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Hollywood vuelve a las reivindicaciones como en los setenta

La gala sirve como altavoz para diversas causas sociales e igualitarias

Patricia Arquette
Patricia Arquette recogiendo su estatuilla como mejor actriz de reparto. EFE

Afortunadamente, Hollywood sigue siendo liberal. Ese fue el comentario más escuchado entre los miembros de la Academia mientras abandonaban el teatro Dolby dándose palmaditas en la espalda tras una nueva edición de los Oscar. Las elecciones estaban cantadas y el espectáculo de Neil Patrick Harris celebrando la magia de las imágenes en movimiento se sintió vacuo. Sin embargo, parafraseando a Paco Ibáñez, a Hollywood le queda la palabra.

Fueron palabras de reivindicación que devolvieron la emoción y el interés a unos premios habitualmente eclipsados por el brillo y la avaricia de la industria. Y transportaron a sus espectadores a los años setenta, una década de protesta y compromiso a unos académicos criticados por demasiado blancos, demasiado machos y sospechosamente enamorados de trabajos como El francotirador.

Los Oscar sirvieron de podio para propiciar el cambio y no sólo para hablar de moda. Patricia Arquette lo dijo alto y claro. “Es hora de que todas las mujeres en EE UU y todos los hombres que aman a las mujeres, los gais, los negros por los que hemos luchado, luchen ahora por nosotras”, alentó en un llamamiento a favor de la igualdad, salarial y de derechos de la mujer en Estados Unidos. No es cosa de broma. El comentario jocoso de Neil Patrick Harris sobre el sueldo de Meryl Streep no hizo gracia porque incluso la actriz mejor pagada (Sandra Bullock) cobra 21 millones de euros menos que el actor con mejor sueldo (Robert Downey Jr.).

Patricia Arquette pidió solidaridad en la lucha por los derechos femeninos

Los Oscar destilaban blancura, pero fueron John Legend y Common —dos estrellas afroamericanas— quienes tocaron la fibra sensible de los asistentes al interpretar Glory, de la película Selma en honor de Martin Luther King Jr. y al recordar que la lucha continúa. “Hemos hecho mucho camino, pero siempre queda lugar para mejorar”, añadió desde la alfombra roja Lupita Nyong’o, ganadora el pasado año con Doce años de esclavitud. Con el Oscar en la mano y desde el escenario John Legend no se limitó a defender a una minoría a la que pertenece sino a criticar a un país, el suyo, “que tiene más gente en la cárcel del mundo”.

Los ganadores agradecieron su victoria a sus familiares y a los estudios que se gastaron los millones para lograr la estatuilla. Todo dentro de lo habitual. Pero sobre todo hablaron de lo que el Oscar representa. Como dijo Eddie Redmayne, en su caso es “el custodio” de una estatuilla que les pertenece a quienes padecen esclerosis lateral amiotrófica. O a los enfermos de alzhéimer en el caso de Julianne Moore. O a los “raritos” para que lo sigan siendo, como animó el escritor Graham Moore, ganador por el guion adaptado de The Imitation Game, que habló desde el escenario de su intento de suicidio cuando tenía 16 años, para evitar que otros lo hagan. Fueron muchas las palabras reivindicativas y bastante en castellano: como reconoció González Iñárritu, le hicieron sentirse como en casa. Un canto a la diversidad que fue más lejos de lo que los mismos académicos pudieron percatarse: eligieron como mejor guion original Birdman, película escrita en spanglish por el realizador mexicano y sus dos amigos argentinos Nicolás Giacobone y Armando Bo, y pulida en la lengua de Shakespeare por el armenio Alexander Dinelaris.

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