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Primavera Sound busca una personalidad global

El festival barcelonés amplía registros y borra los contornos estéticos que antaño parecían insalvables

Alex Turner y Jamie Cook de Arctic Monkeys en un concierto en California. En vídeo, el cartel del festival.

Lo decía Julio Iglesias, “la vida sigue igual”. Si al cerrar la anterior edición del Primavera Sound, que hoy inicia una nueva, podía destacarse la ampliación de públicos más allá del indie, con más presencia de asistencia negra, blanca y canosa, y más chavalería en los albores de la veintena, el cartel del presente curso insiste tanto en la ampliación estilística como en la contratación de artistas capaces de convertir el festival en algo totalizador que escapa de los exiguos márgenes de una etiqueta estética. Como tal, el Primavera Sound aspira más a engrandecer a los artistas de su cartel que a ser engrandecido por ellos. Porque el principal mensaje es el festival mismo. Y como tal, se permite el lujo de incluir en su cartel a una triunfita como Amaia, en lo que puede interpretarse como un acto a medio camino entre la butade, la promoción vía polémica y la más que plausible manifestación explícita de que los límites estilísticos del festival los marca él mismo, nadie más.

En cualquier caso, la creciente oferta festivalera ha desdibujado la pertenencia de los artistas a un determinado certamen, borrándose los contornos estéticos que antaño parecían insalvables. Es por ello que Björk, el año pasado pinchando e inaugurando exposición en el Sónar, o Arca, también encumbrado en la última edición del Sónar, sean ahora referencias importantes del Primavera Sound. Y es que el Primavera decidió hace años no pescar solo en el menguante caladero indie, sino echar redes allí donde se detectase talento/oportunidad/futuro. Como resultado tenemos este año a Migos, relumbrantes estrellas norteamericanas del trap que debutan en España en su momento culminante. En el creciente apartado de negritudes urbanas se suman también Vince Staples, A$AP Rocky, Tyler The Creator, Kelela, The Internet o Majid Jordan. Queda claro que las músicas urbanas ganan terreno en un festival de blancos más o menos apesadumbrados.

Otra línea de expansión del Primavera Sound es la electrónica, expendida con vistas al mar en un ambiente playero que evocará a una California de barrio. El Primavera Bits gana espacio y se confirma como otro festival dentro del propio festival. Four Tet, The Black Madonna, Floating Points, Mount Kimbie, Jlin, James Holden, Jorja Smith, Panda Bear o The Blaze se han apuntado al cartel. Un Sónar de bolsillo para ampliar la oferta musical ya de por sí inabarcable del cada vez más gigantesco Primavera Sound.

Estos ámbitos, las músicas urbanas y la electrónica, marcan las líneas de crecimiento conceptual de un festival de perfiles imprecisos, habida cuenta del desgaste de la etiqueta fundacional, el indie, y que el concepto música que mola es muy borroso. Porque buscar una vinculación entre sus cabezas de cartel conduce más que nada al criterio unificador de los programadores del festival: Arctic Monkeys, Nick Cave & The Bad Seeds, The National, Mogwai, Beach House, Father John Misty, CVRCHES, Lorde, Cigarettes After Sex, Grizzly Bear, The War On Drugs, o Belle & Sebastian. Son nombres que de encajar, encajan en una etiqueta semánticamente vacía como independiente.

Con la nostalgia cubierta —Breeders, Ride, Slowdive, Spiritualized— el toque de glamur estará con Jane Birkin interpretando a Gainsbourg en un festival que cuenta también con la hija de ambos, Charlotte Gainsbourg. Eso sin olvidar las apuestas nacionales encabezadas por C. Tangana, Yung Beef, Maria Arnal y Marcel Bagés, Christina Rosenvinge, Núria Graham, Bad Gyal u Oso Leone. Aunque lo más chocante del Primavera Sound está en lo que parece no tener sentido en el cartel. Véase el jazz de The Art Ensemble Of Chicago referente de vanguardia desde los sesenta, la apuesta africana por la extraordinaria maliense Oumou Sangaré, el flamenco del cantaor Capullo de Jerez o el aludido guiño popular de Amaia. Y no faltarán restauradores cuquis para paladares refinados, guardería para padres en danza y encuentros profesionales para que no todo sea lúdico. El medio es el mensaje.