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La casa de Buñuel en México enfrenta a Cultura y Exteriores

Ambos ministerios se disputan el control de la vivienda del cineasta exiliado en otra batalla de la guerra que mantienen por la política cultural española en el mundo

Luis Buñuel, en su casa de México
El director Luis Buñuel, sentado en la cama de su habitación en su casa de México DF, en una imagen de 1977.

Existe un conflicto larvado desde hace años que no parece apaciguarse. La guerra entre los ministerios de Cultura y Exteriores, viva y cruenta desde tiempos del socialista César Antonio Molina al frente de la primera de esas carteras, atraviesa una nueva batalla. Esta vez se libra en México y a costa de una leyenda: Luis Buñuel. La casa del cineasta durante su exilio, donde se sucedieron algunos de los años más creativos de su carrera, se ha convertido en el centro de un conflicto por su control. Cultura la compró y la reformó. Exteriores, con toda la obra ya hecha, se niega ahora, según el otro ministerio, a ponerla en funcionamiento si no se cede completamente su gestión al equipo de José Manuel García-Margallo.

En Cultura, el malestar cobra visos de indignación. Sus responsables se plantean incluso venderla al Gobierno mexicano y al Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta). Cuando Ángeles González-Sinde dirigía Cultura, con José Luis Rodríguez Zapatero al frente del Ejecutivo, la compró a los herederos del cineasta por 400.000 euros. El Estado emprendió su reforma, que costó otros 686.000 euros.

El edificio está preparado para realizar actividades, pero cerrado a cal y canto desde hace meses. ¿La razón? Exteriores es el encargado de realizar los pagos de cualquier acción del Gobierno en el extranjero, pero se niega a hacerlo en este caso a no ser que asuma el control, según fuentes de la Secretaría de Estado de Cultura. En Exteriores se apunta que es un centro de Cultura y que no pueden inmiscuirse. Pero si se les confiara su gestión, estarían encantados de hacerse cargo, según apuntan fuentes de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID), encargada de la acción cultural en el exterior, cuyo responsable es Gonzalo Robles.

La pugna continúa latente desde tiempos de César Antonio Molina, segundo ministro de Cultura de Zapatero. Molina no ocultó su ambición de hacerse con el control del Instituto Cervantes y se enfrentó al entonces titular de Exteriores, Miguel Ángel Moratinos. Desde entonces, los sucesivos responsables de ambas carteras, tanto del PP como del PSOE, han batallado por el control de todo lo referente a la acción cultural fuera de España.

Exteriores adolece de falta de iniciativas en la gestión de la cultura, según sus rivales, pero no se plantea ni por asomo ceder sus competencias. Cualquier excusa es buena para volver a encender el conflicto.

La casa de Buñuel en México DF, en una imagen de 2013.
La casa de Buñuel en México DF, en una imagen de 2013. EFE

La casa del cineasta ha sido concebida, con proyecto y fondos suficientes de Cultura, para albergar talleres, conferencias, exposiciones, festivales de cine, estancias de pintores, dramaturgos, académicos y, por supuesto, cineastas, como ya ha sido el caso de Jonás Trueba o del alemán Harun Farocki, fallecido el año pasado. Funcionó a pleno rendimiento desde junio de 2013 hasta mayo pasado. “Se hicieron muchas actividades, pero un recinto así requiere de personal para mantenimiento, vigilancia, limpieza... A principios de este año empezó a haber problemas de fondos para seguir sosteniendo estos servicios, y una vez finalizado el programa no se pudo reanudar”, explica Guadalupe Ferrer, directora de la Filmoteca de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Esta entidad fue el sostén local que encontró el ministerio que encabeza Íñigo Méndez de Vigo para gestionar el centro. “Ahora el edificio está cerrado. Estamos colaborando con Cultura para dinamizarlo, buscar impulsos y darle una solución”, indican medios de la AECID. Fuentes de la Secretaría de Estado de Cultura, que dirige José María Lassalle, cuestionan abiertamente tal hecho y sostienen que existen dos informes jurídicos contradictorios, uno de cada ministerio, sobre quién puede y debe pagar la administración del inmueble.

La adquisición se fraguó en una visita de González-Sinde a finales de 2010. Tras morir en 1994 la viuda de Buñuel, Jeanne Rucar, el domicilio pasó en alquiler de mano en mano. “Los herederos, los dos hijos de la pareja, estaban descontentos porque a veces los inquilinos no pagaban. Querían venderla, y cuando llegó la oferta de España no lo dudaron”, cuenta Mario Baño, el director de la casa durante sus años de actividad.

González-Sinde, cineasta e hija de cineastas, había estudiado con Jean-Claude Carrière, uno de los últimos colaboradores de Buñuel. Pocos meses antes de dejar el cargo, se embarcó en el proyecto como una especie de testamento político. Aprovechando el 50º aniversario de Viridiana, el recinto abrió por primera vez en 2011 con una exposición sobre esta película. La inauguración definitiva, una vez remozado el inmueble, llegó en junio de 2013, coincidiendo con otro aniversario: los 30 años de la muerte del realizador.

“Es una casa amable, con una escalera con un pasamanos de madera y suelo de terrazo. Está hecha con materiales austeros, que representaban el carácter del propio Buñuel”, explica Juan Ignacio del Cueto, arquitecto especializado en el legado urbanístico del exilio español. La reforma respetó el diseño original. Parte de la terraza se techó para sumar otra habitación.

De los muebles originales no queda rastro, salvo un piano. En uno de sus famosos arrebatos, Buñuel vendió el instrumento a unos amigos a cambio de una caja de champán, pero la familia donó el piano cuando se abrió el centro cultural.

Un guiño mexicano a la Residencia de Estudiantes

Luis Buñuel mandó construir su casa mexicana como un guiño a la Residencia de Estudiantes de Madrid, aquella incubadora de talento vanguardista que cambió su vida. El cineasta aragonés entró siendo un novato de colegio de curas con modos de boxeador, y salió transformado por el delirio y la sensibilidad de sus amigos Salvador Dalí y Federico García Lorca.

Con más de 200 metros cuadrados, tres plantas y jardín, el formidable recinto, anclado en el corazón del DF,  fue la vivienda familiar hasta su muerte en 1983.

Buñuel llegó a México casi de carambola. La sublevación franquista le empujó fuera de España. El señorito rico, ateo, comunista (hasta donde puede serlo un señorito rico), putero, cazador, atrabiliario y buena persona —así lo describió su amigo y biógrafo Max Aub— buscó sin fortuna un hueco en Hollywood. En plena psicosis anticomunista en EE UU, Dalí aireó por escrito las filias políticas y ateas de su antiguo compañero de pupitre. Buñuel y su familia abandonaban un nuevo país en el año 1946.

La puerta a España se reabrió con la oferta de llevar al cine La casa de Bernarda Alba. De regreso a Europa, la familia hizo una parada en México. El proyecto se cayó y los Buñuel quedaron varados en el Distrito Federal.  En 1953, el cineasta compró un terreno de 400 metros cuadrados en la colonia Narvarte, por entonces una zona en expansión del cogollo urbano del DF.

La casa la diseñó otro exiliado y excompañero de la Residencia: el arquitecto Arturo Sáenz de la Calzada. Buñuel le pidió a su amigo dos detalles: la fachada debía ser de ladrillo visto, como la del centro de estudios madrileño, y la imponente chimenea que corona la tercera planta, de piedra volcánica.

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