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Cerati, el músico que modernizó y popularizó el rock en Latinoamérica

Duelo en América Latina por la muerte del artista argentino que desde los años 80 con la banda Soda Stereo cautivó al público

Gustavo Cerati.
Gustavo Cerati. afp

Luego de cuatro años de agonía, tras el accidente cerebro vascular que sufrió después de un concierto en Caracas, y que desde entonces lo postró en una cama, Gustavo Cerati, uno de los exponentes fundamentales de la historia del rock en español, se despidió de este mundo para finalmente trascender hacia el Olimpo de los iconos del género. “Comunicamos que hoy en horas de la mañana falleció el paciente Gustavo Cerati como consecuencia de un paro respiratorio”, informó ayer el médico Gustavo Barbalace de la Clínica ALCLA, donde estaba internado el cantautor argentino. “Lamentablemente, no pudimos revertirlo”. Mientras que su familia, luego de trascender la noticia, advirtió en el perfil de Facebook del artista que, a partir de las 21.00 (hora local), en la Legislatura de Buenos Aires, ciudad de la que era oriundo el cantante y guitarrista, se le daría el último adiós.

A manera de paradoja, el artífice, que el 11 de agosto celebró sus 55 años sin ningún tipo de novedad con respecto a su estado de salud, por lo que la noticia de su muerte causó sorpresa y especialmente tristeza en la nación sudamericana, tuvo en el tema Adiós, compuesto junto a su hijo mayor, Benito Cerati, quien siguió sus pasos, e incluido en su disco Ahí vamos (2009), trabajo que consolidó su carrera en solitario, un pasaje que hoy podría considerarse un epitafio idóneo para su despedida. “Separarse de la especie por algo superior no es soberbia, es amor. Poder decir adiós: es crecer”. Y es que si bien en vida ya era considerado una leyenda de la música popular de esta parte de Occidente, a partir de ahora será recordado como una figura revolucionaria y renovadora en la evolución del rock en América Latina, pues su olfato vanguardista, su capacidad de reinventarse constantemente y de saber adaptar a la idiosincrasia local las tendencias musicales del momento, se convirtieron en toda una universidad para su progenie y las subsiguientes generaciones de músicos.

Gustavo Cerati lanzó con Soda Stereo cinco álbumes más (del que destacó Canción animal, de 1990, con el que Latinoamérica se rindió a sus pies definitivamente)

Justo el día 27 del pasado mes se cumplieron 30 años del primer disco de Soda Stereo, titulado igual que el conjunto creado en 1982, con el que Cerati transformó los destinos del rock no sólo de Argentina, sino de América Latina. Si bien la escena de su país había cobrado fuerza a partir de la prohibición de pasar música en inglés durante la Guerra de Malvinas, el trío se tornó en un cachetazo al anacronismo al ofrecer un sonido contemporáneo y sofisticado, pero al mismo tiempo accesible a las masas. Lo que ratificó en su siguiente álbum, Nada personal, de 1985, con el que inauguró su desembarco en el resto del continente, incitado por su espíritu osado y aventurero. A pesar de que ya se conocía en otras latitudes el trabajo de exponentes de esa nación como Charly García, la banda que completaron el bajista Zeta Bosio y el baterista Charly Alberti fue realmente la responsable de la internacionalización y del prestigio que actualmente goza el rock argentino, pues, amén de su trayectoria, abrió las puertas para que otros colegas los secundaran en su cruzada.

Alumno insigne del camaleonismo bowiano, dueño de una de las muñecas guitarreras más prodigiosas del rock, poeta de la canción instantánea e instintiva, articulador del pop freestyler, apologista de la alusión, trabajólico taciturno, cazador de nuevos talentos, padre envidiable, y hombre generoso, Gustavo Cerati lanzó con Soda Stereo cinco álbumes más (del que destacó Canción animal, de 1990, con el que Latinoamérica se rindió a sus pies definitivamente) cuatro títulos en vivo y dos discos de corta duración, para luego iniciar su carrera solista. Aunque al principio sus fans y la prensa nacional y de la región lo castigaron por semejante acto de blasfemia, el músico, cuya hija más chica, Lisa, también heredó el legado artístico de su progenitor, avanzó a pesar de la adversidad y con la certeza de que algún día su decisión sería recompensada por la historia. Lo que sucedió recién 13 años después de editar su primer trabajo unipersonal, Amor amarillo, cuando puso a la venta el ya mentado Ahí vamos, con el que recobró su cualidad ultrahitera.

Una vez que hizo las paces con su presente, Cerati, aliviado y orgulloso, decidió regresar con Soda Stereo en 2007, a través de una de las giras más ambiciosas que se hayan realizado en la última década en el continente americano. No prometió volver con el trío, aunque tampoco lo desmintió. Poco le preocupaba eso en aquella ocasión, pues lo esperaba su nuevo disco en solitario, el quimérico Fuerza natural, de 2009, con el que salió a ver lo que el destino deparaba tras el equilibrio de su historia. Y vaya que sucedió lo impensable: el genio inmortal e inmoral cayó herido en la capital venezolana a causa de la sobredosis de trabajo. Muchos pensaron que lo mejor era que muriera en el acto, la forma más digna para una deidad de su talante, pero se quedó un ratito porque pudo más el amor de su madre Lilian, de sus hijos, y de sus fans, que el romántico imaginario del rock nocivo. Sin embargo, el “último moderno” de la Argentina no aguantó más. Ya estaba bien así. Ahora que finalmente descansa, es hora de devolverle al unísono esa frase que él mismo patentó: “¡Gracias totales!”.

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