Selecciona Edición
Entra en EL PAÍS
Conéctate ¿No estás registrado? Crea tu cuenta Suscríbete
Selecciona Edición
Tamaño letra

Alta literatura, mortecino cine

Michael Grandage, prestigioso director teatral, aunque realizador cinematográfico primerizo, no pasa de ordinario recreador de imágenes y clichés

EL EDITOR DE LIBROS

Dirección: Michael Grandage.

Intérpretes: Colin Firth, Jude Law, Nicole Kidman, Laura Linney, Guy Pearce.

Género: drama. R U, 2016.

Duración: 104 minutos.

Una película sobre la literatura que ni es literaria ni es cinematográfica. En la que sus personajes son algunos de los mejores novelistas del siglo XX (Ernest Hemingway, Francis Scott Fitzgerald, Thomas Wolfe), pero en la que apenas salen escribiendo. Una obra sobre el arte de la edición, resuelta con el oficio, el mal oficio, del convencionalismo. El editor de libros cuenta la relación entre Maxwell Perkins, uno de los más importantes profesionales de la publicación en Estados Unidos, y sus autores, sobre todo con Wolfe. Sin embargo, Michael Grandage, prestigioso director teatral, una década al frente del Donmar Warehouse de Londres, aunque realizador cinematográfico primerizo, no pasa de ordinario recreador de imágenes y clichés.

"Es tu libro, dale un par de vueltas", dice reiteradamente Perkins, con una mezcla de modestia y profesionalidad. "Es tu película, dale un par de vueltas", podrían haberle dicho a Grandage, que narra la historia de un autor desmesurado, Wolfe, capaz de llevar un manuscrito de 5.000 páginas de Del tiempo y el río, con el freno de mano del ramplón academicismo británico (el plano cenital con los folios al viento como ejemplo de rancio virtuosismo).

Da la impresión de que El editor de libros se quiere alejar de lo solemne para alcanzar lo popular, pero solo llega a lo superficial. Y se deja ver por el mito, porque lo que se vislumbra tras sus imágenes, y tras la histriónicamente insoportable interpretación de Jude Law, es apasionante historia de la literatura. También porque es didáctica respecto de la labor del editor, lápiz rojo de leal control de egos e incontinencias creativas. Pero con la didáctica nunca se ha construido buen cine.

Más información