Crítica | The Sparks Brothers
Crítica
Género de opinión que describe, elogia o censura, en todo o en parte, una obra cultural o de entretenimiento. Siempre debe escribirla un experto en la materia

‘The Sparks Brothers’: cuando los perdedores de culto se salen con la suya

El documental de Edgar Wright revisa la carrera del dúo musical, uno de los más influyentes del ‘glam rock’, que nunca ha encontrado su lugar en la industria

Los hermanos Russell y Ron Mael, The Sparks Brothers, en una imagen del documental. En el vídeo, tráiler del filme.

Al documental The Sparks Brothers le sobran unos 30 de sus 135 minutos, además de faltarle alguna nota discordante de alguno de sus infinitos bustos parlantes. Pero pese a la manida técnica, la película de Edgar Wright, un documental que echa mano de todo tipo de recursos, además de imágenes de archivo, dibujos, recortables o collages, tiene a su favor el carisma y el extraño humor del dúo protagonista.

La historia de Ron y Russell Mael es la de dos hermanos de California cuya música ha sido tan influyente como secreta para la mayoría. Un grupo de culto cuyo Kimono My House, además de una de las mejores portadas de la historia del pop —con sus modernas y algo despeinadas geishas—, puso en órbita un estilo glam rock del que han bebido decenas de grupos, muchos de ellos presentes en esta película. Los testimonios de unos y otros resultan demasiado homogéneos y pelotas pese a pertenecer a músicos tan dispares como Beck, Franz Ferdinand, New Order, Duran Duran o Thurston Moore. De todos ellos, Flea, bajista de Red Hot Chili Peppers, es de lejos el que dice cosas más interesantes.

Los Sparks recorren su carrera abriendo un poco su intimidad solo para hablar de su infancia. La relación entre los hermanos está marcada por la prematura muerte de su padre, cuando Russell tenía 11 años y Ron ocho. Era el padre quien los llevaba al cine a ver wésterns y películas bélicas, pero fue la madre quien, cuando ya eran adolescentes, se lanzó a la carretera en su pequeño Fiat para llevarlos a uno de los conciertos de The Beatles en Las Vegas.

Hasta ahí se abre la cortina de la vida privada de dos hombres que han jugado a cierto misterio y ambigüedad en todo, sobre todo en sus letras, que tan pronto como en 1966 le dedicaron una canción a una chica “computadora”, que hicieron música de los ochenta antes de los ochenta y que han lucido siempre un humor irreverente que les ha llevado a terrenos algo temerarios en los que una y otra vez fracasaban. Como dice Russell Yael en un momento del filme, a estas alturas la humillación pública ya no le preocupa demasiado. De los tres proyectos cinematográficos que han tenido entre manos, el primero con Jacques Tati, el siguiente con Tim Burton y el último, Annette, con Leos Carax, solo esta última y trágica ópera ha llegado a buen puerto.

La película incide en cómo los Sparks representan el triunfo de los perdedores. Dos tipos bastante extraños que nunca han acabado de encontrar su hueco entre las grandes audiencias, algo que visto con la perspectiva del tiempo también les honra. Cuando Björk afirma que le gustaba la voz de Ron Mael porque le parecía la de una mujer “como poseída” da en el clavo del extraño embrujo de una banda fuera de lo común.

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THE SPARKS BROTHERS

Dirección: Edgar Wright.

Género: documental. Estados Unidos, 2021.

Duración: 135 minutos. 

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