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Cultura para resistir frente a la crisis

El Centro de la Fundación Stavros Niarchos, sede de la Biblioteca y la Ópera griegas diseñada por Renzo Piano, se erige en símbolo del deseo de resurgir de Atenas

Atenas resurge de las cenizas de siete largos años de crisis con una clara apuesta cultural. Nuevas infraestructuras con arquitectura de vanguardia y espacios urbanos reconvertidos se conjugan para hacer de la capital griega un símbolo de resiliencia. El gran buque insignia de la nueva Atenas es el Centro Cultural de la Fundación Stavros Niarchos, que albergará la Biblioteca y la Ópera nacionales y que funcionará a pleno rendimiento en otoño. La regeneración cultural cobra especial sentido cultural en una ciudad que hay quien denomina ya el nuevo Berlín.

El Centro Cultural de la Fundación Stavros Niarchos, en Atenas.

Junto con el nuevo Museo Nacional de Arte Contemporáneo (EMST, en sus siglas griegas), que ocupa la sede de una antigua planta cervecera a tiro de piedra de la Acrópolis —todo en Atenas está a la vista de su diosa tutelar—, el Centro Cultural de la Fundación Stavros Niarchos se ha convertido en tiempo récord en un polo de desarrollo urbano. Como por arte de magia, abrazando el hormigón de la ciudad y el azul del mar Egeo, ha insuflado vida a lo que hace mucho fue un hipódromo, luego un inmenso solar vacío y, a la postre, una metáfora del derribo emocional y físico de la urbe. Alrededor de un bello edificio de mármol, acero y cristal firmado por Renzo Piano, se extiende un parque inabarcable (170.000 metros cuadrados) con paseos, pistas para ciclistas y patinadores e incluso un canal para pequeñas embarcaciones. En el interior del colosal edificio, de construcción sostenible —es el primer centro de este tipo en Europa que logra la certificación LEED Platinum—, se conjugan dos alas, las sedes de la Biblioteca Nacional y de la Ópera, con un escenario que se inauguró en noviembre de 2016 durante la visita a Grecia, en el último viaje al exterior de su mandato, del expresidente de EE UU Barack Obama.

Equidistante de la Acrópolis y el Egeo, con una panorámica de 360º desde la terraza superior, el centro tardó cuatro años y medio en construirse y costó unos 600 millones de euros. La Biblioteca puede albergar hasta dos millones de volúmenes y, cuando esté en funcionamiento, encerrará un total de 5.000 manuscritos milenarios. Del vestíbulo y la gran sala de la Ópera cuelgan móviles del japonés Susumu Shingu. El escenario se despliega en un juego de terciopelos rojos, en un guiño neoclásico a la vanguardia. El ala de la Ópera dispone de dos auditorios, el inaugurado por Obama en su discurso —en el que glosó la imperecedera contribución de Grecia a Occidente—, para representaciones tradicionales (1.400 butacas), y otro para obras experimentales (450). La sala de ensayo del ballet mira al Egeo.

Las dos veteranas instituciones, que llevaban respectivamente 100 y 60 años en su emplazamiento actual, en el centro de Atenas, terminarán su mudanza al centro en otoño, si bien el staff lírico ha realizado continuas pruebas antes de acometer el traslado. A lo largo del invierno y la primavera pasados el centro ha superado el rodaje con nota: con una masiva afluencia de visitantes (760.000 entre junio de 2016 y finales de febrero pasado) y unas cuantas actividades escogidas, como una exposición sobre Piano o el Festival Nostos (regreso, en griego), celebrado en junio y cuyo plato fuerte fue la lectura dramatizada de textos de Sylvia Plath por la actriz Charlotte Rampling, con música de chelo. La gratuidad de todas las actividades —salvo las entradas para la ópera cuando ésta funcione— es seña de identidad de la casa.

Pero por encima de la magnificencia de la obra, si algo destaca del Centro Cultural Stavros Niarchos es el mensaje de resiliencia frente a la crisis. En 2008 se eligió arquitecto, el italiano Piano, que acaba de inaugurar otro emblema urbano, el Centro Botín en Santander; en 2009 —incipiente la dura etapa de rescates y ajustes que se avecinaba— la fundación firmó el acuerdo con el Estado y en 2012, el peor año de la crisis, empezaron las obras, terminadas el verano pasado. “Cuando empezó la crisis hubo voces que cuestionaron el gasto de tantos millones en esto, pero el proyecto tenía que seguir adelante precisamente por la crisis, pensando en el futuro y en los ciudadanos”, explica Elly Andriopoulou, mánager del centro. Para compensar el gran desembolso de dinero en el periodo más aciago de la historia reciente de Grecia, la Fundación Niarchos lanzó al tiempo varios programas sociales, dotados con 200 millones de euros para enfrentar la crisis y otros 100 para combatir el paro juvenil.

El 23 de febrero pasado, en una ceremonia presidida por el primer ministro griego, Alexis Tsipras, el centro pasó a dominio público. Sin embargo, la cesión de la titularidad al Estado, diezmado por tres rescates, suscitó dudas entre quienes temían una gestión deficiente por parte de los poderes públicos; a ello se sumó la dimisión, casi inmediata, de su director. Pero su viabilidad parece estar más que asegurada: la fundación Stavros Niarchos hizo entrega al Estado, junto con el recinto, de 617 millones de euros adicionales para financiar el arranque de su andadura. “El papel de la fundación era ponerlo en marcha y hacer las obras. Pero será el Estado el que lo gestionará, porque es un regalo para los ciudadanos”, añade Andriopoulou. “Esto es mucho más que un centro cultural, es un lugar público, para los ciudadanos, que lo cuidan como si fuera algo propio. La mayor parte de los visitantes son vecinos de los barrios cercanos”. Quienes, por cierto, como niños con zapatos nuevos, lo han convertido en uno de los reyes del Instagram griego.

“Cuando se proyectó, se hicieron estudios de impacto en tres sectores: social, medioambiental —la gran masa de árboles que lo rodea contribuye a disminuir la temperatura en verano un par de grados— y económico, incluida la proyección turística. Es una gran oportunidad en este sentido, pues es equidistante del puerto del Pireo y el centro urbano de Atenas, y por tanto zona de paso para los turistas que van o vienen de las islas. El centro de convenciones también estará abierto a reuniones internacionales, dinamizando ese sector”. Cálculos de la fundación estiman en 140 millones de euros al año el impacto positivo que el centro tendrá en la economía nacional.

En una ciudad pujante, efervescente sobre todo en el ámbito de la escena y la creación artística —este mismo domingo se clausuró la sucursal local de la Documenta de Kassel—, y donde harían falta días de muchas más horas para satisfacer la inabarcable oferta cultural, el Centro Cultural de la Fundación Stavros Niarchos es ya la joya de la corona que siempre, incluso en los días más infaustos de la crisis, ciñó la capital griega.