Salvajismo adocenado
La pulcritud, el oficio y el cariño a la hora de elaborar un producto poco tienen que ver con el arte. Con esos aditamentos se puede conseguir un producto correcto


La pulcritud, el oficio y el cariño a la hora de elaborar un producto poco tienen que ver con el arte. Con esos aditamentos se puede conseguir un producto correcto, académico, al que no se le puedan ver claramente los defectos y, sin embargo, qué lejos está eso de las buenas películas. Si más allá de la pulcritud, el oficio y el cariño no hay riesgo, pasión y garra para salirse de la senda marcada, para no hacer lo mismo que otros centenares, te saldrá una película como la brasileña Xingu, aproximación de Cao Hamburger, al primer encuentro de la civilización con los indígenas del Amazonas en los años cuarenta, tribus aún desconocidas y que acabaron formando parte, años después, de un Parque Nacional. Una película de cuidada fotografía, bellos paisajes, nobles propósitos y evidente interés, a la que le falta el alma que proporciona el atrevimiento, la sorpresa, el talento innato.
XINGU
Dirección: Cao Hamburger.
Intérpretes: Joao Miguel, Felipe Camargo, Caio Blat, Maiarim Kaiabi, Tapaié Waurá.
Género: drama. Brasil, 2012.
Duración: 102 minutos.
Entre la aventura histórica, el acercamiento político y la denuncia social, Xingu parece una aparente buena película de hace 25 años que se ha quedado antigua por exceso de uso. La forma de narrar, aun episódica, de introducir la música y de montar cada secuencia, es correcta; también anodina, superada. Con un tema así era básica la espontaneidad, el hiperrealismo, la fuerza salvaje del cine. Y aunque el trabajo interpretativo de cabecera sea notable, en la esencial parte de los nativos, los ojos de los indígenas nunca reflejan el miedo, la incomprensión, el orgullo o la (des)esperanza, y sí el "qué hago yo aquí en una película en la que apenas tengo una frase".
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