Así colapsó Russian Red y renació como Lourdes Hernández: “No sabía qué estaba haciendo con mi vida”

La historia de ascenso y descalabro de una cantante clave del ‘indie’ español que ha vuelto para protagonizar su primera película

Lourdes Hernández, el pasado martes, en una calle del centro de Madrid.Foto: ÁLVARO GARCÍA

Lourdes Hernández se emocionará hasta llorar dos veces durante la larga conversación. Una al evocar su compleja adolescencia y otra cuando habla de la figura de su marido. “Él me salvó la vida. Los ángeles existen”, sentencia con los ojos acuosos. Él, Zach Leigh, músico y empresario estadounidense, ha acudido a la cita con ella y se ha marchado prudentemente a dar una vuelta con la perrita de la pareja por el centro de Madrid. Dentro de dos horas se reencontrarán. En este tiempo, la artista conocida popularmente como Russian Red contará el torbellino en el que se vio envuelta a comienzos del siglo XXI como referente musical en España, su misteriosa retirada en el fragor de un concierto y el retorno como protagonista de una película que se acaba de estrenar, Ramona.

Hernández (Madrid, 37 años) confiesa nada más llegar que se acaba de fumar un porro. “Me sienta bien de vez en cuando”, admite. Aun así, se muestra impulsiva, enérgica. Elige para la entrevista una cafetería frecuentada a esta primera hora de la tarde por mujeres mayores. “Me encanta este ambiente de señoras”, dice. Para entender la historia de Russian Red, su ascenso y su descalabro, hay que retroceder a ese periodo a la vez complicado, excitante y que va a determinar tantas cosas que es la adolescencia.

Los padres de Lourdes se divorciaron cuando ella tenía dos años. Su hermana, tres años mayor, y ella se quedaron a vivir con la madre. Desde entonces vieron poco a su padre, una vez cada dos semanas. “De adolescente tuve una sensación de claustrofobia importante y mucha ansiedad. La situación familiar me ponía muy triste. Las decisiones que tomaba mi madre no eran las mejores. Ella estaba a su bola, realmente. Si a esa edad no cuentas con la protección de tu madre, te tienes que proteger tú. Es una cosa muy loca salir de ahí, porque es muy posible que no sepas protegerte”, explica.

Russian Red actuando en el Matadero, Madrid, el 19 de junio de 2011, en el Día de la Música.
Russian Red actuando en el Matadero, Madrid, el 19 de junio de 2011, en el Día de la Música. Mariano Regidor (Redferns)

Cuando quedaba con las amigas detestaba la atmósfera: ellas querían bailar y Hernández solo anhelaba hablar de su agobiante situación familiar. Acababa llorando en el baño de los garitos. Mientras estaba en el piso madrileño de su madre, se encerraba en su habitación. Siempre aislada. “Entre esas cuatro paredes comencé a construir mi mundo y a componer las primeras canciones”. A los 17 años se fue de casa de su madre y vivió una temporada con su padre. Empezó Derecho, lo dejó, trabajó en hostelería y luego se preparó el examen de acceso a Traducción e Interpretación y comenzó a trabajar de traductora.

Se refugió en el nombre de Russian Red para dar a conocer sus canciones. Su primer disco, I Love Your Glasses, se editó en 2008 con una pequeña discográfica. El indie español vivía su segunda oleada. Vetusta Morla editó ese año su primer disco, Deluxe su mejor trabajo (Reconstrucción)… Sr. Chinarro, Nacho Vegas, Lori Meyers… Apenas existían voces femeninas.

Los suplementos culturales de los diarios, en buena forma, acogieron su delicada propuesta folk-pop en inglés con los brazos abiertos. Emisoras como Radio 3 la programaban y entrevistaban. Era un lujo para la cultura musical alternativa española tener a una artista tan cool. Las discográficas grandes, en busca de gente joven alejada de lo comercial, apostó por ficharla. Ganó Sony, que publicó su segundo álbum, Fuerteventura (2011). “Siempre me pregunté por qué funcionó lo que hacía. Ni tengo una voz prodigiosa ni hago las mejores canciones del mundo. Pero creo que tenía que ver con que me colocaba ahí desde un sitio muy íntimo y de verdad. Había cero performances. Esa autenticidad era provocada por una adolescencia complicada y por querer hacer algo con esa cosa que había dentro de mí durante tanto tiempo”.

Su exposición mediática comenzó a engordar. Y con el éxito, llegaron las voces críticas. Era la época de la explosión de los blogs firmados por escritores y periodistas y faltaban muchos años para la llegada del movimiento Me Too. Se convirtió en una diana recurrente. “No me siento cómoda victimizándome, pero sí fui discriminada por ser mujer. Yo colocaba mis cosas más íntimas ahí fuera, en mis canciones, y luego estaba muy expuesta a un montón de juicios que no favorecían que yo pudiera seguir trabajando. Ahora que lo veo con distancia, sí que sentí que el personaje fue un poco maltratado”.

Otra imagen de la actriz y cantante, esta semana en Madrid.
Otra imagen de la actriz y cantante, esta semana en Madrid.Álvaro García

En plena gira del disco Fuerteventura, estalla. Compartía la furgoneta con hombres (músicos, técnicos y manager de carretera) y llegó un momento en el que las dinámicas “eran inaceptables”. “Giraba con ocho maromazos y me hacían la vida imposible. Venía aguantando muchas niñatadas, y que conste que no tenían nada que ver con lo sexual. Ellos disfrutaban de una situación muy buena en gira, pero se estaban todo el día quejando. Un día les cacé hablando mal de mí. Y entonces dije: ‘No, a mí en gira me respetas. En tu casa haces lo que te dé la gana, pero en gira me respetas. No puedes ir rajando de mí. ¿Entiendes? Porque si rajas de mí te marchas”. Y así ocurrió. Les reunió y les dijo: “Estáis despedidos. Este será vuestro último concierto, así que disfrutad”. Recuerda que resultó el mejor recital de la gira.

Lo que quedaba de la carrera de Russian Red fue un descenso, no de popularidad, pero sí de motivación por su parte. Hubo un tercer disco, el más eléctrico y fiero, Agent Cooper, en 2014. Ya se había instalado en Los Ángeles. “Me marché de Madrid porque la relación con mi madre me hacía daño. Es una persona súper cariñosa, muy almodovariana. También difícil y contradictoria. No puedo decir que había falta de amor, lo que había era falta de solidez. Me marché porque quería escapar de mi propia identidad. Con irme a vivir a otro sitio he jugado el papel de otra persona. Eso me ha venido muy bien”, señala. Ese mismo año, 2014, cuando llevaba dos canciones en un concierto en Seattle, se derrumbó y comenzó a llorar. “Lo siento mucho, pero no soy capaz de cantar esta noche. Estoy demasiado emocionada. No sé lo que me pasa. Ahora les devolverán el dinero”.

Y se acabó. “Pasé una depresión cuando estaba en gira. No estaba contenta, no era feliz. Acababa los conciertos y estaba perdida. No sabía qué estaba haciendo con mi vida. Me había desconectado de mí misma y de la capacidad para hacer ese trabajo de manera honesta. Podía haber seguido haciéndolo de manera no honesta, pero posiblemente le habrían pasado cosas a mi cuerpo y habría perdido la cabeza”. Todavía no tenía 30 años, había editado tres discos y cargaba sobre sus hombros un ascenso centelleante. “Fue un trauma pasar de una dimensión privada a una pública. Y cuanto más íntimo sea tu trabajo más heavy es estar expuesta a tantos juicios”, reflexiona.

Recogiendo el pasado 22 de octubre en Roma el premio al mejor guion del Festival de Cine de Roma por 'Ramona', la película que acaba de estrenar y protagoniza.
Recogiendo el pasado 22 de octubre en Roma el premio al mejor guion del Festival de Cine de Roma por 'Ramona', la película que acaba de estrenar y protagoniza. Mondadori Portfolio (Mondadori Portfolio via Getty Im)

Lourdes ha vivido permanentemente en Los Ángeles desde hace 10 años, trabajando con su pareja en diferentes negocios (también editó un disco/capricho de versiones, Karaoke, en 2017). Pero hace unos meses se reconectó con su ciudad, Madrid. Una directora de cine debutante, Andrea Bagney (Madrid, 36 años), vio un vídeo en YouTube de la Russian Red de la época de Fuerteventura y pensó: “Esta es mi protagonista”. Le propuso interpretar Ramona, una película en blanco y negro, de corte indie, que transcurre en las calles de la capital que tanto conoce Lourdes Hernández. Un filme donde una chica se busca a sí misma, tanto laboral como sentimentalmente, un largo exigente con la protagonista permanentemente en el centro de la imagen y con el morbo de escuchar a Lourdes/Russian cantar, dentro de la trama, Como una ola, de Rocío Jurado.

Además de esta película, acaba de empezar a rodar una serie para Netflix y, en el aspecto musical, ya tiene compuestas algunas canciones en castellano a las que dará salida seguramente el año que viene. “Últimamente estoy inspirada, y si estoy inspirada, estoy sensible, y si estoy sensible, estoy blandita. Por eso estoy haciendo mucha terapia”, explica. Desde hace unos meses vive entre España y Los Ángeles. Asegura haberse reconciliado con sus padres. “Me he abierto mucho en los últimos años y he encontrado a mi familia fuera de mi familia. La clave es que he tenido a alguien que me quiere de verdad, y eso es rarísimo. Ojalá le pase a todo el mundo. ¡Hay esperanza! Encontrar a Zack es clave para ser yo”.

El otro día su madre la visitó cargada con un montón de recortes de prensa de la época de Russian Red. “Madre mía, qué llantera. Es que no los había visto en 10 años. Es casi como que no me hubiera pasado a mí. Lo miro con mucho cariño y distancia y flipo con que fuera capaz de hacerlo siendo tan joven y en un momento tan blando de mi vida”. Pero lo hizo…

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Sobre la firma

Carlos Marcos

Redactor de Cultura especializado en música. Empezó trabajando en Guía del Ocio de Madrid y El País de las Tentaciones. Redactor jefe de Rolling Stone y Revista 40, coordinó cinco años la web de la revista ICON. Es licenciado en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid y Máster de Periodismo de EL PAÍS. Vive en Madrid.

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