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Sánchez: “Hemos demostrado que podemos ganar a la reacción y a la involución”

El PSOE casi dobla al PP y vuelve a ganar las elecciones generales 11 años después aunque necesitará alianzas más allá del partido de Iglesias

Pedro Sánchez besa a su esposa en la sede del PSOE en Madrid, durante la noche electoral.

El PSOE ha vuelto a ganar 11 años después unas generales, aunque se ha quedado a una docena de escaños de alcanzar la mayoría absoluta con Unidas Podemos. El temor a una nueva suma de las derechas como la de Andalucía se disipó y el bloque progresista liderado por Pedro Sánchez superó con 166 diputados (incluyendo a Compromís) al formado por PP, Cs, Vox y Navarra Suma (149). Los socialistas primarán los acuerdos con PNV y otras formaciones para no depender de los independentistas catalanes. La opción de que Cs levante el veto no se contempla en Ferraz.

“Hemos demostrado al mundo que se puede ganar a la reacción y a la involución”, ha celebrado Sánchez. El presidente del Gobierno había instado a concentrar el voto útil en torno a su candidatura y finalmente se ha quedado a un puñado de escaños de la cifra mágica que sus asesores más optimistas manejaban en el mejor de los escenarios para los socialistas. “Hemos hecho que pase: el PSOE ha ganado las elecciones y con ello ha ganado el futuro y ha perdido el pasado”, ha festejado el líder socialista, que ha dado las gracias “de corazón” a los 7,4 millones de votantes de su partido. Son dos millones más que en 2016.

La “amplia mayoría parlamentaria” a la que el líder socialista apeló durante la campaña les situó en los 123 diputados. Con un ascenso de casi 40 escaños respecto a 2016, los socialistas se quedaron al filo de poder sumar con Unidas Podemos, Compromís y PNV los 176 escaños que garantizan la mayoría absoluta en el Congreso. La fiesta en Ferraz, donde se cortó la calle en la que se encuentra la sede del PSOE, empezó muy pronto mientras los militantes y simpatizantes hacían cálculos y lamentaban que faltasen apenas unos diputados para la mayoría sin necesidad de los secesionistas catalanes. “¡Con Rivera no! ¡Con Rivera no!”, jaleó la muchedumbre a Sánchez para que no pacte con Ciudadanos. “Desde nuestros valores de izquierda vamos a tender la mano a todas las fuerzas dentro de la Constitución”, les replicó el presidente entre gritos de “¡No pasarán!”. “Nosotros no vamos a poner cordones sanitarios, la única condición que vamos a poner es la Constitución”, incidió sobre el bloqueo de Cs.

Antes de que Sánchez anunciase el adelanto electoral —el pasado 15 de febrero—, en La Moncloa y en Ferraz se pusieron como reto los 130 escaños y una participación por encima del 70%. Desde ese día se han repetido las reuniones en las que el objetivo que se ponían algunos de los principales cerebros del partido eran los 140 diputados. Un horizonte muy ambicioso para una formación que desde 2011 ha encadenado sus peores resultados históricos hasta desplomarse a los 84 escaños.

“Se ha demostrado que esta es una gran democracia, sólida y de calidad. Hemos lanzado el mensaje de que se puede ganar al autoritarismo. Se trataba de ganar las elecciones y vamos a gobernar España”, manifestó Sánchez en una plataforma en la calle en el que le acompañaban la vicepresidenta Carmen Calvo; la vicesecretaria general, Adriana Lastra; el secretario de Organización y ministro de Fomento, José Luis Ábalos; la presidenta del PSOE, Cristina Narbona; y la esposa del presidente, Begoña Gómez.

La altísima participación, superior al 75% (en 2016 fue del 66,5%) provocó que los socialistas fueran los más votados en todas las comunidades autónomas salvo en Cataluña, País Vasco, Navarra y Melilla. Uno de los mayores temores socialistas era una desmovilización como la que les hizo perder la Junta de Andalucía tras 36 años de Gobiernos ininterrumpidos. La obsesión era conseguir una participación sin precedentes desde la Gran Crisis de 2008, captando el voto de abstencionistas, nuevos votantes y desencantados de Unidas Podemos y Cs. La última semana de campaña el candidato del PSOE concentró su atención en los 800.000 indecisos entre los socialistas y Cs. Hasta apuntaba a 300.000 pensionistas que dudaban entre el PP y el PSOE.

La noche del viernes, una vez echado el cierre a la campaña, los datos que manejaba la dirección del PSOE hablaban de una victoria holgada en la que prácticamente doblaban en escaños al PP. Lo hacían con un porcentaje de voto de alrededor del 30%. Sánchez se benefició de la fragmentación de la derecha. En 2016 los socialistas solo fueron los más votados en tres provincias, todas andaluzas: Sevilla, Huelva y Jaén. Salvo en Cataluña y País Vasco, el PP arrasó entonces en las urnas y les sacó 53 escaños. El 28-A deja una España en rojo, pero sin la mayoría holgada que reclamaba Sánchez. Aun sí, se produjeron resultados de otra época: uno de los más llamativos fue el triunfo del PSOE en la Comunidad de Madrid, Castilla y León y La Rioja, donde no ganaba en unas elecciones generales desde 1986. Los socialistas también fueron, por primera vez desde 1989, la fuerza más votada en la Comunidad Valenciana, Murcia y Ceuta. El PSOE se estrenó ayer como primera fuerza en unas generales en Galicia desde la vuelta de la democracia.

Sánchez: “Hemos demostrado que podemos ganar a la reacción y a la involución”

Más rotundo resultó el triunfo en el Senado, donde el PSOE, con mayoría absoluta, fue el beneficiado en esta ocasión por el sistema electoral en detrimento del PP. La primera consecuencia es que una de las grandes bazas de Casado y Rivera, la suspensión de la autonomía de Cataluña sine die mediante la aplicación del 155, no sería factible salvo que el desafío secesionista optase de nuevo por la confrontación.

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