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crítica de 'r3sacón'

Fuga del modelo

Todd Phillips ha hecho un trabajo correcto, pero no tocado por la gracia: los personajes de Zach Galifianakis y Ken Jeong absorben la energía cómica

Zach Galifianakis, Bradley Cooper y Ed Helms, en el filme. pulsa en la foto
Zach Galifianakis, Bradley Cooper y Ed Helms, en el filme.

Cineasta forjado en el terreno del cine de no ficción de vocación contracultural, Todd Phillips ya había dado buena muestra de su excelencia y sofisticación en el campo de batalla de la comedia con películas como Road Trip. Viaje de pirados (2000) y Aquellas juegas universitarias (2003), que aportaban estimulantes vueltas de tuerca al modelo de farsa estudiantil instaurado en los ochenta. Tras dos películas bastante más rutinarias, el gran éxito le llegó con Resacón en Las Vegas (2009), película icónica del (nuevo) buen estado de salud del género, que retomaba el gusto por las estructuras narrativas retorcida de Road Trip. Viaje de pirados y el interés por la inmadurez en estado crepuscular de Aquellas juergas universitarias, vistiéndolo todo con una producción generosa y un afinado y pirotécnico sentido del espectáculo. Parecía una jugada maestra: una comedia grosera que nadie se avergonzaba de haber visto y que incluso permitía a la crítica mentar desde El año pasado en Marienbad (1961) hasta Memento (2000).

R3SACÓN

Dirección: Todd Phillips.

Intérpretes: Zach Galifianakis, Bradley Cooper, Ed Helms, Ken Jeong, John Goodman.

Género: comedia. EE UU, 2013.

Duración: 100 minutos.

Si a la poderosa y brillante secuela que fue Resacón 2 ¡Ahora en Tailandia! (2011) se le reprochó ser una fotocopia del original con reubicación geográfica (acusación por lo menos discutible), R3sacón parece invertir toda su energía en que la acusen de lo contrario: de renunciar a la mecánica de la saga y proponer algo (casi) completamente diferente, una comedia de acción con toques de heist movie desaforada (y este reproche está cargado de razón). Phillips ha hecho un trabajo correcto y eficaz, pero no tocado por la gracia: los personajes de Zach Galifianakis y Ken Jeong absorben toda la energía cómica de pelotón, dejando al habitualmente impecable Ed Helms sin demasiada posibilidad de juego. Queda, eso sí, una secuencia insertada entre los créditos finales para satisfacer a los integristas de la franquicia y un equilibrado repertorio de momentos afortunados —el gag de la jirafa, el funeral del padre— que salvan una película innecesaria.