Gisèle Sapiro: “Estamos en una guerra cultural”

La socióloga francesa analiza los límites a la libertad de expresión entre crecientes protestas por los abusos cometidos

La sociologa francesa Gisèle Sapiro posa en el hotel Posada del Dragón, en Madrid.
La sociologa francesa Gisèle Sapiro posa en el hotel Posada del Dragón, en Madrid.Víctor Sainz

El debate sobre si Peter Handke merecía el Nobel tratándose de alguien cercano a Milosevic o Roman Polanski los premios Cesar cuando aún no ha respondido ante la justicia por violación parpadea intermitentemente al calor de la cultura de cancelación con debates crecientes. La socióloga francesa Gisèle Sapiro (1965) ha puesto contexto y datos al asunto en ¿Se puede separar la obra del autor? (Clave Intelectual), donde recuerda capítulos anteriores de gran fuerza como el de Céline, enorme autor con panfletos antisemitas que en general desaparecieron de las ediciones tras el nazismo. En Francia, Bertrand Cantat ha vuelto a cantar tras cumplir cárcel por el asesinato de su novia Marie Trintignant por una brutal paliza. En ocasiones, el delito está en los actos (Polanski, Cantat); en ocasiones, puede estar en las palabras (Céline, Houellebecq); y, a veces, en las dos (el autoproclamado pederasta Matzneff).

Pregunta. ¿Estamos en una guerra cultural?

Respuesta. Sí, sí, podemos hablar de guerra cultural porque hay una radicalización de posiciones. Hay reivindicaciones legítimas por parte de grupos antirracistas y feministas y una reacción muy violenta por parte de los grupos dominantes de la derecha, y no solo la derecha. En EEUU estos grupos han ganado en parte la batalla, en Europa no es el caso.

P. ¿El autor es responsable de su obra?

R. Sí, y debe responder por ella ante un tribunal. Los autores modernos han construido una ética de responsabilidad separada de su responsabilidad penal, pero el derecho a describir los males de la sociedad no puede ejercerse en detrimento de otros.

P. ¿Es lícito premiar a Polanski?

R. El jurado podría haber evitado recompensarle en una coyuntura en que se ha visto el abuso de mujeres muy jóvenes en la industria del cine. En profesiones organizadas como abogados o médicos existen sanciones a ese tipo de abuso.

P. ¿Juzgar una obra en un tribunal es admisible?

R. Las obras siempre han sido juzgadas cuando han traspasado los límites a la libertad de expresión, y los autores siempre han luchado por ampliar sus derechos. Flaubert fue procesado por representar el adulterio en Madame Bovary y el tribunal reprochó su realismo sin condenarlo. Se puede representar a un criminal nazi sin adherirse a su personaje. El juicio a Houellebecq por incitación al odio contra el Islam no fue por su novela Plataforma, sino por sus comentarios en prensa.

P. ¿Y cómo valora el juicio popular?

R. El juicio popular suele surgir en las grietas del sistema judicial o de la deontología de quienes están en posición de autoridad. Sin esa movilización, ni siquiera se hablaría de eso.

P. ¿La celebración de conciertos de Cantat, por ejemplo, no es una forma de aceptación de la violencia contra la mujer?

R. No iré tan lejos como para decir eso. Algunos lo ven así, pero otros ven que cumplió su condena y por lo tanto tiene derecho a reintegrarse en la vida social. Las feministas que protestan contra sus conciertos argumentan que su posición le da una dimensión ejemplar y por ello se oponen. Usan la notoriedad de Cantat para promover la causa de mujeres anónimas asesinadas y puedo decir que es juego limpio.

P. El caso de Matzneff necesitó el libro de Springora sobre sus abusos cuando era niña para que se retiraran sus obras. ¿Necesitaremos un libro para cada crimen?

R. El testimonio de Springora fue determinante para la toma de conciencia: la editorial Gallimard decidió retirar los libros de Matzneff de la venta y se abrió el debate sobre la edad del consentimiento. El caso también reveló la complicidad de parte del mundillo literario y eso también tendrá un impacto.

P. ¿La cultura de la cancelación amenaza la libertad?

R. El boicoteo y la protesta son un derecho, no son censura. La libertad no consiste en abusar de una posición dominante sino que presupone la libertad del otro, como decía Sartre.

P. ¿Cree que hay una caza de brujas, como alegan algunos?

R. No se puede identificar esto con el macartismo, como a veces se oye decir, porque no está organizado por el Estado. Por el contrario, es una reacción contra el abuso de autoridad. Con suerte, esto conducirá a un cambio de comportamientos. Por supuesto, la justicia popular no debe reemplazar a los tribunales, pero estos deben hacer mejor su trabajo en materia de violencia contra las mujeres y los niños.

P. ¿Hay más tabúes hoy en la izquierda que en la derecha?

R. Los tabúes de la derecha consisten en proteger a los dominantes. En el siglo XIX estaba prohibido por ejemplo criticar la monarquía, las creencias religiosas y las jerarquías sociales. Nuestras democracias liberales han abolido estos tabúes y protegen a las personas del discurso del odio y la violencia. Es esa protección la que la extrema derecha cuestiona en nombre de la libertad de expresión.


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Sobre la firma

Berna González Harbour

Escribe en Cultura, es columnista en Opinión y analista de ‘Hoy por Hoy’, además de responsable de la newsletter EL PAÍS de la mañana. Ha sido enviada en zonas en conflicto, corresponsal en Moscú y subdirectora al frente de varias secciones. Premio Dashiell Hammett por 'El sueño de la razón', su último libro es ‘Goya en el país de los garrotazos’.

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