Yulimar Rojas: “Tengo un don y quiero que me lleve a lo más grande de la historia”

La venezolana, subcampeona de Río y plusmarquista mundial de triple en pista cubierta, afronta la final de Tokio sin obsesionarse con batir el récord del mundo que todos le reclaman

Yulimar Rojas, este viernes en Tokio.
Yulimar Rojas, este viernes en Tokio.DYLAN MARTINEZ (Reuters)

El primer día del Estadio Olímpico de Tokio, al mediodía, corren las rocket women, las centellas de los 100 metros, energía atómica en la pista, y siete horas más tarde, cuando el sol ya se va para China, salta una de las estrellas, Yulimar Rojas, fuerza, bote, técnica, la diosa. Medallista de plata en Río 2016, a los 21 años, tras la otra gran caribeña del triple, la colombiana Caterine Ibargüen, Rojas, que se entrena en Guadalajara (España) no ha dejado de crecer y de ganar volando, hop, step, jump… Mundiales indoor y al aire libre, récord mundial en pista cubierta, 15,43m, saltos siempre por encima de 15 metros, la distancia del respeto, sin esfuerzo aparente… “Está al borde del récord mundial (15,50m)”, dice el estadístico oficial de la federación internacional. “Tranquilos”, dice ella en una entrevista hecha en Guadalajara un día de junio de lluvia fea, fría, unas semanas antes de que volara a Tokio. “El récord es parte del proceso. Cuando tenga que llegar, llegará”. Rojas, y también su compañera de entrenamiento, la gallega Ana Peleteiro, se clasificaron para final del domingo (13.15h) con los dos mejores saltos de las 34 concurrentes, 14,77m para la venezolana (que batió a 40 centímetros de la plastilina) y 14,62m para la española, la mejor marca de su vida al aire libre, a 11 centímetros de su récord nacional en pista cubierta.

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Pregunta. ¿A su alrededor, todo el mundo dice que será la primera mujer que salte 16 metros, y usted dice que ni siquiera piensa en los 15,50m del récord de Kravets…?

Respuesta. Estoy en gran forma física, pero el récord es parte del proceso, parte de lo que queremos. No es algo que me obsesiones, que tiene que salir, que tiene que salir, sino algo que llegará con el pasar del tiempo. Poco a poco nos sentiremos mejor, y aprovechando el estado físico, esperando el momento y el tiempo perfecto para que todo se dé…

P. Queda nada para Tokio y usted está relajada, sonriente, como si nada…

R. Si algo se ha visto este año es la consistencia grande de mis saltos, mi madurez fuerte en la pista, resultado del trabajo diario, de la disciplina, del esfuerzo... Cada temporada que termino viajo unos meses a Venezuela y regreso para empezar siempre desde cero. El atleta siempre tiene que sacar, que descubrir, lo mejor de una misma. He sacado la mejor versión de mí misma.

P. A todos los atletas les ha influido, para bien o para mal, el año de la pandemia. ¿Usted cómo lo vivió? ¿Más introvertida?

R. Esto de la pandemia te hace valorar más lo que haces, disfrutar del proceso, de lo que amas, de lo que te llena. Me hizo sacar el Yulimar Rojas de mi interior y darlo a conocer. Se me ve cambiada, más madura, más profesional, pero siempre disfrutando, haciendo disfrutar, que se me vea alegre, sonriente, sencilla, y con el carisma que se me ha visto desde que estoy aquí.

P. Imagine que gana el oro, lo que no parece imposible. ¿Cómo vivirá el día siguiente? ¿Temerá que le cambie la vida que lleva, que le parece hacer tan feliz?

R. Cuando gané la plata en Río, me cambió la vida para bien, siempre para bien... Siempre hay personas que influyen en ver las cosas que haces y dirigirlas a lo malo. Yo siempre soy una chica muy positiva en este aspecto de estos logros. Los Juegos Olímpicos son una cita para demostrar que se pueden lograr los grandes sueños y que eso se vea reflejado en los niños, en las personas que me siguen, y que me ven como un icono en el mundo.

P. ¿Cuánto de su personalidad se ve en el grupo de entrenamiento afrocubano, con Iván Pedroso, Teddy Tamgho…?

R. Si supiera que cuando yo conocí a Iván fue por Teddy, porque Teddy quedó campeón del mundo en Moscú 2013 y fue la primera imagen que tuve del triple... Guau, campeón del mundo, qué es ser campeón del mundo, la euforia, los aplausos del estadio lleno, y ver a Iván como entrenador. Sabía que Iván había sido atleta, todos sus logros, pero no sabía que era entrenador. Entonces el mirarlo allí en la tele, disfrutar, festejar de esa forma, me atrapó. Desde ese momento siempre quise estar en sintonía con Iván, y dos años después le escribí por Facebook, pidiéndole que me entrenara. Y en el momento en el que llegué aquí a España siempre tuve esa imagen en mi mente, hasta que como cosa de destino pudimos encontrarnos y yo pertenecer a todo este selecto grupo que tiene Iván. Y, nada, tratar de ir dejando huellas, como lo hizo Teddy, y nunca bajar la guardia. El grupo en el que estoy es muy competitivo, muy unido, muy compacto. Todos son fuertes, tienen sus metas, son candidatos a estar siempre en lo más alto. Y siempre disfrutando de esta bendición que me ha dado la vida de tener a Iván como padre, a Teddy como un reflejo de lo que puedo lograr, y grandes atletas que me rodean y me exigen sacar siempre sacar lo mejor de mí.

P. Usted posee un gran talento natural, 1,92 metros de altura, pasos en carrera de 2,60 metros, piernas únicas, tobillos veloces, y, además, es capaz de expresarlo. No todos los superdotados son capaces de ser los mejores…

R. Eso. Yo considero que Dios me dio un don. Tengo un don de la naturaleza y soy afortunada de poder trabajarlo, de pulirlo, de expresarlo, de demostrarlo. No es solamente el tenerlo, es el trabajarlo, hacer que brille, que se vea. Estoy contentísima porque se está viendo reflejado. No es tenerlo, es usarlo y tratar de con esas piernas llegar a lo más grande de la historia. Es parte del proceso, de tratar de ser siempre mejor y disfrutando...

P. Dicen los mejores técnicos que si corriera los 200m sería imbatible también…

R. Ay, si supiera que correr no se me da mal... Pero no soy fanática de las carreras. Si supiera que cuando Iván me dice, tenemos carrera larga, esto, lo otro, un entrenamiento que se basa en las carreras, ay, no, sufro mucho, es algo que no me gusta para nada, pero tenemos que pasar por eso. Cada vez que tengo que correr una cierta distancia, de 150 para arriba, me entran sudores, y le digo, Iván... Hay veces que estoy en casa y sé lo que toca, y le digo, no Iván, no puedo ir hoy porque tengo malestar estomacal y me siento mal... Y él ya sabe, y entonces trata de no decirme antes lo que me toca para cuando llegue decirme lo que hay... y yo, dónde estoy metida ahora... Pero, soy una atleta que le gusta lo que hace, me gusta lo que hago, y si es parte del trabajo diario lo voy a disfrutar a pesar de que me vayan a destrozar las carreras.

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Carlos Arribas

Periodista de EL PAÍS desde 1990. Cubre regularmente los Juegos Olímpicos, las principales competiciones de ciclismo y atletismo y las noticias de dopaje.

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