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Análisis

Atención al español en EEUU

La población hispana asegura con su crecimiento el futuro del idioma

El descenso de estudiantes de castellano, sin embargo, obliga a huir del triunfalismo

La profesora Milena Jimenez imparte una clase de español en Carolina del Norte, EE UU.
La profesora Milena Jimenez imparte una clase de español en Carolina del Norte, EE UU. AP

Repetimos que la lengua española tiene 400 millones de hablantes y que la población hispana en los Estados Unidos, en continuo crecimiento, asegura un futuro importante para el español. Todo es cierto, pero también lo es que no puede obviarse la amplia población latinoamericana que se defiende mejor hablando alguna de las lenguas indígenas o que los inmigrantes que cruzan la frontera del Río Grande consideran al español como la lengua de la pobreza de la que quieren huir y, cuando son de procedencia burguesa y cultivada, manejan el inglés y se incorporan fácilmente al mundo laboral en esta lengua.

El aprendizaje de un idioma y su cultivo están siempre ligados a consideraciones de prestigio y, por lo tanto, no es cierto que las lenguas se defiendan solas, sino que su crecimiento es paralelo a las políticas de desarrollo y a actividades que asienten la importancia de su cultura. Esta labor ha sufrido últimamente, no sólo debido a la crisis económica, sino también a planificaciones insuficientes y por la escasa implicación de los países americanos en la difusión internacional de la lengua. Sin el aumento del prestigio de la lengua es imposible que se creen puestos de trabajo ligados a su uso y que aumente la demanda de la enseñanza.

La situación no es aún alarmante, pero los datos del último informe anual de la Modern Language Association (MLA), probablemente la mayor asociación de profesores de lenguas modernas del mundo, deben mover a consideración.

El año 2013 no fue bueno para las lenguas modernas en los Estados Unidos. La cifra de 1.562.179 matriculados en 2013 sigue siendo impresionante, pero refleja un descenso del 6,7% con relación a 2009, y corta el ascenso de estos estudios en la enseñanza superior. El número de estudiantes de español, que en 2009 era de 861.008, bajó en 2013 a 790.756. La progresión alcanzó su máximo en 2009. Cuatro años más tarde, la cifra de alumnos era de 30.000 menos que en 2006. Y, lo que es más significativo, la prospección para 2018, con datos todavía incompletos, parece situar el español por debajo de las cifras de 2002.

Por primera vez desde que la MLA inició sus encuestas en 1958 han caído las matrículas de español, en términos absolutos y relativos. Sigue siendo la lengua más estudiada por encima de todas las otras (desde 1995), pero la diferencia es cada vez menor. En 1998, eran 111.858 más los estudiantes de español que las del resto; en 2002, bajaron a 94.623; en 2006, a 68.473; en 2009, a 48.473, y en 2013, a 19.333.

Por primera vez desde 1958, caen las matrículas de español

La primera pregunta que los guarismos suscitan es si esto se debe a un descenso de la población hispana. La respuesta es que no, muy claramente. Además, si el 80,38% de los habitantes de los EE UU mayores de cinco años hablan inglés y el 19,62% otras lenguas, según el censo de 2010, hablan español 35.437.985 personas; esto significa el 62,13% de ese grupo de hablantes de otras lenguas, seguido por el chino (2,96%) y el tagalo (2,70%). Habla árabe tan sólo el 1,33%. La diferencia, por tanto, entre el español y los otros idiomas es abismal. California (27,36%), Texas (18,47%), Florida (9,61%) y Nueva York (7,37%) son los Estados con mayor porcentaje de hispanohablantes. El de menor es Vermont, con sólo 7.102 hispanohablantes censados, el 0,02%.

La contradicción entre el crecimiento de hispanohablantes y el descenso en las matrículas se observa con mayor claridad en un estado tan hispánico como Texas. Pese al aumento constante de su población hispanohablante, que incluye también la reciente inmigración de familias de empresarios mexicanos que escapan de la inseguridad, y pese a la creación de nuevas universidades, el descenso del interés por el estudio del español en la educación superior tejana es más marcado todavía que en el resto del país. 2002: 57.339; 2006: 62.313; 2009: 64.332; 2013: 57.411.

Se puede añadir, aunque estos datos no procedan del informe de la MLA, que en la escuela elemental hasta la secundaria el descenso es aún más marcado. En la costa del Pacífico, vivero de hispanohablantes, el descenso se sitúa ya por debajo de los datos de 2002, tras el repunte del 2009. 2002: 123.146; 2006: 120.353; 2009: 126.464; 2013: 110.506.

No se trata de una disminución del interés por las lenguas (aunque sí por los estudios literarios), sino de que se orienta de modo diverso. Si el latín y el griego clásico, incluidos en el ámbito de la MLA, han perdido estudiantes, el hebreo bíblico, en cambio, sigue su progresión por delante del hebreo moderno. El árabe, que se había triplicado —de las 10.584 matrículas de 2002 a las 34.908 de 2009—, sufre un descenso hasta las 32.286. El francés —en 1968 la lengua más estudiada en los EE UU—, el alemán, el italiano o el japonés asimismo descienden. Lenguas que se mantienen en crecimiento constante son el chino, con 61.055 matrículas; el portugués, con 12.415, o el coreano, con 12.229, la lengua que más crece en porcentaje, un 44,7%. La lengua de signos, por su parte, sigue siendo muy solicitada por los alumnos, con un incremento del 19% entre 2009 y 2013; sin duda, influye en ello el crecimiento de los trabajos ofrecidos en esa área.

Si no aumenta el prestigio del idioma, no crece la demanda de enseñanza

Los datos, pertenecientes a una asociación profesional de gran prestigio como es la MLA, nos obligan a huir de triunfalismos y a reflexionar sobre cómo hacer más presente en el mundo el valor de nuestra lengua más allá de los hablantes propios, lo que sólo será posible reforzando la colaboración en todos los campos con la comunidad hispanoamericana y, especialmente, con Argentina, Chile, Colombia y México, los más poderosos culturalmente.

Jorge Urrutia es catedrático de la Universidad Carlos III de Madrid. Francisco A. Marcos Marín es profesor de la Universiadda de Texas en San Antonio y director del Observatorio del Español de los Estados Unidos. Ambos fueron directores académicos del Instituto Cervantes.

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