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Muere a los 95 años Judith Kerr, autora del libro ‘Cuando Hitler robó el conejo rosa’

La escritora e ilustradora británica de origen alemán escribió también el clásico infantil 'El tigre que vino a tomar el té', entre otras conocidas obras

La escritora e ilustradora Judith Kerr, en junio de 2018 en su casa de Londres.
La escritora e ilustradora Judith Kerr, en junio de 2018 en su casa de Londres. AFP

El ingenio incisivo y sentido del humor que Judith Kerr imprimió a sus obras de literatura infantil y juvenil supo cautivar a sucesivas generaciones que convirtieron en un superventas millonario su título El tigre que vino a tomar el té. Erigida en todo un clásico del género de la mano de tres decenas de títulos, la autora e ilustradora británica de origen alemán también ha sido recordada a raíz de su muerte -el miércoles- por el relato de la huida de su familia del nazismo que desgranó en la novela autobiográfica Cuando Hitler robó el conejo rosa. Personaje próximo, entrañable e hiperactivo, una semana antes de su deceso a los 95 años todavía esgrimía el miedo a “no ser capaz de trabajar”.

Quizá ese temor de una ya nonagenaria Kerr a no poder seguir produciendo residiera en el hecho de que fue una escritora e ilustradora tardía, que no comenzó a publicar hasta la edad madura. Tenía 45 años cuando El tigre… , la historia del mamífero carnívoro que interrumpe la merienda de una niña y su madre para engullirlo todo antes de desaparecer, se erigió en protagonista de un debut literario (1968). Un estreno que acabaría dilatando su carrera de narradora e ilustradora a lo largo de medio siglo. La autora, por entonces dedicada a la familia, ideó aquel relato como un cuento destinado a sus dos hijos, pero su temprana vocación de narradora y artista pudo más.

Kudith Kerr nació en el Berlín de 1923, en el seno de una familia donde el padre brillaba como crítico teatral y columnista de prensa y la madre por su talento como compositora. La posición del progenitor cotra el régimen hitleriano, y su condición de judío, forzaron la huída de los Kerr de Alemania, primero hacia Suiza y luego con destino a Francia. “Mi padre no conseguía encontrar trabajo en París, pero entonces el director (de cine) Alexander Korda le compró uno de sus guiones, lo que nos procuró el dinero para trasladarnos al Reino Unido. Aquel gesto nos salvó la vida, de otro modo los nazis nos hubieran capturado al invadir Francia. Y no creo que Korda tuviera las más mínima inteción de filmar aquella película…Lo hizo como un acto de bondad”, es el relato que Judith Kerr rememoraba el pasado febrero en la revista Harpers Bazaar y que antes constituyó el material de una trilogía novelística, cuya primera y más célebre entrega fue Cuando Hitler robó el conejo rosa (1971).

Una vez recalada la familia en territorio británico, Judith no pudo seguir los pasos de su hermano en la Universidad de Cambridge, víctima de un concepto limitador sobre la educación de las mujeres. Hizo cursos de mecanografía, asistíó a los soldados heridos (de la Segunda Guerra Mundial) en la red de la Cruz Roja y acabó enrolándose en clases de dibujo antes de conseguir una beca para la Escuela de Arte. Pintó mucho, vendió algunas obras y, tras casarse con el guionista de la BBC Nigel Kneale, se consagró al hogar.

Pero el cuento sobre un tigre ávido de los manjares de la hora del té y su posterior difusión abrió las puertas a otros relatos y a muchos libros, entre los que destacan los de su serie sobre el gato Mog (su título más conocido es Mog, el gato olvidadizo), al que mató en la entrega de 2002 para luego resucitarlo con ocasión de una muy publicitada aventura navideña en 2015. Todo un acontecimiento en el Reino Unido.

Autora muy querida entre los británicos, recibió hace siete años la Orden del Imperio (cooncedida por la reina Isabel II) en honor a sus servicios a la literatura infantil y a la educación sobre el Holocausto. Siempre modesta en cuanto a su reconocimiento, hace apenas una semana recibió con gran alegría su selección como ilustradora del año en los premios British Book Awards. No pudo asistir a la ceremonia, pero dejó claro en una entrevista con el dominical The Observer que pretendía seguir trabajando hasta el final. Su editorial británica, Harper Collins, acaba de confirmar la muerte de quien, en palabras del humorista británico y él mismo autor infantil David Walliams,”fue una autora e ilustradora legendaria que ha sido una delicia para millones de lectores de todo el mundo”.

 

 

 

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