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Aprenda a reírse con su refugiado

Los alemanes exploran en comedias de cine y teatro sus miedos y prejuicios en torno a los recién llegados

El hombre solo quiere hacer lo correcto. Se ha decidido a salvar un sirio. “Es lo que hay que hacer en estos tiempos”, asegura. Por eso ofrece a su alumno del curso de alemán una habitación en su piso del barrio berlinés de Neukölln. Pero su protegido, de repente, empieza a hablar maravillas del Estado Islámico. Dice que al principio prefería Al Qaeda, pero que después sintió que se identificaba más con la nueva franquicia del yihadismo internacional. Cada vez más aterrado, el buen hombre se aleja poco a poco del lugar donde se sienta el refugiado. ¿Habrá metido en su casa a un terrorista despiadado? ¿Está realmente haciendo lo correcto?

Estamos en el Teatro Maxim Gorki. Los temas que abordan los cinco personajes de The Situation son los mismos sobre los que Alemania lleva discutiendo todo el año. La diferencia es que en esta ocasión el debate se ve interrumpido por carcajadas cada vez más estruendosas. Parecen casi catárticas.

Compañía en el exilio

La crisis migratoria ha llegado también a los teatros alemanes. El Maxim Gorki, uno de los más destacados de Berlín, ha querido adaptarse no solo con obras que aborden la situación de los refugiados, sino también ofreciendo alternativas a los hombres y mujeres que han tenido que abandonar sus hogares. De ahí nace la denominada “Compañía en el exilio”, una especie de beca para formar a lo largo de dos años a siete intérpretes. Algunos de ellos trabajan en The Situation.

The Situation, que mezcla alemán, inglés, árabe y hebreo, gusta al público y a la crítica. Fue seleccionada para el Theatertreffen, el certamen que reúne las diez obras más interesantes en alemán de la temporada; y ganó el título de mejor producción de 2016. El secreto de su éxito no radica en el tema: a los escenarios alemanes han llegado estos meses obras y conciertos sobre, por y para solicitantes de asilo. La novedad que ofrece la directora y dramaturga israelí Yael Ronen es el tono de comedia. Y que la risa se dirija hacia todas las direcciones: hacia unos alemanes incapaces de reaccionar con naturalidad ante los recién llegados; pero también hacia las pocas ganas de sirios, palestinos o israelíes de dejar atrás prejuicios asentados a lo largo de años de conflictos enquistados.

Una expresión se ha puesto de moda en Alemania. Gutmensch significa literalmente “buena persona”, pero los conservadores la utilizan, habitualmente de forma peyorativa, para ridiculizar a, por ejemplo, los defensores de los refugiados. Algo parecido al concepto de “buenismo” que floreció en la España de Zapatero. Una buenista protagoniza la comedia Willkommen bei den Hartmanns (Bienvenido al hogar de los Hartmann), una de las grandes apuestas del cine alemán de la temporada, estrenada esta semana. No contenta con llevar al centro de acogida la ropa juvenil que su marido se empeña en usar pasados los sesenta, la jubilada Angelika Hartmann anuncia a su familia que en su magnífica casa de Múnich hay sitio para uno más. Un refugiado, claro.

Aquí vuelven a reunirse todos los tópicos de uno y otro lado. La mujer que escoge a su refugiado como quien elige el color del tresillo. Los reproches a la protagonista por tratar de convertirse en la salvadora del mundo; una acusación habitual en las manifestaciones contra la política migratoria de la canciller Angela Merkel.

Pese a algún hallazgo, la película acaba convirtiéndose en un remedo de aquellos filmes españoles de los sesenta en las que Paco Martínez Soria enseñaba a sus familiares urbanitas lo que realmente importa en la vida. La diferencia es que el portador del mensaje de unión familiar es ahora un refugiado, no un pueblerino. La historia de la familia Hartmann puede verse como una ilustración bienintencionada del “Vamos a lograrlo”, la frase con la que Merkel trató de animar a los alemanes para superar la crisis migratoria y que ya ha abandonado porque reconoció que se había convertido en un eslogan vacío que enervaba a más gente de la que animaba.

Más enjundia tiene The Situation. Aquí el humor no es amable. Corta. Como cuando el profesor se sorprende a sí mismo corrigiendo a un alumno para que conjugue correctamente los verbos en la frase “Una bomba atómica habría sido lo mejor para la solución final”. La programadora del Teatro Gorki, Shermin Langhoff, asegura a EL PAÍS que la directora Yael Ronen usa “experiencias dolorosas con un punto de vista de distancia”. Langhoff, ella misma hija de la inmigración turca, alaba estas obras que no tratan de vender un discurso político, sino de mostrar empatía. "Y con un toque de humor, que al fin y al cabo no puede hacer daño a nadie", concluye.

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