada con otra de aprendizaje de un joven con la que luego se cruzará, deja al lector satisfecho con una lectura de calidad y sobrecogido por la intensidad del viaje a lo oscuro. Dije en su día que era un clásico vivo del género. No estaba descubriendo nada.

Entrevista en Burdeos con el gran autor francés.

El caso Leon Sadorski, Romain Slocombe (Malpaso, traducción de Julia Escobar). Primera parte de las seis novelas en las que este artista multidisciplinar ha abordado una época especialmente oscura de Francia: el colaboracionismo con los nazis. Y qué mejor manera de hacerlo que con un policía mezquino, antisemita, corrupto y encantado de ayudar a perpetrar la barbarie del ejército invasor. Ese es Leon Sadorski, un inesperado antihéroe, un tipo incómodo que recorre cada una de estas densas 337 páginas escritas en un presente que, junto al gran número de detalles que recoge, le dan un tono de informe, de acta notarial que, sin embargo, funciona. Exige un esfuerzo que recompensa a quien lo acometa. Falla, por casi inexistente, la trama, aspecto que soluciona en la segunda. Malpaso publicará las tres primeras.

Aquí les dejo la entrevista que le hizo mi compañero Antonio Jiménez Barca, en la que explica, entre otras muchas cosas, la razón por la que eligió un protagonista tan desagradable.

Los matones del Ala, Daniel Woodrell, (Sajalín, traducción de Diego de los Santos). Segunda entrega de la trilogía de los pantanos protagonizada por ese boxeador mediocre metido a policía llamado René Shade. La novela repite los argumentos de éxito de la anterior: breve, directa, repleta de grandes diálogos y con una trama comprimida en el tiempo y medida al milímetro. Aquí no hay fuegos de artificio: unos exconvictos pretenden subvertir el orden creado por Auguste Beaurain en Frogtown y se dedican para ello a asaltar partidas de póker controladas por el mafioso. Shade tendrá que ir a por ellos y “ahorrar al contribuyente el coste de un juicio”, en palabras de su propio jefe policial. A partir de ahí, las relaciones entre ciudadanos que se mueven a ambos lados de la ley con asombrosa facilidad y los poderes oficiales y criminales se mezclan en un contexto casi irreal, en la América profunda, en un lugar en el que no podría un pie en mi vida, pero en el que espero pasar pronto otro rato cuando salga la tercera parte de la serie. Woodrell se ha alejado de algunos de los preceptos que le dieron fama y gloria con Winter’s Bone, pero sigue siendo un maestro.

Los días de mercurio, Alexis Ravelo (Alrevés). El autor canario sigue su camino de exigencia en cada novela, de búsqueda de retos narrativos, que le ha convertido en uno de los más interesantes del género en España. En esta ocasión, Alrevés recupera una novela publicada en 2009 en Anroart Ediciones. Una historia breve, escrita en primera persona y ambientada en un pueblo anónimo de la España franquista. El protagonista, un camarero de pasado político turbio, trata de chantajear al jefe local de la Falange con su homosexualidad, una operación con la que pretende cambiar de vida y huir pero abocada desde el principio a la tragedia. Ha optado en esta ocasión Ravelo por una trama más al estilo de Jim Thompson o J.M. Cain, un drama en el que no hay ni un solo personaje blanco, en la que todo está manchado por la traición, la fatalidad y la miseria moral.

A divertirse

Todo arde, Juan Gómez-Jurado (Ediciones B). Una nueva pieza del edificio con el que el autor está construyendo el éxito más arrollador del thriller en español. Es, como explica él mismo, algo que viene del universo creado con Reina Roja y las novelas que siguieron, pero no hace falta haberlas leído para disfrutarlo. Una mujer que trama una venganza y otras dos que le van a ayudar. Un peculiar equipo de perdedoras que se han cansado de serlo. De este hilo tira Gómez-Jurado para elaborar una novela que no para ni un segundo, en la que siempre pasa algo. Hay un humor que no termina de funcionar (quizás me recuerda al del personaje de Gómez-Jurado como podcaster, donde sí cuadra), pero la voz del narrador lleva muy bien al lector. Mientras lo leía me recordaba al tono de Tokio en La casa de papel, a la que se parece en el pacto que hace con el receptor y en su idea de la ficción como espectáculo.

Los príncipes de Sambalpur, Abir Mukherjee (Salamandra, traducción de Jofre Homedes Beutnagel). Una deliciosa mezcla de la mejor novela de aventuras y el esquema detectivesco clásico de la literatura británica se unen en esta novela, la segunda de la serie protagonizada por el capitán Sam Wyndham y el sargento Banerjee (conocido también como Surrender-not) y ambientada en la India de hace un siglo. En este caso, viajan a Sambalpur para investigar la muerte de un príncipe heredero. Una trama sencilla con muchas cosas detrás. Entre ellas, un tono maravilloso construido en una primera persona llena de ironía y humor. ¿Lo mejor? La he terminado y me he lanzado a por la primera entrega. Grandes horas de entretenimiento.

Jacinto Antón entrevistó al autor cuando publicó la primera. Disfruten de la conversación.

Estudio en carmesí, Robert J. Harris (RBA, traducción de Ana Isabel Sánchez). Los apócrifos tienen sus peligros siempre. Si, además, estamos ante el personaje más venerado y copiado de la historia del género el riesgo se multiplica. Por eso se disfruta tanto cuando un autor acomete con respeto, calidad y éxito una apuesta de este estilo. Cuando se mete, vaya, en el mundo de Sherlock Holmes. En este caso, Harris lo sitúa en un Londres asediado por las bombas alemanas en 1942, una ciudad en la que empiezan a morir mujeres de la misma forma que las víctimas de Jack el Destripador en 1888. Dos mitos en uno con los que el autor construye una novela divertida y ágil, en la que la voz de Watson, de nuevo narrador, está bien lograda y en la que pequeños detalles del universo holmesiano se reparten por sus páginas para delicia de los fans. Quien no haya leído nunca las cuatro novelas o algunos de los 56 relatos del canon holmesiano están de suerte y pueden empezar por ahí. Los que ya lo hemos completado somos felices con regalos como este.

Guillermo Altares, holmesiano de pro, escribió, precisamente, sobre el afán por glosar la vida del bueno de Sherlock.

Hombres con protagonista femenina

La disciplina de Penélope, Gianrico Carofiglio (Duomo, traducción de Montse Triviño). Una novela de apariencia sencilla y estructura clásica con un personaje genial. Se llama Penélope y fue fiscal hasta que su vida profesional y personal se fueron por el sumidero. No sabemos muy bien qué pasó, pero las huellas se ven en el día a día de esta mujer que se gana la vida como investigadora privada con encargos de poca monta. Hasta que una mañana llega a su despacho en la parte de atrás de un café un hombre que quiere saber quién mató a su mujer. Así de sencillo, o eso parece. La prosa agradable de Carofiglio lleva al lector por la vida de Penélope y su empeño por resolver el caso. Todo funciona como solo puede ocurrir con una buena novela negra. El final nos invita a nuevos episodios de las aventuras de Penélope. Los esperamos.

Las madres, Carmen Mola (Alfaguara). En este caso y por no repetirme, me gustaría dejarles la crítica que hice para Babelia, en la que explicaba las claves por las que el trío de autores tras el pseudónimo sigue funcionando. La pueden leer aquí.

La huella del ‘boom’ nórdico

Los pecados de nuestros padres, Asa Larsson (Seix Barral, traducción de Pontus Sánchez). Una de las escritoras más populares del llamado boom nórdico cierra la serie protagonizada por la abogada Rebecka Martinsson con esta sexta entrega, esperada durante mucho tiempo por sus fans. Martinsson tendrá que investigar en esta ocasión un misterio en varias capas, del que es mejor no desvelar mucho, en una región dominada por la nieve y con su capital, Kiruna, presa de los intereses de una mina que alimenta y devora a quienes la rodean. Hay en esta novela muchos de los ingredientes que dieron la fama a Larsson desde Aurora boreal, en 2003. A saber: muchos personajes perfilados con muchos detalles, tramas que se cruzan con habilidad, paisaje y una estructura que abre y cierra bien. No hace falta haber leído las anteriores entregas. Hay oficio en estas casi 600 páginas que entretendrán a quien se deje.

Delitos de familia, Tover Alsterdal (Motus, traducción de Julieta Brizzi). Clásica novela negra nórdica perfecta para pasar una tarde entretenidos. Un hombre que tuvo que huir de adolescente de su casa tras cometer un crimen terrible vuelve a su pueblo, un idílico paraje al norte de Estocolmo, y encuentra algo que no vamos a desvelar para no estropear el arranque. A partir de ahí, clásica estrategia narrativa de muñeca rusa en la que de ese crimen sale otro y de ahí otro u otra ramificación. Lo investiga Eira Sjödin, buen personaje policial que también tiene sus propios problemas familiares en un mundo pequeño y rural en el que todos se conocen. Está bien llevado y bien resuelto.

Cómic y audiolibro

Old Boy, Garon Tsuchiya y Nobuaki Minegishi (Distrito Manga). La primera de las tres entregas en las que la editorial especializada ha organizado esta edición para coleccionistas lo tiene todo: un hombre preso en una cárcel privada durante 10 años es liberado sin razón aparente. Ahora, lo único que quiere es saber por qué le ha pasado todo eso y se lanza a una búsqueda por los bajos fondos y a un repaso de su vida anterior. En la soledad de su celda se ha convertido en un hombre peligroso y pronto se tendrá que ver las caras con poderes oscuros. Me vuelven loco las láminas de Garon Tsuchiya en las que retrata la ciudad por la que Gotô vaga. El cómic es ya un clásico que recibió un enorme impulso con la película de Park Chan-wood en 2003, pero yo prefiero la historia dibujada.

Los crímenes de la Academia, Louis Bayard (Roca Editorial, traducción de Enrique Alda). El brutal asesinato con tintes macabros de un cadete revienta la convivencia de la academia militar de West Point en 1830. Para investigarlo, un policía retirado y viudo, amante del proceso deductivo, y un distraído estudiante de la academia, poeta irredento, cultísimo joven de nombre Edgar Allan Poe. La narración bebe de toda la tradición clásica de gran novela, fluye a un ritmo sosegado y constante, tiene trazas de lo que imita con habilidad: una gran novela del siglo XIX. Lo más arriesgado de todo, la voz de Poe, funciona. Es la única novela de la serie que no he leído, sino escuchado en audiolibro narrado por Pablo Ibáñez en la plataforma Podimo. En audio funciona como una entretenida historia de misterio clásica, pero siempre me queda la duda de si ese efecto se traslada al papel. Netflix prepara una superproducción con Christian Bale y Robert Duvall que tiene una pinta extraordinaria.

Coda: un regalo

Maldita suerte, Lawrence Osborne (Gatopardo, traducción de Margarita Palmer). He pensado mucho si incluía o no esta recomendación, el último libro traducido de uno de mis autores contemporáneos preferidos, al que desde Gatopardo están cuidando con el esmero que merece. Osborne usa en muchas ocasiones elementos del género sin hacer novelas negras (Perversas criaturas o Los perdonados). Le pasa igual con la literatura de viajes o de aventuras (Cazadores en la noche). En este caso, Lord Doyle pasa días interminables jugando en los casinos de Macao. Pero no es lord y es probable que ni siquiera se apellide Doyle. Se trata de un perdedor nato, como tantos que pueblan las noches sin fin de la meca asiática del juego, que robó una buena cantidad a una rica heredera antes de huir para siempre del Reino Unido. En Macao sobrevive como puede, entre grandes picos de fortuna y precipicios de ruina y derrota, en un mundo sórdido, abrumado por el humo de los cigarros y cierta relación oscura con la suerte y el destino. Se percibe la presencia de las mafias que lo controlan todo, hay apuestas, desesperación y no menos de un par de crímenes. Y es un libro soberbio construido solo con la obsesión, y la voz, de un hombre que se esfuerza por destruirse. Los personajes secundarios que se cruzan con él (millonarios, prostitutas, jugadores adictos, directores de casinos) son pequeñas joyas narrativas construidas con tres pinceladas. Cuántas novelas plenamente instaladas en el género no llegan ni a la mitad.

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Juan Carlos Galindo

Es responsable de la sección de Pantallas y, además, escribe sobre libros en Cultura y Babelia y coordina el blog de novela negra Elemental. Lleva en EL PAÍS desde 2008 y antes estuvo en 20 minutos, entre otros medios. Es licenciado en Periodismo por la Universidad Complutense y Máster en Relaciones Internacionales.

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