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Códice público, códice privado

Con la vuelta de la joya bibliográfica a la Catedral, empieza el debate sobre su futuro

El deán pide confinarlo “en un lugar secreto”; Feijóo quiere aprovechar su fama actual

Urna con réplica del Códice Calixtino expuesta en la Catedral de Santiago de Compostela esta semana.
Urna con réplica del Códice Calixtino expuesta en la Catedral de Santiago de Compostela esta semana.

“¡No ofendas a Dios!”, exclama como si entonase un vade retro el deán de la Catedral de Santiago, José María Díaz, cuando un periodista de EL PAÍS le pregunta si cabe la posibilidad de que el Códice Calixtino esté mejor custodiado en un lugar que no sea la basílica. Desde que la joya recobrada esta semana desapareció hace exactamente un año, han sido muchas las voces autorizadas que se han alzado para reclamar más medidas de seguridad y una custodia mejor que la que ofrece la Iglesia para este manuscrito y todo ese patrimonio que año tras año se va escapando por los coladeros de los templos parroquiales y las grandes basílicas gallegas.

La Real Academia Galega fue la más contundente. Su secretario, Xosé Luis Axeitos, defendió tras la recuperación del valioso libro del zulo en el que dormitaba envuelto en bolsas y cartones, que es “inviable mantener el códice dentro de la catedral en unas mínimas condiciones de seguridad”. “Debería protegerse fuera”, sostuvo, en un gran espacio que albergue todas las joyas de la cultura gallega. “Negarse a esto para no ofender a Dios es un disparate y demuestra la poca profesionalidad de quien hace esas afirmaciones”, comenta en una crítica al deán y canónigo archivero que tenía la responsabilidad de preservar el códice cuando se robó.

Sin llegar tan lejos, porque no han pedido directamente que el Codex Calixtinus, la primera guía de viajes conocida en el mundo, abandone para siempre el recinto catedralicio, tanto la Fiscalía como el Consello da Cultura Galega y otros representantes de la defensa del patrimonio han pedido esta semana que el volumen sea para todos. Estas instituciones han propuesto que sea expuesto al público y no vuelva a esconderse en una cámara de seguridad en lo más hondo del archivo de la catedral. Con cristales blindados, vigilancia y unas medidas de preservación adecuadas, como las que velan por otras obras de arte en museos del mundo entero, el códice podría ser visto por todos los ciudadanos, ahora que su robo le ha dado notoriedad mediática.

Existe interés y hay que aprovecharlo. Y así lo ha defendido, una y otra vez, el propio presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo, que invitó a aprovechar esta publicidad. El mismo día en que la Policía Nacional rescató el manuscrito medieval, Feijóo habló con el arzobispo de Santiago, Julián Barrio, sobre “las posibilidades de exposición”, y las medidas de seguridad “manifiestamente mejorables” de la catedral.

El templo es el más visitado de España, pero solo tiene un guarda por turno

No obstante, el canónigo que a pesar de lo que ha llovido todavía continúa como jefe del cabildo, José María Díaz, habla de unos planes diametralmente opuestos. El robo, a él, le ha demostrado precisamente que el Códice Calixtino (considerado por el gobierno de la catedral como el segundo elemento más valioso que posee después de las reliquias que dan nombre a la ciudad y que supuestamente son del apóstol hijo de Zebedeo) no estaba lo suficientemente escondido. Por eso se propone vetar más aún de lo que estaba su acceso a los investigadores y confinar el libro a “un lugar secreto” del que solo tendrán constancia “dos o tres personas”. Huelga decir que en el seno de la institución que preside hay voces discordantes que consideran peligrosa la medida. El director del museo catedralicio, Ramón Yzquierdo, sugiere que “si por un casual les pasa algo a esas dos o tres personas”, la joya bibliográfica “se perdería” nuevamente, aunque fuese dentro de los propios escondrijos y pasadizos del templo.

El deán, de todas formas, insiste en que la “importante inversión” en seguridad ya está hecha. Y es cierto que el templo ha contratado los servicios de una empresa externa que diseña un protocolo y un sistema de vigilancia, que se encarga de entrenar al personal (todo él, sean monaguillos, monjas o auxiliares del culto como los tiraboleiros, los hombres que realizan el ceremonial del botafumeiro) para que se mantengan alerta y controlen las entradas. No obstante, es un sueño peregrino imaginar una basílica blindada. La Catedral de Santiago es un paisaje laberíntico con demasiadas puertas y demasiadas figuras. Encabeza la tabla de los templos católicos de España en número de visitas, pero solo tiene un guardia de seguridad en cada momento porque, según el cabildo, no se puede pagar más. La seguridad del año santo, con vigilantes profesionales apostados en cada acceso, costó 300.000 euros.

En Galicia el 80% del patrimonio artístico está en manos de la Iglesia

Tras la desaparición del Códice Calixtino, la Fiscalía Superior de Galicia redactó un ambicioso proyecto denominado Igrexa (Iglesia) segura que a la sazón, cuando la protección fue puesta en entredicho, fue bien acogido tanto por la Xunta como por el Arzobispado de Santiago. El proyecto contemplaba la creación de un cuerpo de voluntarios supervisados por expertos en Patrimonio que aportaría el Gobierno gallego y que serían formados para realizar un inventario de bienes de la Iglesia en la comunidad y para velar después por ellos. En una Galicia dispersa y de extenso rural diseminado, con 3.792 templos parroquiales, la sangría de obras valiosas es una auténtica hemorragia. Y el 80% del patrimonio artístico gallego está en manos de la Iglesia. Un año después de presentar este proyecto, únicamente el obispado leonés de Astorga (del que dependen unas cuantas parroquias de Ourense) ha dado su visto bueno. Las cinco diócesis gallegas siguen pensándoselo y callan.

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