La crisis del coronavirus

Objetivo: llegar a España y no perder el curso

Los 8.000 alumnos que estudian fuera reciben la orden de regresar. Educación busca cómo convalidar sus estudios

Gustavo Stuyck en el instituto de Beaver Dam (Wisconsin, EE UU) en el que estaba estudiando hasta la semana pasada.
Gustavo Stuyck en el instituto de Beaver Dam (Wisconsin, EE UU) en el que estaba estudiando hasta la semana pasada.

Desde su casa en Baiona (Pontevedra), Fe Framil puede atestiguar que hay cosas mucho peores que estar pasando la cuarentena con los hijos en casa. El suyo, Álex, de 16 años, está a 7.000 kilómetros de distancia y con un incierto viaje por delante después de que AFS Intercultura, la asociación con la que viajó, haya decidido, como el resto de entidades que organizan estancias educativas en el extranjero, dar por concluido el curso y hacer volver a España a sus alumnos. En total, hay más de 8.000 estudiantes españoles en una situación similar, dijo este miércoles la ministra de Educación, Isabel Celaá, que a la precipitada salida de los países de acogida suman las dudas sobre qué ocurrirá con sus estudios.

El Gobierno estudia fórmulas para que los convaliden y no pierdan el curso. Celaá, afirma que es “muy importante” que los alumnos “completen” y “consigan certificar” el año escolar en el centro donde lo han empezado. Pero que, si no lo logran, se abrirá un canal “excepcional” para abordar los casos por parte del Ministerio. El hecho de que muchos estados estén cerrando la asistencia presencial a sus escuelas facilitará que los centros concedan la certificación a los españoles que han tenido que irse, opinan fuentes de las entidades que organizan las estancias.

La preocupación es mayor entre aquellas familias que, como la de Fe Framil, todavía no saben cuántas horas tendrán que estar viajando sus hijos hasta llegar a casa en medio de la mayor crisis sanitaria del último siglo. “La situación nos está volviendo a muchos medio locos. Algunos alumnos ya han vuelto, pero otros muchos no, porque, tal y como están las cosas, logísticamente da trabajo. Mi hijo está en Salina, Kansas, y hasta hoy [por este miércoles 25 de marzo] no me han avisado de que todos los alumnos de AFS que quedan en Estados Unidos volverán el viernes desde Chicago. Es difícil estar tranquila cuando ves que cada día se están cerrando más las fronteras y el espacio aéreo. Se habla de niños que han iniciado el viaje, han tenido algún vuelo que se ha anulado y se han quedado en aeropuertos solos”, afirma la mujer, que trabaja de enfermera en el hospital Álvaro Cunqueiro de Vigo. “Como sanitaria, además, me da miedo la carga viral con la que puede llegar a casa después de un viaje así”, añade.

Lecciones para el viaje

La madre ha aleccionado sin cesar a su hijo para que extreme las medidas de precaución durante el trayecto. “Le he mandado comprar cuatro mascarillas de protección FFP2, que allí están carísimas. Y gel hidroalcohólico, para que se lo ponga en las manos cada vez que toque algo que no lleve consigo. Le he insistido en que no se toque la cara, que empiece ya a hacer ejercicios en casa para evitar hacerlo. Le he pedido que trate de beber poco durante el viaje para no tener que ir al baño muchas veces, porque ya se sabe en qué condiciones están. Le he dado indicaciones de todo tipo”.

Framil intentó que su hijo se quedara con su familia de acogida —“Son lo mejor de esta experiencia”, comenta— hasta que la situación sanitaria mejore. Le dijo a la organización que asumía la responsabilidad y el coste que pudiera implicar. Pero AFS, que este curso tenía unos 250 alumnos de 15 a 18 años en el extranjero —125 de ellos en EE UU— decretó el regreso de forma general, igual que el resto de entidades que organizan estancias educativas, ante la incertidumbre sobre la evolución de la pandemia y las decisiones que adopten los países, apunta Mary-Paz González, coordinadora de AFS en Castellón y antiguo miembro de la junta directiva de la entidad educativa.

La Fundación Amancio Ortega repatriará esta semana a los 600 alumnos de primero de bachillerato que estudian en Estados Unidos y Canadá con su programa de becas, para lo que va a fletar dos aviones, señala un portavoz. “Los cierres de escuelas eliminan una parte importante de la experiencia de intercambio y también causan una interrupción significativa de la vida familiar. Los despidos laborales alteran las circunstancias financieras y los bloqueos pueden crear molestias y preocupaciones para las familias de acogida. Ya no sentimos que sea apropiado pedirles a nuestras familias anfitrionas que continúen hospedando durante este tiempo incierto y estresante”, afirman los responsables de la empresa Education First, que tiene a centenares de alumnos en EE UU, Reino Unido e Irlanda.

“Ahora no está haciendo nada ni allí ni aquí"

“Aquí se acaba el curso a mediados de mayo. Me quedaba tan poco que pensar en que todo el esfuerzo no servirá para nada me da mucha rabia”, cuenta por WhatsApp Álex González, que está en Kansas a la espera de iniciar un viaje de vuelta que, admite, teme.

Incluso si les convalidan el curso, queda la cuestión de cómo aprovechar ahora el tiempo. “A mi hijo lo sacaron de un día para otro. No le dio tiempo de ver si podía seguir trabajando de forma online. Y ahora no está haciendo nada ni en Estados Unidos ni aquí. De momento va a prepararse las pruebas de títulos de inglés”, dice Belén Pinilla, directora de un colegio en Valencia. Su hijo, Gustavo, añade: “Yo me alegro de haber vuelto. Prefiero estar un mes en cuarentena con mi familia que con mi familia de acogida”.

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