La crisis del coronavirus

El semáforo epidemiológico con el criterio de la UE pone en rojo a toda España menos Asturias

Los Veintisiete armonizan las reglas para cerrar fronteras y limitar la movilidad con el fin de salvar Schengen

Miembros de una familia pasean junto a las instituciones europeas en septiembre.
Miembros de una familia pasean junto a las instituciones europeas en septiembre.YVES HERMAN / Reuters

Con una segunda ola ya en marcha golpeando las cuatro esquinas del continente, la Unión Europea pretende acabar con el desbarajuste fronterizo que fue protagonista en los primeros embates de la pandemia la pasada primavera. Para garantizar que los europeos puedan ejercer su derecho de desplazarse libremente por todo el territorio, los Veintisiete establecerán criterios científicos comunes y armonizarán las acciones de respuesta frente a la emergencia sanitaria. Una idea fuerza late bajo la propuesta, a la que ha tenido acceso este periódico: las restricciones a los movimientos de las personas deberán ser el último recurso. Todo por salvar Schengen, el espacio de libre circulación, malherido tras meses de crisis del coronavirus.

Las medidas se tomarán en función de los colores de una especie de semáforo europeo que mida el avance de la pandemia: en ese semáforo, hoy, España sería un vasto territorio en rojo, con todas las comunidades autónomas, salvo Asturias, además de Ceuta y Melilla, envueltas en tonos bermejos. Incluso Canarias, donde la incidencia acumulada es la más baja de España (96 casos por 100.000 habitantes en los últimos 14 días, según los datos notificados este jueves), tendría el semáforo rojo al superar ese 4% de positividad

Las propuestas, detalladas en un texto que votará el Consejo de Ministros de la UE presumiblemente la semana que viene, persiguen armonizar los criterios epidemiológicos y las reglas para restringir los viajes entre los Veintisiete. Se trata de evitar los confusos momentos vividos hasta ahora, en los que los países han estado limitando movimientos basándose en criterios propios, y haciéndolo de la noche a la mañana, sin notificación previa. En julio, por ejemplo, Bélgica llegó a prohibir a sus ciudadanos desplazarse a determinadas zonas de España que, según sus criterios nacionales particulares, se encontraban “en rojo”. Y en septiembre, sin previo aviso, Hungría decidió echar el cerrojo de sus fronteras al resto de países europeos.

La propuesta actual pretende evitar esta ausencia de coordinación. Pide a los Gobiernos que avisen con tiempo suficiente a la Comisión Europea y a los países afectados de las medidas que se tomen. Y cimenta toda decisión sobre números, umbrales y criterios objetivos y supranacionales: pactados a nivel europeo.

En concreto, el documento reclama a los Estados que proporcionen al Centro Europeo para la Prevención y el Control de las Enfermedades (ECDC, por sus siglas en inglés) información semanal, tanto nacional como desagregada a nivel regional, de tres indicadores clave: la tasa acumulada a 14 días de contagios por 100.000 habitantes; la tasa de positividad de los test (el porcentaje de casos detectados entre todas las pruebas realizadas); y la tasa de test (el número de pruebas realizadas por cada 100.000 habitantes en la última semana).

Con estos indicadores, el ECDC deberá actualizar cada semana un mapa epidemiológico de tres colores —verde, naranja y rojo— en función del cual los distintos países puedan optar por tomar medidas.

El disco se encontraría en verde cuando la incidencia acumulada sea menor a 25 por cada 100.000 habitantes y la positividad de los test inferior al 4%; pasaría a ámbar si la tasa acumulada a 14 días supera los 50 por 100.000 habitantes y la de positividad se encuentra por encima del 4% o bien si esta es inferior al 4%, pero la tasa acumulada de nuevos casos se encuentra entre 25 y 150 por cada 100.000 habitantes; finalmente, una región pasaría a rojo cuando la tasa acumulada se encuentre por encima de los 50 nuevos contagios por cada 100.000 habitantes y la positividad de las pruebas supere el 4% y, en todo caso, siempre que se superen las 150 notificaciones acumuladas por cada 100.000 habitantes.

Como principio general “los Estados miembro no deberían rechazar la entrada de personas que vengan de otro Estado miembro”, afirma la propuesta, casi como una especie de cláusula de salvaguarda de Schengen. Y en ningún caso deberían tomarse medidas restrictivas frente a áreas coloreadas en verde por el ECDC. Cuando las subregiones pasen a naranja o rojo, sí podrán limitarse los desplazamientos, una competencia exclusiva de los países en cuyo contenido el texto no se adentra.

Para tratar de evitar próximos cerrojazos y un posible caos en los próximos meses, cuando llegue el frío y la temporada de gripe podría coincidir con el ascenso de infectados, la propuesta sugiere alternativas, como las cuarentenas o las pruebas de covid-19 a la llegada o incluso las realizadas en el lugar de origen, antes de partir. Para ello el texto reclama que los Veintisiete “deberían reconocer mutuamente los resultados de los test de covid-19 llevados a cabo en otros Estados miembro”. Y propone además armonizar un “formulario de localización de pasajeros” para toda la UE, de modos que se exija el mismo en todas partes, algo así como la tarjeta sanitaria europea.

La propuesta, una vez aprobada por los ministros de los Veintisiete, pasaría a tener categoría de recomendación, una figura que no obliga jurídicamente a los países pero sí supone una guía de comportamiento y marca el camino a seguir. Y al ser un texto aprobado por los gobiernos, les vincula.

Siguiendo los criterios epidemiológicos del documento, un puñado de países de la UE, además de España (Francia, Países Bajos, Bélgica, República Checa y Luxemburgo), todos ellos con tasas acumuladas superiores a 150 infectados por cada 100.000 habitantes, según los datos actualizados del ECDC, pasarían ahora automáticamente al color rojo. Sin embargo, la idea del texto implica trascender el nivel estatal y no cerrar las fronteras de los países en su conjunto sino descender al detalle, a áreas territoriales menores, “para asegurar que las medidas [restrictivas] tengan como objetivo las regiones en las que sea estrictamente necesario”. Otra forma de salvaguardar el espacio de libre movimiento de personas.

“España lo ha vivido antes, pero todos estamos en apuros”

Mark Van Ranst, uno de los virólogos más reputados y mediáticos de Bélgica, de la Universidad KU Leuven, coge el teléfono desde el tren y al otro lado de la línea saluda la propuesta de la Unión Europea, porque hasta ahora, dice, cada país ha tenido que ir “cazando datos” para tomar decisiones. Cree que es un acierto tener números oficiales desagregados por áreas: “No ayuda tener solo información sobre España en conjunto, la necesitas sobre las diferentes regiones. Y eso es lo complicado”. La idea, explica, es que el nuevo mapa por colores que tendrá que elaborar el ECDC sea “aún más detallado” que lo que ya elabora en la actualidad esta agencia con sede en Estocolmo (Suecia).

Quizá el aspecto más positivo de la propuesta, añade el experto Van Ranst, es que desvincula las decisiones sobre cierres de fronteras de los criterios políticos, una tónica que se vio al inicio de la pandemia, con los países replegados sobre sí mismos, buscando mascarillas y respiradores, cerrando muros, y tomándose estos cierres casi como una pugna entre Gobiernos. “Que un país pase a otro a color rojo siempre es percibido como una agresión”, explica el virólogo. Por lo que el Estado afectado, enseguida articula una respuesta recíproca, volviendo la pandemia una contienda política alejada de la ciencia.

La armonización a nivel europeo es por tanto un paso en la buena dirección. “Las decisiones deberían estar basadas en datos”, dice Van Ranst. “No en sentimientos y emociones. Tenemos que ser más inteligentes y comportarnos como los Estados Unidos de Europa”. Da la bienvenida a todo lo que signifique una mayor coordinación. Sin embargo se muestra “cautelosamente optimista” sobre los efectos de esta nueva medida. Y mientras sigue avanzando su tren, y también la pandemia por la UE, reflexiona: “Si vuelven los confinamientos y la situación se endurece, es probable que la gente se olvide de estas normas”.

En esa tendencia anda sumida Europa: con Madrid de nuevo al borde del precipicio, y París cerrando a cal y canto sus bares y cafeterías, lo mismo que Bruselas. Tal y como ve las cosas este especialista: “La cinética de la epidemia sigue una misma tendencia: primero fue España en verano, luego Francia y ahora son los Países Bajos y Holanda. La forma de la curva es idéntica. A España le ocurrió un poco antes, pero estamos todos en apuros”.

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