Asesinos y mentiras en serie

Stéphane Bourgoin, un especialista francés en crímenes, reconoce que inventó buena parte de las 77 entrevistas a homicidas sobre las que cimentó su carrera

El escritor francés Stéphane Bourgoin, en una firma de libros en Estrasburgo.
El escritor francés Stéphane Bourgoin, en una firma de libros en Estrasburgo.Hans Lucas via AFP David Betzinger

Un especialista en asesinos en serie debería saber, mejor que nadie, que no existe el crimen perfecto. Y que las coartadas, si se basan en mentiras, acaban haciendo agua. Pese a ello, el autor y conferenciante Stéphane Bourgoin logró durante décadas venderse en Francia como el experto imprescindible en los platós cada vez que surgía un nuevo crimen escabroso. Aunque su relato sufrió con el tiempo cambios sustanciales, nadie parecía dudar de él. ¡Lo contaba todo tan bien! Con la dosis justa de emoción, relataba cómo su interés por el tema nació de una experiencia traumática personal: el brutal asesinato de su novia estadounidense.

Con orgullo, aunque comedido, enumeraba sus proezas, como haber entrevistado a Charles Manson o descubrir la pista del asesino de Elizabeth Short, La Dalia Negra, el mítico crimen cometido en 1947 en Hollywood y jamás resuelto que inspiró la famosa novela homónima de James Ellroy. Bourgoin incluso se jactaba de haber sido entrenado por el FBI y de dar cursos a las fuerzas policiales francesas. La cuarentena de libros que ha escrito sobre asesinos en serie han sido publicados por las editoriales más prestigiosas de Francia. De hecho, justo después del confinamiento tenía que salir el último. Ya no lo hará.

Un grupo de ocho internautas, agrupados bajo el nombre 4ème Œil Corporation, se dedicó el último año a contrastar su historia y, en una serie de vídeos colgados en Internet, reveló las pasadas semanas todas las incongruencias, mentiras y desmentidos oficiales que destruían el relato de quien durante décadas fue considerado “el” experto en asesinos en serie en Francia.

Lo que empezó casi como un hobby de un grupo de meros “interesados” en casos criminales —“No trabajamos ni en la prensa, ni en la justicia, ni en la literatura (aunque bueno, hay quien tiene una librería) y por tanto ninguno de nosotros tiene un interés profesional en este caso”, asegura una de sus integrantes que firma como Elora, en un correo electrónico a EL PAÍS— acabó adquiriendo una envergadura que a ellos mismos les ha sorprendido. Cuando la prensa francesa primero y la internacional después empezaron a hacerse eco del asunto, la presión aumentó de tal manera que Bourgoin, de 67 años, ha terminado por confesar que su carrera se ha basado en buena parte en una montaña de mentiras y exageraciones.

“Mis mentiras me pesan”, reconoció a Paris Match. “Me avergüenzo de haber mentido, de haber ocultado cosas. Sí, soy un mitómano”, admitió también al diario Le Parisien. Pero su mea culpa, que algunos, como sus delatores, consideran insuficiente, no cierra del todo la historia. Quedan aún muchos interrogantes, aunque quizás lo que más sorprenda es cómo pudo mantener sus falsedades tanto tiempo sin que nadie sospechara.

Muchos precedentes

Sin embargo, precedentes hay, y muchos. Ahí está, solo en España, el caso de Enric Marco, el falso superviviente del campo de concentración alemán de Flossenbürg que, antes de ser descubierto, en 2005, pasó casi tres décadas dando conferencias sobre el nazismo y recibiendo homenajes. O el de la catalana Tania Head —su nombre real es Alicia Esteve Head—, la falsa víctima del 11-S que llegó a presidir la Asociación de Supervivientes de los Atentados del World Trade Center. En El impostor, sobre el caso de Marco, el escritor Javier Cercas reflexiona acerca del refrán según el cual se pilla antes a un mentiroso que a un cojo. “Es una deducción errónea, que delata una ignorancia espectacular sobre la naturaleza de las buenas mentiras y los buenos mentirosos: los buenos mentirosos no solo trafican con mentiras, sino también con verdades, y las grandes mentiras se fabrican con pequeñas verdades”, escribe.

Una combinación que supo mezclar con maestría Bourgoin. La “legitimidad” de su interés por estos criminales nació, según decía, de una experiencia personal traumática: el brutal asesinato, en 1976, cuando vivía en Los Ángeles, de su novia Eileen —con los años la llamaría amiga o hasta esposa— que fue hallada estrangulada, violada, descuartizada o casi decapitada —también esta versión cambiaba—.

Acabaría entrevistando a “más de 77 asesinos en serie”, como destaca en casi todos los prólogos de sus libros, a los que llegó a arrancar confesiones inéditas, decía. Salvo que casi nada de lo que afirma Bourgoin es verdad, o solo lo es a medias, como ha demostrado el equipo de 4ème Œil, que incluso ha logrado desmentidos de las autoridades estadounidenses y hasta del mítico exagente del FBI John Douglas, el primer profiler (perfilador criminológico) de asesinos en serie y cuyo libro Mindhunter ha inspirado la popular serie homónima de Netflix.

Ni existió esa novia Eileen —ahora resulta que era una camarera y prostituta llamada Susan Bickrest que conoció en Florida— ni lo entrenó el FBI ni entrevistó a más de una decena de asesinos en serie. Muchas de las anécdotas de escenas de crímenes son apropiaciones, como denuncia también otra famosa profiler, la sudafricana Micki Pistorius.

La paradoja es que, según dijeron varios expertos a Paris Match y Le Parisien, más allá de su mitomanía, Bourgoin sabe muchísimo sobre asesinos en serie.

¿Y ahora qué? Por el momento, la editorial Grasset, que iba a sacar en junio su último libro, ha parado la publicación sine die. Bourgoin dijo a Le Parisien que ha empezado a escribir una autobiografía “sin esconder nada” esta vez. Los internautas que lo destaparon están listos para el nuevo reto. “Si quiere, la releemos antes de su publicación para decirle si está mintiendo o no”.

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