El virus excarcela a 376 mafiosos en Italia

El ministro de Justicia trata de rectificar con un nuevo decreto, pero decenas de capos históricos ya están en la calle por motivos sanitarios

Reclusos de la cárcel San Vittore de Milán durante una protesta el 9 de marzo.
Reclusos de la cárcel San Vittore de Milán durante una protesta el 9 de marzo.Anadolu Agency (EL PAÍS)

La pandemia solo trae buenas noticias a la mafia en Italia. Primero sembró el terreno ideal para su crecimiento en los barrios desfavorecidos de Nápoles, Palermo o Reggio Calabria. Y ahora ha permitido la excarcelación de 376 capos debido a su avanzada edad y a patologías previas que ponían en riesgo su vida. Todos ellos están ya en arresto domiciliario. Pero a esa lista de nombres, publicada por La Repubblica esta semana, podrían sumarse también otros 6.000 presos con menos de 18 meses de condena por cumplir y muchos otros capos que ya han solicitado acogerse a la medida. El movimiento provocó la dimisión del jefe del Departamento de Administración Penitenciaria (DAP) y ha desatado una tormenta política que amenaza con tumbar al ministro de Justicia, Alfonso Bonafede.

Las calles de Italia han visto desfilar en una semana a toda una galería de grandes estrellas del crimen organizado. Pasquale Zagaria, hermano del supercapo de la Camorra, Michele Zagaria, y miembro del clan de los Casaleses, ya está en libertad. Estaba condenado al régimen de aislamiento del 41 BIS, el más duro de Italia, por ser el tesorero de uno los mayores grupos criminales de la historia de Italia (ellos emitieron la condena a muerte de Roberto Saviano). A Palermo ha vuelto Francesco Bonura, lugarteniente del jefe de la Cosa Nostra Bernardo Provenzano. También Franco Catalado, condenado a cadena perpetua por haber disuelto en ácido, por orden del boss Totò Riina, al hijo de 13 años de un arrepentido. Vincenzo Iannazzo, alto mando de la ‘Ndrangheta, la poderosa mafia calabresa, pasa estos días junto a la familia en el corazón de Lamezia. Son cuatro ejemplos.

El ministro Bonafede, figura clave del Movimiento 5 Estrellas (M5S) y padrino de Giuseppe Conte como candidato a primer ministro hace dos años, pretendía aliviar la presión en las cárceles, donde varios motines terminaron con decenas de fugas y la muerte de 13 reclusos. Pero no vio venir el incendio. La oposición, liderada por el exministro del Interior, se ha lanzado en tromba pidiendo su cabeza. Pero no son los únicos molestos.

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El runrún llega desde altas instancias de la Fiscalía antimafia, empezando por su máximo responsable, Federico Cafiero De Raho, y alzan la voz personajes como Roberto Saviano, que ha recordado que debe velarse por la salud y dignidad de cualquier preso. Las garantías son para todos, y en eso se basa un sistema de cárceles democráticas. Pero en ningún caso debía abordarse desde el arresto domiciliario, apunta. El periodista, como muchas otras voces, ha pedido que cumplan su condena en centros sanitarios de alta seguridad y no en sus casas.

El riesgo de fuga de muchos de estos capos es altísimo, señalan a EL PAÍS fuentes de la Fiscalía de Palermo. “Tienen todavía un control del territorio elevado y les resulta fácil encontrar ayuda para esconderse”, insisten. Llueve sobre mojado. Al desaguisado de estos 376 presos, se añade también la excarcelación de todos los capos condenados en los años 80 y el regreso de algunas familias que habían emigrado a EE UU cuando explotó la gran guerra entre clanes en Sicilia. Además de los que están ya en la calle, podrían salir ahora históricos como el corleonés Leoluca Bagarella (corresponsable, entre otros crímenes, del asesinato del magistrado Giovanni Falcone), Nitto Santapaola, firmante del asesinato del general Carlo Alberto dalla Chiesa, o el fundador de la Nueva Camorra Organizada, el legendario Raffaele Cutolo. Tienen todos más de 70 años, sufren alguna patología y están dentro de la lista que hizo la autoridad judicial.

El ministro de Justicia se ha visto obligado a rectificar y anunciar un decreto ley que permitirá a los jueces revisar las condiciones que permitieron las excarcelaciones. El texto del decreto trata de pasar de puntillas por la polémica y se escuda en “el nuevo cuadro sanitario” para dar marcha atrás. La crisis, dice el ministro, ha remitido en las últimas semanas. “Los mafiosos son como la pasta de dientes, una vez fuera del tubo es complicado volverlos a meter”, señala el mismo magistrado.

Bonafede tuvo que comparecer el miércoles en el Parlamento para dar explicaciones. También para responder a las gravísimas acusaciones lanzadas por el fiscal Nino Di Matteo, el magistrado que investiga desde hace décadas las conexiones entre la mafia y el Estado en los años noventa. El fiscal acusa ahora al ministro de Justicia de impedir su ascenso a jefe del Departamento de Administración Penitenciaria (precisamente el cargo que debía velar por la salida de los presos) condicionado por las exigencias de los jefes mafiosos. Bonafede contestó que se trataba de una “hipótesis infame, infundada y absurda” y volvió a ratificarlo en sede parlamentaria. Pero el incendio es mayúsculo y Conte deberá decidir ahora entre salvar o soltar lastre, y dejar caer al hombre que le introdujo en política.

Italia autoriza la celebración de misas desde el 18 de mayo

Fieles separados por más de un metro y sacerdotes con mascarilla durante la comunión. El próximo 18 de mayo los italianos podrán volver a misa bajo estrictas medidas de seguridad sanitaria que ya han sido diseñadas. Termina así una dura negociación entre la Conferencia Episcopal Italiana y el Gobierno. Un tira y afloja que estuvo a punto de saltar por los aires la semana pasada cuando los obispos se lanzaron en tromba contra el primer ministro, Giuseppe Conte, por haberles dejado fuera del plan de desescalada. La tensión llegó a tal punto que tuvo que salir al paso el papa Francisco para pedir obediencia a los prelados.


El Gobierno prohibió la asistencia a misas a principios de marzo. Pero la mayoría de las iglesias seguían abiertas durante la crisis para la oración individual. El protocolo firmado por el primer ministro y el cardenal Gualtiero Bassetti, presidente de la Conferencia Episcopal Italiana, pone fin la incertidumbre y quejas de los fieles. Cada sacerdote y parroquia determinará la cantidad máxima de personas que puede caber en una iglesia. La idea es respetar el metro de distancia y trasladar la presión de los domingos a misas suplementarias, ya sean ese mismo día o durante la semana. Los fieles deberán usar mascarillas en el interior de la iglesia, pero los sacerdotes podrán decir la mayoría de la misa sin ella. Llevarán guantes y volverán a cubrirse el rostro cuando distribuyan la comunión.


Los coros estarán prohibidos por el momento, las fuentes de agua bendita no volverán a llenarse y los fieles no podrán darse la paz al concluir la celebración. La colecta permanecerá. Pero serán los fieles quienes deberán ir a depositarla a una suerte de hucha.


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Sobre la firma

Daniel Verdú

Nació en Barcelona en 1980. Aprendió el oficio en la sección de Local de Madrid de El País. Pasó por las áreas de Cultura y Reportajes, desde donde fue también enviado a diversos atentados islamistas en Francia o a Fukushima. Hoy es corresponsal en Roma y el Vaticano. Cada lunes firma una columna sobre los ritos del 'calcio'.

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