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La grulla que llegó de la prehistoria

La Universidad de Barcelona presenta una obra excepcional de arte paleolítico con una escena de aves y humanos

En vídeo, la investigadora Inés Domingo junto a la piedra paleolítica con la escena de grullas y humanos. Vídeo: EFE

La migración primaveral de las aves viene precedida este año de un avistamiento excepcional: una grulla llegada desde la prehistoria. El pájaro, representado esquemáticamente pero completo en relieve en una piedra calcárea de 30 centímetros de longitud, es la figura predominante de una misteriosa escena narrativa de arte paleolítico portable en la que aparece otra ave, que los expertos identifican como una cría de la primera, dos seres humanos y lo que podría ser un símbolo. El excepcional hallazgo (pues solo se conocen otros tres casos en Europa de arte paleolítico en el que aparezcan escenas de interrelación de humanos y aves) lo efectuaron investigadores de la Universidad de Barcelona (UB) en el yacimiento de l'Hort de la Boquera (Margalef de Montsant, Tarragona) y ha sido presentado este lunes en el Aula Magna de la UB. El estudio de la obra, una creación artística de 12.500 años realizada con un buril de sílex, aparece publicado en el último número de la prestigiosa revista L'Anthropologie.

En la piedra, que tiene una forma similar a la de un pollo asado y ha sido exhibida en la presentación, se aprecian las fascinantes figuras, especialmente bajo una luz lateral. La más grande, la de la grulla adulta, es notable por su realismo y hace pensar en que acaso la dibujó un pionero prehistórico del birdwatching, un Jordi Sargatal del paleolítico superior, vamos. Los investigadores (del Seminario de Estudios e Investigaciones Prehistóricas, SERP, de la UB), sin embargo, han matizado que, pese al naturalismo del grabado y lo fidedigno de la grulla, seguramente el ave tenía un significado simbólico.

Inés Domingo, Pilar García Argüelles, Jordi Nadal y Josep Maria Fullola, que firman con José L. Lerma y Miriam Cabrelles el artículo Humanización en el arte paleolítico europeo: nuevas pruebas visuales de la interacción humanos / aves en el yacimiento de L'Hort de la Boquera (Margalef de Montsant, Tarragona, España), explicaron y valoraron el hallazgo, considerado "un hito excepcional del arte rupestre paleolítico europeo por su rareza y su estado de conservación" y "un descubrimiento capital en el contexto catalán, atendiendo a las pocas muestras de arte paleolítico en Cataluña".

Dibujo del relieve con la grulla adulta (4), los dos humanos (1-2), el signo (3) y la cría del ave (5).
Dibujo del relieve con la grulla adulta (4), los dos humanos (1-2), el signo (3) y la cría del ave (5).

Domingo ha explicado que dos de las figuras son bípedas y con detalles que las identifican en el arte paleolítico como humanas (asexuadas) o a medio camino entre lo humano y lo animal. Otras dos "son claramente aves", la grulla adulta y la otra figura más difícil de interpretar que la precede pero que se define como una cría que estaría siendo protegida por la madre. Una quinta representación, relacionada con uno de los humanos, es la de un motivo no identificado que podría ser un boceto descartado de una figura, un signo o incluso un arma.

La grulla adulta está en una postura que apunta a que podría tratarse de un animal muerto, interpretación reforzada por un impacto o muesca en la piedra de la zona del pecho del ave como si se quisiera sugerir que el animal había sido cazado, ya fuera por motivos culinarios, para obtener las plumas u otro propósito simbólico. En todo caso, en el yacimiento, un abrigo rocoso de nueve metros de largo que fue ocupado estacionalmente, no hay evidencias de que se cazaran y consumieran aves de ningún tipo (los restos animales que han aparecido son en su inmensa mayoría de cabra montés, con algunos conejos).

Una grulla común.
Una grulla común.

Símbolo de longevidad

La investigadora ha recalcado que no hay muchas representaciones de aves en el arte paleolítico (de ellas, la mayoría especies acuáticas, aves de presa y córvidos, aunque más de la mitad del conjunto no son identificables) y poquísimas de grullas —entre ellas las de Arancou, Bruniquel o Laugerie-Basse—. Pero sobre todo lo que hace única la piedra de l'Hort de la Boquera a nivel europeo, ha destacado Domingo, es la combinación de grullas y humanos en una escena narrativa. Las cuatro figuras están alineadas en fila en la misma dirección, vemos que algo ocurre, pero "se nos escapa el sentido". Solo se conocen otras tres escenas semejantes con aves en toda Europa (Lascaux, Teyjat y Gönnersdorf). "Vemos que en el paleolítico superior las aves no solo servían para comer sino para pensar", ha reflexionado la estudiosa. "Eran significativas en el mundo simbólico". Hay que recordar que las grullas han sido vistas en distintas culturas, desde la celta a la china pasando por los pueblos nativos de Norteamérica, como aves símbolo de longevidad, prosperidad y pureza.

Fullola ha abundado en lo enigmático de la escena protagonizada por la grulla. "Siempre está el misterio, hemos perdido los referentes, no sabemos y acaso nunca podamos saber qué significa lo que representó el artista paleolítico, es como si alguien ajeno a nuestra cultura tratara de entender nuestras señales de tráfico o las figuras sagradas de nuestras iglesias". Haría falta un Panovsky o un Lévi-Strauss magdalenienses. Domingo, que ha estudiado las representaciones de animales en los mal llamados pueblos primitivos actuales, para comparar, ha añadido al respecto que al antílope Eland, por ejemplo, se representaba en África para atraer las lluvias. Y ha recordado los vínculos totémicos con los animales en las sociedades indígenas australianas.

El hallazgo de la piedra ilustrada se produjo en 2011 pero no se ha hecho público hasta ahora. "Ha hecho falta restaurar la obra, una larga preparación previa, acabar la excavación y años de investigación para llegar a publicar; un protocolo muy riguroso", ha explicado Nadal. En el abrigo rocoso han aparecido más de 34.000 restos, aunque ninguna otra pieza similar.

Nadal, que es arqueozoólogo, ha señalado que creen que la grulla representada es una grulla común (Grus grus), aunque ha recalcado que no está claro que los humanos del magdaleniense tuvieran el mismo afán taxonómico que nosotros. "Y no sabemos qué les interesaba representar, es muy posible que algo que superara lo físico, un sentido o una fuerza sobrenatural o espiritual. Es un arte sagrado".

 

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