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Una terapia génica intenta curar la hemofilia A

El Hospital Regional de Málaga es pionero en tratar a dos pacientes con el virus modificado

Células sanguíneas.
Células sanguíneas. getty

Una sola inyección intravenosa bastará para curar a las personas con hemofilia A si funciona el ensayo que se está probando, entre otros lugares, en el Hospital Regional de Málaga (el antiguo Carlos Haya). Pero hay que insistir en el condicional: si funciona. Porque aunque el estudio haya llegado a humanos, se trata de una fase I, la primera de la cadena de pruebas a la que debe someterse, y el producto ya ha demostrado una gran variabilidad, dice Eva Mingot, vocal de la Sociedad Española de Trombosis y Hemostasia e investigadora principal del ensayo. "Hemos tratado a los dos primeros pacientes del proyecto, que es multicéntrico y tendrá un número reducido de participantes", advierte la médica.

La hemofilia es una enfermedad en la que al afectado le falta o no le funciona el gen que sintetiza una molécula necesaria para la coagulación de la sangre, un proceso vital ya que si no cualquier herida interna o externa podría provocar una hemorragia mortal, aunque en la mayoría de los casos se producen pequeños sangrados que se acumulan en las articulaciones, con un importante efecto en la calidad de vida de los afectados.

Hay varios tipos en función de cuál de estas moléculas, los llamados factores de coagulación, sea la que no se sintetice. La hemofilia A se debe a la carencia del factor VIII. Solo en España hay unos 3.000 afectados (unos 420.000 en el mundo), que deben inyectarse el factor de crecimiento varias veces a la semana para evitar las hemorragias. La inmensa mayoría son varones, ya que el gen defectuoso está en el cromosoma X, del que los hombres solo tienen uno y las mujeres dos. En ellas, por tanto, aunque uno esté dañado, le queda el otro para funcionar, salvo que tenga ambos cromosomas X afectados. Esta condición de enfermedad monogénica la convierte en candidata ideal a ser tratada con terapia génica.

En el ensayo, se toma un adenovirus y se le inserta el gen que sintetiza el factor VIII. Luego, se inyecta por vía intravenosa al afectado. La idea, como explica Mingot, es que el adenovirus, que tiene una gran afinidad por las células del hígado, llegue hasta ahí y, al infectarlas, les pase el ADN del gen que falta. El hígado es el órgano que fabrica los factores de coagulación, por lo que está ya preparado para incorporar ese gen y suplir así la causa de la enfermedad.

La idea es sencilla, pero eso no garantiza que funcione. Aparte de que hay que ajustar la dosis para que sea efectiva y segura a la vez, la persona que reciba el tratamiento no debe de tener anticuerpos para el adenovirus, ya que entonces no se produciría la infección del hígado. La gran variabilidad que se ha visto en la respuesta en los ensayos preclínicos es un problema, ya que si no se consigue una formulación correcta y que a la vez pueda ser usada por todos o la mayoría de los afectados habría que hacer más pruebas o elaborar preparados personalizados, lo que encarecería muchísimo el producto.

Además, una persona que reciba el tratamiento no puede volvérselo a inyectar si la primera vez no le funciona. Con el primer intento su cuerpo habrá creado anticuerpos (defensas) contra el adenovirus, y los siguientes tratamientos se verían neutralizados por el organismo antes de poder empezar a actuar. 

Aunque es la primera vez que se prueba este medicamento para la hemofilia A, ya se han hecho intentos similares para la hemofilia B, y, aunque no hay ningún producto en el mercado, los primeros resultados han sido positivos, dice Mingot.

Todavía quedan una ventaja y una desventaja. La primera es que, si funciona, bastaría una inyección para curar a la persona. La segunda, que todavía quedan años de estudio. A estos pacientes se les seguirá durante cinco años, dice Mingot, para comprobar el efecto y la duración del fármaco.

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