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Texas aprueba una de las leyes del aborto más restrictivas de Estados Unidos

Solo cinco de las 42 clínicas de interrupción del embarazo del Estado cumplen la nueva norma

Protesta de activistas a favor del derecho al aborto, ayer, en el Senado de Tejas.
Protesta de activistas a favor del derecho al aborto, ayer, en el Senado de Tejas. AP

El Senado de Texas aprobó el viernes una de las leyes del aborto más restrictivas de Estados Unidos. Lo ha hecho tras semanas de debate y protestas que han enfrentado de forma feroz a detractores y defensores de la iniciativa legislativa. Entre las medidas que exige la nueva norma están: la prohibición de abortar después de las 20 semanas de gestación, la obligación de las clínicas de contar con quirófanos –misma higiene y equipamientos que los hospitales-, la limitación de dónde y cuándo las mujeres pueden tomar pastillas para inducir el aborto –medida que va en contra de la ley federal que ahora permite la venta del medicamento para todas las edades sin receta- y el requerimiento a los doctores de contar con privilegios para utilizar un hospital que esté situado, como mucho, a 40 kilómetros de distancia de la clínica que ofrece el servicio –con el fin de que su licencia sea válida y para casos de emergencia-.

Este era el segundo intento de esta regulación en la cámara alta después de que la senadora demócrata Wendy Davis la paralizara en el Senado la semana pasada tras aplicar una treta parlamentaria: habló durante más de 11 horas para impedir que saliera adelante. Después de este incidente, el gobernador del Estado, Rick Perry, volvió a poner la ley sobre la mesa. El pasado miércoles la regulación fue aprobada en el Congreso y ayer, en el Senado, mayoritariamente conservador, que dio su beneplácito con 19 votos a favor y 11 en contra.

"Hoy los legisladores de Texas han dado el último paso en nuestro esfuerzo histórico de proteger la vida. Esta legislación se basa en el compromiso firme e inquebrantable de defender la vida y proteger la salud de las mujeres", dijo en un comunicado el gobernador republicano, Rick Perry, tras la votación. Perry deberá firmar el texto para que la ley sea promulgada.

Para los más críticos, esta regulación provocará que la mayoría de los centros sanitarios abortivos de Texas tengan que cerrar -lo que negará el acceso a mucha gente del entorno rural- y "hará que las mujeres busquen segundas vías más peligrosas para llevar a cabo el aborto". Solo cinco de las 42 clínicas de interrupción voluntaria del embarazo cumplen las exigencias de la norma aprobada el viernes. Mientras, entre aquellos que respaldaban la ley son muchos los que argumentan que se está defendiendo "el bienestar de la mujer".

Los representantes demócratas intentaron incluir varias cláusulas en la ley (por ejemplo para que se tuviera en cuenta los casos de violación e incesto y la mujer pudiera abortar pasadas las 20 semanas), pero los republicanos las rechazaron.

En EE UU, unas 15 mujeres de cada 1.000 irrumpen el embarazo al año. Una de cada tres se someterá a un aborto antes de cumplir los 45 años, según datos del Centro de Prevención y Control de Enfermedades.

Texas se convierte así el séptimo Estado en aprobar una ley de aborto restrictiva en Estados Unidos. Lo acompañan en la lucha en contra de la interrupción del embarazo Misisipi, Ohio, Oklahoma, Kansas, Wisconsin y Arizona.

Todas estas nuevas normativas llegan en el mismo año en el que se han cumplido 40 años desde que el Tribunal Supremo de EE UU sentenciara -el 22 de enero de 1973- que el aborto es un derecho constitucional. Así, la interrupción del embarazo debe estar permitida para la mujer por cualquier razón y hasta el momento en que el feto es viable, es decir, sea potencialmente capaz de vivir fuera del útero materno, sin ayuda artificial. Lo que los nueve jueces del Alto Tribunal situaron alrededor de las 24 semanas. Aquella resolución, además, impedía prohibirlo a los Estados que conforman la nación.

Asimismo, estas legislaciones también se enfrentan a la opinión mayoritaria de los estadounidenses. El pasado mes de enero, y por primera vez en la historia, la mayoría de ciudadanos (un 54%) dijo que "la interrupción del embarazo debería ser legal en la mayoría de los casos", y más del 70% concluyó que dicha norma "no debía ser modificada"; el porcentaje más alto desde 1989, de acuerdo con una encuesta elaboraba conjuntamente por The Wall Street Journal y NBC News. A pesar de estos datos, décadas de después, los expertos argumentan que el derecho al aborto se enfrenta a medidas más restrictivas que entonces", según The New York Times.

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