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Un insólito caso de malaria en Galicia

El Centro Nacional de Microbiología y un hospital de Vigo discrepan sobre el origen del contagio de la enfermedad a un enfermo de cáncer

Hospital Álvaro Cunqueiro de Vigo.
Hospital Álvaro Cunqueiro de Vigo.

Las pruebas de laboratorio depararon una sorpresa mayúscula para los médicos y fueron un mazazo para el paciente. Con 64 años, tras una larga lucha contra el mieloma, dos autotrasplantes de médula ósea y sin apenas haber salido de casa en el invierno de 2016, lo último que podía imaginar este vecino de O Porriño (Pontevedra) era que el origen de sus males —fiebre alta, intensos dolores...— fuera el parásito de la malaria. Esta enfermedad, endémica de países tropicales, es transmitida por la picadura de un mosquito.

“Fue algo insólito”, admite José Miguel Rubio, responsable de malaria del Centro Nacional de Microbiologia (CNM, del Instituto de Salud Carlos III, dependiente del Ministerio de Ciencia) en referencia al caso, diagnosticado en marzo de 2016. “La enfermedad está erradicada en España desde hace medio siglo y los casos que vemos son en personas que regresan de países tropicales. Pero este paciente no había viajado y hubo que investigar vías de infección alternativas”, relata. “Al final fueron todas descartadas menos la transmisión hospitalaria. El paciente había coincidido en un espacio de urgencias con otro caso de malaria”, concluye.

Un reciente informe del Centro Europeo para la Prevención y el Control de Enfermedades (ECDC) también considera la vía hospitalaria como la “más probable de transmisión”. Algo, sin embargo, que rechaza el hospital señalado por las autoridades, el Álvaro Cunqueiro de Vigo. “Las pruebas genéticas no han sido concluyentes”, defiende el jefe de Medicina Preventiva, Víctor del Campo. “Nosotros trabajamos con evidencias. Cada año hacemos 25.000 análisis por sospecha de infección hospitalaria. Un 10% son positivos y este no lo fue”.

El informe del ECDC, que recoge otros cinco casos similares en Europa entre 2016 y 2018 —uno de ellos en el Hospital de Móstoles en 2018— destaca la dificultad de determinar la vía exacta por la que el parásito pasa de paciente a paciente. Pero considera que, “descartadas otras opciones” y teniendo en cuenta variables como que el paciente no haya salido del hospital o coincida en el mismo espacio con otro enfermo de malaria, cobra fuerza “el contacto accidental con sangre infectada”.

Para Rubio, “el parásito implicado, el P falciparum, tiene una gran capacidad para sobrevivir en restos de sangre seca en instrumental indebidamente esterilizado”. Sobre las pruebas genéticas, este investigador considera que “no fueron concluyentes por un problema con las muestras, de las que no fue posible obtener suficiente material genético”.

El informe del ECDC detalla todas las líneas de investigación descartadas. La primera fue “la transmisión por transfusión de sangre”. La siguiente, la llamada “malaria de aeropuerto”, la posibilidad de que un mosquito llegado del trópico en avión (o barco) transmita la enfermedad. Aunque excepcionales, hay casos registrados de esta vía, uno de ellos en Torrejón de Ardoz (Madrid) en 2001. Por último, el informe también excluye “la transmisión por un mosquito local Anopheles”, algo también excepcional pero que ocurrió en Huesca en 2010. “El evento [de Vigo] ocurrió en invierno, con condiciones ambientales incompatibles con el ciclo de vida del Anopheles”, concluye el ECDC.

El Álvaro Cunqueiro no informó en su día de este caso de malaria. “Es la primera noticia que tengo”, afirma Ángel Cameselle, entonces presidente del área sanitaria de Vigo por CC OO. Este recuerda que el contagio coincidió con unos “meses muy convulsos”. “La Xunta decidió adelantar la apertura del hospital en contra del criterio de los trabajadores y buena parte de la ciudadanía. Había servicios como el de esterilización que no estaban a punto, lo que obligó a suspender muchas intervenciones y actos médicos porque el instrumental no llegaba o los profesionales consideraban que no estaba en buenas condiciones”, remacha Cameselle.

El Álvaro Cunqueiro es un hospital de gestión mixta público-privada. Una alianza de empresas, liderada por la constructora Acciona, se ocupó de construir el centro y gestiona los servicios considerados no sanitarios —lavandería, cocina, mantenimiento...—, mientras el personal médico y de enfermería, ente otros, y los equipamientos de atención sanitaria siguen bajo gestión pública.

 

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