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Coordinado por Juan Carlos Galindo

10 excelentes novelas negras para leer con frío y lluvia

Novela histórica con Hervé Le Corre, una aventura potente de una mujer única con Laura Lippman, ‘thrillers’ con suplantación de identidad y la recuperación de varios clásicos son algunas de las apuestas. Pasen y lean

Henk Ten Napel / EyeEm (Getty Images/EyeEm)

Llega el primer gran temporal del otoño-invierno y ofrecemos para contrarrestarlo un buen puñado de novelas negras de muy distinta condición. Una forma de quedarse en casa, refugiarse del frío, la lluvia y la nieve y alegrarse por ello con lecturas que harán que merezca la pena. Como siempre, habrá muchas más, pero estas son las que puedo recomendar honestamente tras devorarlas y analizarlas. Novela histórica, una historia potente de una mujer única, thrillers con suplantación de identidad (ahora que está tan en boga) y la recuperación de varios clásicos son algunas de las apuestas. Pasen y lean.

Mujeres irredentas: muerte al tópico

Piel quemada, Laura Lippman (Salamandra Black, traducción de Jofre Homedes Beutnagel). Nos trae la buena selección de la colección negra de Salamandra a una mujer que no sabemos por qué no estaba antes en nuestras oraciones (y en la de los editores). Lippman es una autora multipremiada pero, sobre todo, es una escritora capaz de crear una novela que se lee de una sentada sin grandes giros ni dosis de acción. ¿Cómo se hace eso? Escribiendo muy bien y con una impecable dosificación de la información que el lector tiene de cada personaje en cada momento y de la que los personajes tienen unos de otros. Y, de nuevo, ¿cómo se hace eso? Tratándolos con respeto, cuidando cada una de sus capas antes ir quitándolas. El argumento: Polly deja a su marido y a su hija durante unas vacaciones en la playa para reiniciar su vida en un pueblo perdido. Este es el punto de partida de un libro que sin pretender mucho lo tiene todo. Pero ¿novela negra? Claro. Polly no desencadena nada con su huida porque todo había empezado antes, algo que el lector no tarda en percibir: estafas, detectives, incendios provocados, un dinero, quizás, escondido por ahí, muertes sospechosas, engaños y malos tratos. No les cuento más. Sigan a Polly en su búsqueda de algo verdadero, crean en ella. El final da en cierto modo una respuesta a todo. Pero mejor léanlo.

Laura Lippman, en Milán en 2007.
Laura Lippman, en Milán en 2007.CENDAMO LEONARDO (Getty Images)

¿Quién es Maud Dixon?, Alexandra Andrews (AdN, traducción de Pilar de la Peña). Si el libro de Lippman esquivaba casi todos los recursos clásicos del género, este utiliza muchos, algo que, lejos de lo que se pueda pensar en un inicio, juega a su favor. Lectura fácil, giros ingeniosos y una historia de suplantación de identidad literaria (muy apropiado) en esta novela que va jugando con el lector, cuidado con creerse que uno está en lo cierto, a cada paso. Una joven asistente en una editorial de Nueva York se encuentra con la oportunidad de su vida, la que le llevará donde cree que merece, es decir, al olimpo literario: será la asistente de la misteriosa y afamada Maud Dixon. A partir de ahí, ya saben, nada es lo que parece, pero les reto a dejar de pasar páginas. Un entretenimiento a lo grande que, además, es un divertido retrato del mundo editorial.

— Aquí van otras cinco buenas novelas negras escritas por mujeres.

Páradise, Fernanda Melchor (Literatura Random House). En este caso el protagonismo femenino viene por el lado de solo de la autora, una de las voces más potentes de la literatura en español de hoy. Con un oído fascinante, Melchor construye una prosa asfixiante y musical con la que narra los sinsabores vitales de Polo, un pobre chico que limpia en la urbanización de lujo que da nombre a la novela y que lo que desea es mandar todo a la mierda. Se cruza en su camino uno de esos niños pijos, que le ofrece una oportunidad o una condena, algo que lo saque de la miseria, el aburrimiento y el alcohol. ¿Es negra? Muchísimo. ¿Es novela negra? No para el gusto clásico, pero aquí hay desigualdad, narcos (aunque de lejos) y una narración que se conduce de manera inevitable hacia el desenlace violento. Una lección de estilo.

Un chute de novela histórica y criminal

Después de la guerra, Hervé Le Corre (Reservoir Books, traducción de Carlos Mayor). Hervé Le Corre es un maestro muchas veces imitado y pocas igualado. Cada uno de sus libros es una inmersión en historias de amor, odio y venganza y una muestra de lo bien que funcionan juntas la novela histórica y la criminal y lo difícil que es hacerlo en condiciones. En este caso repite la estructura de Bajo las llamas, pero traslada la acción desde la Comuna de París en el siglo XIX a una Francia marcada por la guerra de Argelia y el pasado colaboracionista. Aquí no hay enigma, solo unos hombres a la caza de otros. En medio, víctimas impotentes y otros que no dan su brazo a torcer ante la barbarie. A pesar de los cambios de escenario y tiempo, todo encaja con naturalidad, pero el mayor acierto es el personaje central en una novela llena de sólidas figuras. El comisario Darlac es listo, ruín, amoral, brutal y despreciable. Y, sin embargo, el lector lo sigue a un nuevo paisaje del fin del mundo, gran especialidad de Le Corre.

— Pueden leer este reportaje de mi compañero Antonio Jiménez Barca en Burdeos con el autor.

1794, Niklas Natt och Dag (Salamandra, traducción de Pontus Sánchez). Era complicado seguir en alto tras el gran final de 1793, la primera parte de esta trilogía ambientada en un convulso y fascinante Estocolmo. Pero Niklas Natt och Dag lo ha conseguido. Los riesgos narrativos que asume el autor y su facilidad para dar con el equilibrio perfecto entre historia y acción hacen de esta serie una lectura perfecta para el puro disfrute, aunque no exenta de calidad. En esta segunda parte, que se puede leer de forma independiente pero que se enriquece con la lectura de la anterior, nos encontramos a Emil Winge, hermano de Cecil, enorme personaje que recorría la primera entrega. Ambos están perseguidos por grandes males, son seres condenados. No se pierdan tampoco a Mickell Cardell, veterano de mil batallas, ni de todo el álbum de personajes femeninos. La novela de aventuras, presente sobre todo en un fascinante inicio en tierras coloniales suecas, completa el placer. Algunos contamos los días para que llegue ya 1795.

— Pueden leer un adelanto de la novela aquí.

— También una entrevista con el autor, todo un personaje.

El derecho de los lobos, Stefano De Bellis y Edgardo Fiorillo (Alfaguara, traducción de Carlos Gumpert). Entretenidísima trama llena de conspiraciones en la Roma del 80 a. C. El currículum que la editorial aporta de estos dos autores debutantes es asombroso y alejado de la literatura. ¿Cómo han acabado escribiendo? No lo sé, pero bienvenidos sean. Son más de 600 páginas y no se hace pesado, las tramas están bien planteadas, corren paralelas a buen ritmo hasta el momento de cruzarse. Lo mismo ocurre con los personajes: no quedarán en la retina del lector, pero están bien perfilados. Sobre todo un jovencísimo Cicerón convertido en investigador y Tito Anio Tuscalano, protagonistas a la par, uno en los salones y el otro en la calle. Roma, la fascinante Roma de la época, es transmitida al lector a través del ambiente, de la vida de quienes la pueblan, no de largas descripciones tan frecuentes en el género. Y se agradece. Es lo que termina de rematar este sólido entretenimiento para una tarde, o dos, de lluvia y frío.

Portada de 'Justicia' de Dürrenmatt en la nueva edición de Tusquets.
Portada de 'Justicia' de Dürrenmatt en la nueva edición de Tusquets.

Un par de clásicos recuperados

Justicia, Friedrich Dürrenmatt (Tusquets, traducción de Juan José del Solar). Tusquets sigue recuperando con regularidad las novelas de este clásico de las letras suizas. Sigo quedándome con La promesa, una obra cumbre del género, pero en todas encuentras un análisis fino de la sociedad, cierto sarcasmo y personajes que sacan los colores al lector bienpensante. En esta ocasión, un abogado en horas bajas acepta un caso imposible: demostrar que un famoso político que ha matado de un tiro a otro notable ciudadano en medio de un restaurante atestado de gente no es el asesino. Un punto de partida disparatado, encima el condenado no tiene motivo alguno para tal acto, sirve para el habitual despliegue de Dürrenmatt, del que podemos seguir disfrutando gracias al empeño de Tusquets y con la excusa de su centenario.

Un artículo un poco más a fondo con el genio suizo.

Un lugar desconocido, Seicho Matsumoto (Libros del Asteroide, traducción de Marina Bornas). Del autor de El expreso de Tokio, (también en Libros del Asteroide) llega esta maravillosa novela de hechuras clásicas y sembrada de las preocupaciones tradicionales de su autor: la mentira, los secretos, la vergüenza y la venganza. En este caso recurre a un detective improvisado, Tsuneo Asai, un hombre de negocios que no entiende cómo su mujer ha muerto en un barrio en el que se supone que nunca había pisado, un lugar lleno de hoteles de citas. Cuano leí Tokio Redux de David Peace, vi el fantasma de Matsumoto recorriendo sus páginas. No tienen nada que ver, o poco, lo sé, pero es lo que tienen los grandes.

— Aquí tienen más apuestas que merecen la pena de pequeñas editoriales.

Buenos policiales

Bajo una luz fría, Gary Disher (RBA, traducción de Sergio Lledó). Siguiendo la tónica de buenos policiales como Un policía del sur de John MacMahon o Colinas de California de Lee Goldber, la mano de Antonio Lozano en RBA nos trae en esta ocasión un clásico australiano ideal para los amantes del buen procedimental. Los aficionados del género sabrán de qué les hablo cuando evoco esa sensación que se tiene al tener entre tus manos un buen policial. Es algo que se ve enseguida, algo que ocurre siempre con nuestro amado Michael Connelly, por ejemplo, o con las novelas del distrito 87 de Ed McBain: el personaje engancha, los diálogos son inteligentes, los casos sólidos, te quieres quedar con estos policías, vivir un rato sus vidas azarosas, ayudarlos de lejos en sus pesquisas. Aquí tenemos al peculiar Alan Auhl, un policía retirado que vuelve a la unidad de casos abiertos. Sí, ya sé, está muy visto. ¿Y qué? Además de la investigación central, hay un caso de violencia de género que toca y trastoca la vida del agente y que consigue implicar al lector en esa trama subsidiaria. No se queden en estas líneas y descubran este clásico contemporáneo del policial.

Bologna Boogie, Justo Navarro (Anagrama). Y hablando de clásicos, uno que tiene aroma a hard boiled por los cuatro costados. Seguimos las desventuras del comisario Polo, ahora enviado de su querida Granada a una fascinante Bolonia en busca de Guillermo Sola, niño bien español que ha desaparecido sin dejar rastro. La excusa de la búsqueda destapa el tarro de las esencias: jazz, mujeres, personajes muy turbios y un protagonista que no tiene en su altura excesiva su única cualidad estrafalaria. Si aman el Bernie Gunther de Kerr, aquí tienen un plato de su gusto, un libro escrito con mimo y que no se contenta con tener una trama misteriosa bien amarrada. Ah, y no se pierdan a Carolina Munt, personaje que ya querrían para sí tantos fabricantes contemporáneos de mujeres fatales.

Sobre la firma

Juan Carlos Galindo

Es responsable de la sección de Pantallas y, además, escribe sobre libros en Cultura y Babelia y coordina el blog de novela negra Elemental. Lleva en EL PAÍS desde 2008 y antes estuvo en 20 minutos, entre otros medios. Es licenciado en Periodismo por la Universidad Complutense y Máster en Relaciones Internacionales.

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