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72ª feria del libro de madrid

Mujeres marginales pero distintas

La escritora Rosario Izquierdo se estrena en literatura con ‘Diario de campo’

La novela es un retrato de la precariedad en la periferia sevillana

Rosario Izquierdo en su casa de Dos Hermanas, Sevilla.
Rosario Izquierdo en su casa de Dos Hermanas, Sevilla.

Si no pronuncia la palabra "empatía", Rosario Izquierdo (Huelva 1964) la deja flotando en la conversación, como una tercera presencia muy tangible, que le sirve para hablar de su primera novela Diario de campo (Caballo de Troya). Esta escritora y socióloga ahora en paro ha pasado los últimos nueve años trabajando con mujeres en barrios marginales de Sevilla. Diario de campo parece un reflejo de su propia historia: la protagonista, de la que nunca sabremos el nombre, se reincorpora al mercado laboral en una oficina de asistencia social en la periferia de la capital andaluza y, desde su narración en primera persona, accedemos a escenarios reconocibles pero no identificables en que las cartas han sido muy mal repartidas. Es la inmigrante con burka que no puede sentirse tocada directamente por el aire de la ciudad “toda la sensualidad de los naranjos en flor y de la luz”, es la adolescente que se ha quedado embarazada y también la chiquilla que vende bragas en el mercadillo en vez de estudiar.

La novela es “un fresco social” de mujeres juzgadas desde un molde que no repara en su heterogeneidad

“La edad me ha dado más empatía para comprender y la sociología las herramientas para entender la exclusión social”, explica desde su casa de Dos Hermanas. Su escritura, añade sencillamente, es “una forma de desahogo, la manera natural de ordenar la experiencia” para la que han servido de referentes Belén Gopegui, Alice Munro, Virginia Woolf, Doris Lessing… pero también El corazón en las tinieblas, de Joseph Conrad y Gomorra, de Roberto Saviano. Con Diario de campo ha querido hacer “un fresco social” de mujeres juzgadas desde un molde que no repara en su heterogeneidad —“Son del polígono, de las Tres Mil Viviendas, las de Torreblanca…”, se dice de ellas—. La autora no ha querido “delimitar” el lugar exacto en que transcurre la novela en ese encuadre amplio que ha elegido justamente para que salgan las diferencias. “He evitado una descripción naturalista o hacer una novela localista. El tipo de realidad que trato lo es de Sevilla y de otras ciudades de su tamaño”.

Y así retrata los cuerpos femeninos en barrios marginales, que son objeto de maltrato, de descuido, de rechazo, cuenta la escritora. La narradora toma la crema que se aplica desde los 17 años por prescripción de su madre como elemento cotidiano, casi banal, para hablar de la discriminación desde sus raíces. Detalles nimios en apariencia que delatan la desigualdad. Sin embargo, intenta demostrar al mismo tiempo que la naturaleza “iguala al final a las mujeres por la menstruación, por el embarazo... El cuerpo termina descubriendo que no somos tan diferentes”.

Diario de campo se va estructurando en distintos fragmentos que responden a “los ritmos laborales de una mujer”, con sus barreras, sus momentos de precariedad, “a la realidad que el texto aborda”. Al final, la narradora vuelve a su propia experiencia para centrarse en su vida, y lo hace, relata la autora, por el impacto de “los cambios que el contacto con esas otras mujeres” le han ocasionado. Rosario Izquierdo define su obra como “novela” porque el lenguaje sociológico no la hubiera hecho posible. “Hay situaciones que no son reales pero que podrían serlo. Lo he querido contar con autenticidad. Es una historia verdadera”.

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