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Alberto Fuguet: “Mi olor favorito es el sudor de los hombres”

El escritor chileno responde al carrusel de preguntas de este diario tras presentar su nueva novela

El escritor chileno Alberto Fuguet.
El escritor chileno Alberto Fuguet.

La presentación de la última novela del chileno Alberto Fuguet (Santiago, 1964) fue, literalmente, una fiesta. Luces, DJ, barra y baile en Nave, una terraza de moda del barrio Yungay, en el centro antiguo de Santiago de Chile. Fue la bienvenida de Sudor, un libro provocador y arriesgado que se nutre de la realidad y de la ficción para contar la historia de un escritor del boom, su hijo y las desatadas noches gay de la capital. Un retrato de las vanidades de la escena literaria, el mundo homosexual santiaguino y de los conflictos de los hijos de padres célebres.

¿Cuál es el último libro que le hizo reír a carcajadas?

Uf, creo que Sudor, pero al escribirlo; la verdad es que no lo he leído impreso, así sentado. Sí recuerdo dos de Vargas Llosa: Pantaleón y las visitadoras y La tía Julia y el escribidor.

¿Su lector perfecto?

Alguien que subraye, tome fotos o instagrams de páginas, que lo comparta. Me atraen los lectores interactivos que se empoderan y hacen de un libro mío uno de ellos de manera cabal.

¿Qué libros están normalmente es su mesa de dormir?

Libros de críticas de cine. Compilaciones de reseñas. Ideal para picotear y hojear cuando no te puedes concentrar o no deseas hacer nada. Mi iPad cada vez tiene más notas y artículos que me interesan en una aplicación llamada Pocket que me tiene adicto.

¿Qué libro le cambió la vida?

The Buenos Aires Affair, de Manuel Puig. Ya tenía vida pero ahí supe que deseaba otra: escribir.

¿Qué personaje se asemeja a usted?

John Travolta en Estallido mortal, de Brian De Palma. Me siento bien cercano a Jules y a Jim (gracias, Truffaut) y a sus primos americanos Willie y Phil (gracias, Mazursky).

¿Con quién le gustaría sentarse en una fiesta?

Prefiero una cena muy acotada. La idea de ir a una fiesta es bailar y no sólo mirar. A las dos iría con mi novio. O quizás con Walter Benjamin a flanear.

¿Qué significa ser un escritor?

Tratar de contaminar con tus historias y tus personajes el planeta real. Dicho de otro modo, es invitar gente a mi planeta.

¿Qué libro regalaría a un niño?

Le prohibiría leer varios y los dejaría luego al alcance de la mano; todo lo prohibido atrae y seduce.

¿Cuál es su lugar favorito en el mundo?

Santiago y mi departamento. Nueva Orleans me atrae mucho, y las pequeñas ciudades-pueblos universitarios americanos.

¿Qué película le hubiese gustado haber dirigido?

La ley de la calle, de Coppola.

¿Qué cambiaría de usted?

Más pelo en las piernas, obvio. Tengo arriba y no abajo. Raro.

¿Cuál es el mejor consejo que le dio alguno de sus padres?

Cuando alguien dice cosas atroces de ti, piensa cosas peores de ellos. Vengo de una estirpe paranoica.

¿Con quién le gustaría quedar atrapado en un ascensor?

Con nadie. Pero feliz volaría a Tokio con Tennessee Williams. O estar una tarde en un baño de vapor con Elia Kazán.

¿La última comida que realmente le sorprendió?

Un atún que comimos en Tulum en un restorán donde nadie hablaba español.

¿El mejor souvenir que ha llevado a casa?

Libros, libretas de apuntes, un lubricante llamado Boy Butter, colecciones de revistas de porno gay vintage de los setenta.

¿La última música que descargó?

Paloma San Basilio.

¿Qué música escucha en el coche?

No tengo coche. Me encanta la idea de Spotify y meterme a playlists de extraños.

Si pudiera coleccionar el trabajo de algún artista, ¿el de quién sería?

¡Eric Fischl, sin dudas! Quizás Lucian Freud. O un desnudo de Claudio Bravo.

Si pudiera tener un superpoder...

Poder follar vicariamente (ingresar en sus mentes y sensaciones) con gente de Instagram o de las redes al azar de puro curioso.

¿Qué es un buen fin de semana?

No salir de la casa o de la cama.

¿Olor preferido?

El sudor de los hombres, claro. Y de varias zonas.