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Análisis

El hermano americano

Su poderosa inteligencia y su sabia humanidad quedan en sus libros, esperando a brindarnos ayuda en nuestro tormentoso mundo

Philip Roth, en 1977.CSU Archives/Everett Collection

Philip Roth, el gran escritor, el originalísimo representante de la modernidad, el observador de la vida, tan llena de contradicciones, desafíos y cruel épica burlona, nos ha abandonado a nuestra suerte; a partir de ahora estamos solos para lidiar con el agresivo presente. Su poderosa inteligencia y su sabia humanidad quedan en sus libros, esperando a brindarnos ayuda en nuestro tormentoso mundo, en esos momentos de soledad, así como en nuestra lucha por la verdad, la autenticidad y el ardor.

Le vi hace unos días en el hospital. Estaba terriblemente débil, su voz casi casi se había desvanecido. Después, de vuelta en casa, le escribí algunas líneas, en recuerdo de nuestra larga e intensa amistad, y le expresé mi confianza en su fortaleza incluso a pesar de haberlo visto tan débil. Me equivocaba. La muerte es más fuerte que cualquiera de nosotros, los humanos.

La literatura, los Estados Unidos y el mundo han perdido a una de sus mentes más brillantes y a una fuerza de creatividad incomparable. En este momento oscuro de crisis planetaria, de fuerte agresión espiritual, en este presente lleno de peligros y perversión, su humor luminoso y su humanidad serán extrañados más que nunca.

A mi esposa, Cella, y a mí, nos invade hoy la tristeza y la soledad. Roth fue para nosotros, hace más de 30 años, un hermano americano, siempre presente y alentador, un interlocutor único e irremplazable. Nos sentimos, más que nunca, perdidos en este creciente y hoy más profundo exilio.

Philip deseaba ser enterrado en el cementerio Bard College, a mi lado. Entonces, con suerte, estaremos menos perdidos en el infinito desierto de después de la vida.

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