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Jordi Fibla demuestra el placer intelectual de la traducción

Recibe el galardón a toda su carrera. Cultura reconoce a Arnau Pons Roig por su versión de un poemario de Celan

Si la literatura supone un antídoto contra la rutina, Jordi Fibla es un consumado administrador de esa medicina. Miles de lectores en castellano han podido trascender su vida gracias a su trabajo. No en vano, ha vertido al castellano a algunos de los mejores escritores del siglo XX. La lista es tan extensa como el disfrute de penetrar en personajes como la fascinante Justine, de El cuarteto de Alejandría, de Lawrence Durrell; el alter ego novelesco de Philip Roth, Nathan Zuckerman; la inolvidable Lolita de Nabokov o el autobiográfico J. M. Coetzee de su trilogía (Infancia, Juventud, Verano).

Fibla (Barcelona, 1946) ha trasladado al español a estos y a otros autores de primera fila, como Saul Bellow, Nadine Gordimer, John Irving, Henry James, William Kennedy, John Kennedy Toole, Rudyard Kipling, D. H. Lawrence, David Malouf o Arthur Miller.

Ayer, sin embargo, tras el anuncio del Ministerio de Cultura de que le otorgaba el premio nacional a toda la obra de un traductor, dotado con 20.000 euros, Fibla le intentó quitar hierro al asunto. De las 300 obras que ha traducido, considera que “solo 100” son buenos textos; el resto sirve “para pagar facturas”. “Hay que reconocer una cosa: no solamente he traducido buena literatura, sino mucho texto alimenticio, que es lo que nos ocurre a los traductores”, dijo en declaraciones a Efe. Además del inglés, también ha realizado versiones de obras escritas en francés y, últimamente, en japonés.

Si debe elegir a uno de sus autores, no lo duda: el estadounidense Philip Roth. “He traducido 19 libros de Roth y de ellos hay media docena que los he leído no solo las veces que lo he tenido que hacer para traducir, sino que luego los he releído por placer”, manifestó. De esos 19, se queda con La mancha humana, que le proporcionó “una mezcla de sufrimiento”. “Al principio, porque no veía la manera de resolver un problema enorme que presentaba, pero también vino el placer de resolverlo a mi manera y de que el libro fuera bien criticado y recibido”, apuntó. Es ahí donde encuentra el placer de su oficio, un “ejercicio intelectual de primer orden”.

Un poeta difícil

“Eso es lo que tiene que satisfacer, porque ya sabemos que ni el reconocimiento ni la compensación económica van a llegar; esto es imposible, las cosas son así, y llega un momento en que tienes esto asumido y no te preocupa”, sostuvo, en relación con la escasa visibilidad de los traductores. El jurado del premio valoró “su larga trayectoria como traductor profesional, su versatilidad y la calidad de su obra”.

El ministerio también concedió ayer el premio a la mejor traducción a Cristall d’alè, la versión en catalán de Atemkristall, de Paul Celan, realizada por Arnau Pons Roig por su “excelencia artística”, la lectura que hace de “uno de los poetas más importantes y difíciles del siglo XX, y por su contribución destacada tanto al mundo de la poesía como al de la traducción”. Pons Roig (Felanitx, Mallorca, 1965) es poeta, traductor, editor de poesía y ensayista. Ha vertido a poetas de lenguas muy variadas: Paul Celan (poeta alemán de origen judío rumano y habla alemana, considerado por la crítica internacional como el más grande lírico en alemán de la segunda posguerra), Luiza Neto Jorge, Dino Campana, Velimir Khlebnikov, Itskhaq Katzenelson, Antonin Artaud, etc. También escribe sobre autores catalanes, como Espriu, Marçal, Bauçà, Maragall, Guimerà... Y es asimismo editor en catalán de autores contemporáneos como Idith Zertal, Hannah Arendt, Hélène Cixous, Joan Miró, Ángel Carmona, Thomas Bernhard y Mahmud Darwix, entre otros. Ha publicado en francés dos ensayos sobre Bachmann y Celan en dos volúmenes colectivos en homenaje a Jean Bollack, aparte de otro sobre Jacques Dupin en la revista Europe.

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