María Barranco: “El poder es una droga que dura dos minutos: como te levantes a hacer pis te la han clavado”

La actriz emblemática del cine español habla sobre su infancia en Málaga, sus intensos años en el Madrid de la Movida y su situación actual

María Barranco fotografiada en Madrid el pasado 19 de octubre.
María Barranco fotografiada en Madrid el pasado 19 de octubre.Olmo Calvo

María Barranco (Málaga, 60 años) llega a una terraza debajo de su casa en el barrio de Chamartín de Madrid. Día soleado de finales de octubre. “Yo soy una profesional de la mirada”, dice respecto a la época de la mascarilla. Se sienta y pide, con un picoteo, una cerveza para ella y su interlocutor. Su vida es ahora mismo sus nietos, sus hijos y sus amigas. En cuanto al cine: “Estoy a verlas venir. Mis planes inmediatos no son trabajar, por desgracia, sino recoger premios. Y esperar a que haya algo. En este oficio o te comes las ojeras, porque no paras, o te comes las uñas. Pero ni una queja, tal y como me ha ido”.

P. Madrid es su ciudad desde 1981.

R. Me vine sola, con 21 años y tres números de teléfono de tres personas que me habían dicho: “Si algún día vienes, llama”. Me fui a una cabina a llamarlos a los tres y me dijeron: “Pues muy bien, pues enhorabuena”. Pero tuve la suerte de la novata.

P. ¿Por qué?

R. Porque al día siguiente estaba trabajando en una función de La venganza de Don Mendo. En una cafetería al lado del Teatro de la Comedia. Fui allí a preguntar como quien va al SEPE, y me dijeron que se montaba esa función. Tenía dos frases.

Yo estudiaba en un colegio de monjas y me dedicaba a imitarlas. Era el diablo para ellas, pero les hacía gracia. Y me pedían que las imitase
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P. De ahí a la televisión, en plan carrera meteórica.

R. Azafata en un programa que se titulaba Gol y al Mundial 82. Una cosa absurdísima. Era un programa de preguntas culturales, y si fallabas la pregunta, conectaban con un campo de fútbol y allí alguien tiraba un penalti para tratar de conseguir el punto. Ni pies ni cabeza, te lo digo de corazón. Yo iba vestida de verde como un guisante y me regañaban todo el día. Porque era la que estaba en el campo con unos taconazos así, y me reñían por hacer agujeros en el césped. También tenía que dar medallas a los que perdían. Me ordenaban que lo hiciese con una sonrisa, pero yo las daba tristísima porque me parecía una falta de respeto hacia los perdedores.

P. ¿Por qué el espectáculo?

R. Yo estudiaba en un colegio de monjas y me dedicaba a imitarlas. Era el diablo para ellas, pero les hacía gracia. Y me pedían que las imitase. Vamos, que hasta organizábamos shows en los que imitaba a la madre superiora, a Sor Catalina, a una que tenía la pobre el cuello torcido y yo la llamaba Sor Alcayata. Veía que gustaba. Y todas queríamos ser Marisol. Lo que pasa es que yo era muy morena, casi con bigote.

P. Había empezado Medicina.

R. Porque quería curar, viajar y ayudar a los más necesitados. Vocación social la he tenido siempre. No política, que es la cosa más dura del mundo; entiendo a quienes lo son, porque el poder es una droga tremenda. Pero el poder dura dos minutos: como te levantes a hacer pis te la han clavado. Por muchos besitos, abrazos y congresos que te den.

P. ¿Cómo era Málaga en los 70?

R. Moderna. Porque los sitios con puerto son los más modernos del mundo. Recibimos al mundo entero. Allí atracaba cada buque que no veas tú lo que salía de allí. Así que éramos muy modernos para la catetez de otros sitios. Pero vamos, Madrid era Madrid, y Barcelona era Barcelona.

P. Se fue a la Movida.

R. En Madrid hubo un momento en que pasaron muchas cosas, y todas al mismo tiempo. Pero bien: todo se mitifica. En la Movida no estábamos diciendo: “Uy, esto es la Movida, cómo mola” o “qué creativos somos, menudo momento histórico”. Yo recuerdo muchas risas, pasármelo muy bien y conocer a un millón de grupos que tocaban y cantaban como perras. Era muy joven: todo me venía bien.

Siempre que le preguntabas algo sobre tu papel a Fernando Fernán Gómez decía una frase maravillosa: “Eso lo dejo a tu criterio de buena cómica”

P. A los nueve años de irse a Madrid para ser actriz tenía dos Goya (por Mujeres al borde de un ataque de nervios y Las edades de Lulú).

R. Y no he vuelto a tener ninguno más. Voy a poner un anuncio de trabajo como el que puso Bette Davis: “Ganadora de dos Goya, divorciada, con cuarenta años de experiencia....”.

P. ¿Se sale de ser chica Almodóvar?

R. Tengo el pálpito de que volveré a trabajar con él. Fue bonito cómo empezamos. Yo hacía versiones de películas porque tenía una cámara de vídeo. Hoy La semilla del diablo, venga. Y Bernardo Bonezzi, que era pareja de mi amigo del alma Juan Sánchez, hacía estrenos en su casa. Bonezzi era el músico habitual de Pedro. De esos estrenos lo conozco. Cuando estaba con Mujeres al borde de un ataque de nervios a Pedro se le cayó una actriz, que era mi personaje, Candela. Llamó a Bernardo y le dijo: “¿Tu amiga puede quedar mona?”. Y él: “Mi amiga puede quedar monísima”. Me llamó, me hizo una prueba. Cuando volví a casa tenía un mensaje en el contestador: “El papel es tuyo”.

P. Fue la película de una época.

R. Me la sé de memoria. Y si la pillo zapeando, me la veo otra vez. Los actores con el tiempo ya se ven como otra persona. Han pasado más de treinta años. ¿Quién es esa mujer? He aprendido a quererme con el tiempo, pero nunca lo suficiente para gustarme del todo.

P. Trabajó con Fernando Fernán Gómez, del que se celebra este año su centenario.

R. Era muy divertido y muy sincero. Yo hablo lo mío, pero si estoy nerviosa no paro de hablar. Y cuando estaba delante de él, hablaba y hablaba. Un día me dijo delante de todo el equipo, con ese vozarrón que tenía: “Calla, María. Hablas mucho. Me duele la cabeza de oírte”. Me hice pequeñita y desaparecí. Hasta que a los diez minutos dijo: “Estoy muy triste. Desde hace diez minutos no oigo la voz de María Barranco”.

En la época en la que yo quería ser artista, ser artista era como ser puta

P. La dirigió.

R. Siempre que le preguntabas algo sobre tu papel decía una frase maravillosa: “Eso lo dejo a tu criterio de buena cómica”

P. Usted es una gran cómica.

R. Trabajo nos costó a las que decidimos serlo. En la época en la que yo quería ser artista, ser artista era como ser puta. Una tía de mi madre le dijo para consolarla: “A ti te va a pasar con tu hija lo mismo que a una amiga mía con su hijo, que quería ser torero, y menos mal que tuvo una enfermedad muy mala y se murió”.

Sobre la firma

Manuel Jabois

Es de Sanxenxo (Pontevedra) y aprendió el oficio de escribir en el periodismo local gracias a Diario de Pontevedra. Ha trabajado en El Mundo y Onda Cero. Colabora a diario en la Cadena Ser. Sus dos últimos libros son las novelas Malaherba (2019) y Miss Marte (2021). En EL PAÍS firma reportajes, crónicas, entrevistas y columnas.

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