Yulimar Rojas: “Hay que vivir la vida con plenitud y sin tabúes”

La atleta y campeona olímpica encuentra en la música ese algo que se le mete en el cuerpo y le da alegría

La atleta y campeona olímpica Yulimar Rojas baila en la sala de musculación del Palacio Multiusos de Guadalajara.
La atleta y campeona olímpica Yulimar Rojas baila en la sala de musculación del Palacio Multiusos de Guadalajara.Claudio Alvarez

Yulimar Rojas es la diosa del estadio. No hay mejor mujer atleta en el mundo, quizás. No hay mujer en el mundo, ni en la historia, que con tres saltos de impulso haya llegado más lejos que Yulimar Rojas (Caracas, 26 años), campeona olímpica, seis veces campeona mundial, imbatible, y recordwoman, 15,74 metros. Las demás, una sombra lejana; y la vida, la música.

En los entrenamientos al aire libre su cajón a todo volumen atruena el estadio de Guadalajara; cuando va al gimnasio, de sus cascos sale sin parar salsa, reguetón, guaracha, cumbia. Óscar d’León y su Dimensión Latina, Justin Quiles, Chimbala, y ella agarra las mancuernas, las pesas y las maneja como maracas, y sus sentadillas son pasos de baile. Quien la visita en su Instagram espera y encuentra cada día a Yulimar bailando, cantando, y en los estadios la gente se pone en pie cuando salta y baila con ella cuando bate un récord, cuando celebra una victoria, cuando respira.

Pregunta. ¿Qué es la música?

Respuesta. Yo siempre he sido una mujer superalegre, superfeliz de la vida, de lo que hago, de lo que me apasiona. La música es una pasión y me acompaña en todo momento, ya sea para estar en casa, para relajarme, para sentirme tranquila, para calmarme, para concentrarme, para entrenar, para... para hacer cualquier cosa de mi día a día. Me hace sentir viva el solo hecho de sentir esa sensación de ritmo, de movimiento, eso que se mete en mi cuerpo y en mi ser y me da alegría.

P. Tan necesaria para usted como el oxígeno para vivir, parece…

R. Claro. He sido criada con la música. Mi madre, mi padre, mi familia, son personas muy alegres, y desde pequeña siempre ha habido ritmo, música, sabor en casa. También me gusta cantar... y no lo hago muy bien, ja ja ja, no lo hago muy bien, pero me da igual. Es parte de mí, parte de mi vivencia diaria. Y a veces piensas en la familia o en la gente que echas de menos y tienes lejos, pues todos siguen en Venezuela. Entonces ahí me pongo sentimental y me pongo a escuchar o a cantar boleros. Y también vallenatos porque es el género que identifica a mi familia.

P. Cuando llegó a España, una niña casi, hace siete años, usted era, sin embargo, una atleta tímida, hasta parecía que le daba miedo hacer ruido… Y ahora la goza siendo la diosa del estadio.

R. Era una etapa de mi vida en la que me escondía de la gente, me daba vergüenza que me vieran bailar o hacer algo que de verdad me identificara. No lo hacía por temor a las personas o al qué dirán o si lo voy a hacer bien o si se van a burlar de mí y todas esas cosas. Eso me creó como una especie de trauma al principio…

P. Y lo superó…

R. Lo hice con la música, con la pasión en lo que hago, en lo que me hacía sentir bien, con el deporte, con la combinación de las dos cosas. Eso me inspiró, me ayudó a fortalecerme, me generó más confianza. Me generó más creencia en lo que yo soy y en lo que me hace sentir y, sobre todo, me ha hecho ser quien soy. Yo siempre he tratado de reflejar mi esencia, mi vida y lo natural que soy. No me gusta aparentar algo que no sea y siempre trato de ser yo y de no perder esa luz que me acompaña y ese brillo. Ha sido un baluarte grande para mí todo el tema de la música.

Yulimar Rojas bailando en la sala de musculación.
Yulimar Rojas bailando en la sala de musculación.Claudio Alvarez

P. Y ahora es imposible separar su imagen de la de una persona feliz bailando…

R. Nunca debemos dejar de ser lo que somos por hacer felices a los demás. Siempre tenemos que pensar en nosotros, en lo que nos hace felices y lo que nos llena, en lo que nos identifica como personas. Y, sobre todo, siempre debemos valorar a los demás tal y como son. Todos estamos en esta vida para cumplir nuestros sueños. Para ser felices. Para vivir la vida con plenitud y sin tabúes. Sin pensar en las personas que quieran señalar a otros. Eso no nos debe hacer temer. No nos debe encerrar en una burbuja. Tenemos que ser libres de mostrar lo que tenemos por dentro, lo que llevamos en el corazón.

P. Y hasta se transformó en una especie de profeta de la autoafirmación…

R. Yo pienso así y me gusta reflejarlo en los demás, me gusta que me vean como soy y que más allá de la deportista, de los títulos, de las medallas, de las marcas, que vean mi esencia. Una mujer alegre, llena de vida, poderosa y, sobre todo, humilde.

P: ¿Su pareja también vive la pasión de la música?

R. Claro, claro. Sobre todo cuando estamos en casa, cuando estamos viendo cosas en redes sociales. Y ella me dice, ay, amor, mira tal música. A ella no le gusta mucho el vallenato, es más de perreo intenso, de reguetón y esas cosas. Entonces yo siempre ando cantando vallenato y ella dice, ay, todo el tiempo, todo el tiempo, vallenato, pero ha sabido sobrellevarlo y ya se sabe alguno.

P. ¿Comparte esta visión liberadora de la música, esta pasión?

R. Es algo que nos une, que nos identifica como pareja. Ella aprendió a sobrellevar las músicas que a no le gustan pero a mí sí me gustan. Y yo las de ella, porque hay músicas que en realidad no las soporto, pero tengo que soportarlas. Pero ha sido una buena combinación, porque es algo que nos une a las dos como personas y mejora la relación. Eso para nosotras es felicidad, nos conecta como personas, como pareja.

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Carlos Arribas

Periodista de EL PAÍS desde 1990. Cubre regularmente los Juegos Olímpicos, las principales competiciones de ciclismo y atletismo y las noticias de dopaje.

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