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Nace una opción catalanista que desautoriza el ‘procés’ unilateral

Cerca de 300 ciudadanos de distintas corrientes catalanistas se reunirán el próximo sábado para alumbrar una alternativa al secesionismo

independencia cataluña
El 'president' Quim Torra, el pasado jueves, a su llegada en un acto en Cornellà (Barcelona).

Cerca de 300 ciudadanos de distintas corrientes catalanistas se reunirán el próximo sábado en el Monasterio de Poblet (Tarragona) para alumbrar una alternativa al secesionismo unilateral e ilegal. Y que desautoriza al procés por imposible y fracasado y porque ha fracturado en dos a la sociedad catalana, pero sin renegar frontalmente de la independencia. Es una “autoconvocatoria” de la “sociedad civil” que lleva meses ultimando cuatro documentos constitutivos de un “programa de país” con pretensión de ser transversal. La presentación oficial se hará esta semana en Barcelona.

La potencia de la iniciativa —bautizada El país de demà, El país de mañana— reside en que no se basa en la coordinación de los múltiples círculos surgidos de la debacle de la nacionalista Convergència (CDC) y la desaparición de la democristiana Unió. También en que, aunque se espera que acudan personajes como la exlíder del PDeCAT Marta Pascal, o los exconsejeros Lluís Recoder (CDC) y Jordi Williams (socialista) o el teniente de alcalde barcelonés Albert Batlle, ellos no dirigen el proyecto.

Abundan entre los 270 participantes en la red profesionales treintañeros (que han sido muy activos en la redacción de los trabajos), politólogos, sociólogos, exletrados del Parlament y ejecutivos. El coordinador es el economista y director general de la fundación de la Escola de Disseny Industrial, Antoni Garrell. Otro de lo que sus promotores consideran sus puntos fuertes es que no proyectan hoy por hoy la creación de un partido, sino una reflexión de “estados generales” del catalanismo con un fuerte componente autocrítico.

La iniciativa nació con la reunión de trabajo de 43 personas y la discusión inicial de cuatro esquemas (valores, política, economías y modelo social) el pasado 29 de junio en el Palau Macaya de Barcelona. “Inexorablemente desembocará en la creación de una asociación”, pronostican sus patrocinadores, de la que ya tienen el dominio de Internet registrado, aunque eso se decidirá en Poblet.

Esos esquemas de discusión han alumbrado sendos documentos de calado (totalizan 120 páginas), aún sometidos a enmiendas, a los que ha accedido EL PAÍS, y que se presentarán públicamente al inicio de esta semana. El esquema es pues el inverso de otras iniciativas: parte desde abajo, y no de una coordinación de varios dirigentes desde arriba.

Los textos propugnan un catalanismo taxativamente alejado de la unilateralidad y de la violación de la legalidad, así como un programa reformista mínimo para reforzar el autogobierno. También un enraizamiento en los valores europeos, la cohesión social y la “identidad múltiple”, a medio camino entre el comunitarismo y una socialdemocracia suave.

Y un reformismo económico radical que entrecruza planteamientos liberales y sociales, con énfasis en la “economía del conocimiento” y la revolución tecnológica: prevé tecnológicamente factible la semana de 20 horas, y propugna la política de “rentas mínimas” para distintos colectivos, sin llegar a la renta universal.

Aunque esas propuestas económicas están en la vanguardia del debate europeo, lo que concitará más atención será la ponencia política. Sostienen sus redactores que “la independencia es un objetivo legítimo”, pero que si se opta por ella debe ser por vías opuestas a las del procés: mediante “la renuncia a la unilateralidad, el cumplimiento de la ley y una gestión realista” y pactista.

La iniciativa nació con la reunión de trabajo de 43 personas y la discusión inicial de cuatro esquemas

Pero también describe que se trata de un objetivo “difícilmente alcanzable”, si “no cuenta con un apoyo social claramente mayoritario” y “de la comunidad internacional”. Por eso el procés secesionista ha sido “un fracaso estratégico, que mucha gente todavía no quiere reconocer”.

Un fracaso trufado de “gran improvisación”, “tacticismo”, falta de “respeto a las leyes” y una “vía unilateral” que “rompió con una larga tradición pactista” del catalanismo. Así se convocó “un referéndum para la independencia al que no se sentía convocada una parte muy importante de la sociedad”, evalúa el texto.

El fiasco llegó porque se violó el principio de que “las reglas de juego deben respetarse pues no son separables del principio democrático”, y es “indispensable que se respete la independencia judicial”. Así, “no solo ha impedido” llegar a “la independencia que se perseguía, sino que ha propiciado la crisis más importante de la historia reciente de Cataluña; en vez de servir para avanzar nos ha hecho retroceder”, dividir a los catalanes, y dañar el resultado de “muchos años de política integradora”, concluye el documento.

Por eso proponen un programa que respete la Constitución y se base en cinco ejes: la completa recuperación del Estatut de 2006; una amplia “transferencia de competencias en educación, lengua, cultura, derecho civil e inmigración”; el “principio de la integridad competencial en el ejercicio de la potestad legislativa”; una reforma de la financiación autonómica y “un sistema de relación bilateral con el Estado”, ideas “no exhaustivas, sino indicativas”.

Una sociedad tecnológica al servicio de la cohesión social

El capítulo económico es lo más moderno entre los que manejan los programas de los partidos catalanes, en general adscritas al conocido mecanismo de recorta y pega.

Aunque las (poco conocidas) propuestas fiscales de Units per avançar son también novedosas, pues persiguen un hilo conductor que también se halla en las de El País de demà: el equilibrio de derechos y deberes y la apelación a la responsabilidad social, en el cumplimiento de las reglas, el respeto al medioambiente y el pago de impuestos.

El punto de partida de la nueva red no es el pasado, sino el presente, y aún más, el inmediato futuro: “el conocimiento y el capital humano se dibujan como las bases imprescindibles para vertebrar un modelo productivo competitivo, innovador y sostenible”.

Por eso, enfatiza “el talento de las personas” (y su “retención”) como uno de “los factores más estratégicos” y “generador de bienestar”. Y por tanto la formación, la investigación y el desarrollo y las vocaciones empresariales. La inversión pública debe tener un papel clave en el apoyo de la movilidad y particularmente del ferrocarril; la generalización de la banda ancha; y el despliegue del 5-G. La empresa privada se considera el eje principal de la economía de mercado, y se postula el aumento de tamaño de las microempresas, si conviene con estímulos públicos; y su mejor financiación, no solo bancaria.

Frente al tremendismo con que algunos enfocan la robotización manufacturera en curso, la red propone la formación continua, la reinvención de los perfiles profesionales, el énfasis en la cohesión social y la asunción de que “hoy hay capacidad tecnológica suficiente para ajustar la jornada a 20 horas semanales”.

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