Crítica | El otro guadaespaldas 2Crítica
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‘El otro guardaespaldas 2’, cuestión de química entre Ryan Reynolds y Samuel L. Jackson

Esta segunda entrega es un más de lo mismo; sin embargo, el guion sigue teniendo algunos diálogos jocosos y la acción es, como en la primera, desbordante

Samuel L. Jackson, Antonio Banderas, Salma Hayek y Ryan Reynolds, en 'El otro guardaespaldas 2'. En el vídeo, el tráiler.

Las comedias de acción con elementos de buddy movies, o películas de colegas masculinos, se suelen sostener por un elemento ajeno a la historia y a la forma en sí, que tiene mucho más que ver con un trabajo previo como la elección del reparto: la química entre los dos protagonistas, un aspecto prácticamente indescifrable e inexplicable, pero que seguramente se base en la distinción personal de cada uno de ellos individualmente, aunque multiplicada cuando están juntos.

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El otro guardaespaldas supuso hace cuatro años una relativa sorpresa porque, a pesar de su pinta de infame, con ese póster paródico de la muy popular El guardaespaldas (1992), y Ryan Reynolds sosteniendo en brazos a Samuel L. Jackson a la manera de la pareja Kevin Costner / Whitney Houston, se veía con cierta gracia, sustentada en el estupendo trabajo de los actores, en el tono de sus chanzas y réplicas, y en un reparto encantado de reírse de su propio encasillamiento. Apuntaba a parodia y luego no lo era tanto, pero casi mejor.

Esta segunda entrega es un más de lo mismo; sin embargo, el guion sigue teniendo algunos diálogos jocosos, la acción es, como en la primera, desbordante y, sobre todo, se nota que Reynolds y Jackson se lo pasan en grande. La química, he ahí la clave. Reynolds, como en la saga Deadpool, demostrando que parece nacido para estas comedias de acción autoparódicas. Y Jackson, exhibiendo una vez más que nadie en la historia del cine dice mejor una única palabra: “¡Motherfucker!”.

El otro guardaespaldas 2 se olvidará tan rápido como la primera, y está bien que así sea, pero quizá cumpla expectativas para el buscador de palomitas, buen rato y a otra cosa. Y, como curiosidad, añade un detalle político excepcional, relacionado con el villano Aristóteles Papadopoulos que interpreta Antonio Banderas: los salvajes ajustes financieros impuestos por la Unión Europea a Grecia son los que inspiran la maldad de un personaje dispuesto a devolver su país al papel de cuna de la civilización occidental.

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