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Trump envía más tropas a Oriente Próximo y anuncia que la guerra durará “todo el tiempo que sea necesario”

Irán contradice al presidente republicano al asegurar que no negociará con EE UU.

Donald Trump y el secretario de Defensa, Pete Hegseth, este lunes en la Casa Blanca.Mark Schiefelbein (AP)

Entre “cuatro o cinco semanas” y “todo el tiempo que sea necesario”. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, hizo este lunes esa imprecisa proyección en su primera comparecencia pública en la Casa Blanca en 72 horas. En ella, lanzó una advertencia a sus compatriotas: la idea de la operación militar rápida, limpia y sin coste contra Irán que les venía vendiendo bien podría convertirse en una de esas guerras largas en las que tantas veces prometió que no metería a su país. Y lo hizo en una jornada que comenzó en Washington con la confirmación de la muerte en combate de un cuarto soldado estadounidense y el derribo de tres cazas F-15 por “fuego amigo” en Kuwait. Además, el secretario de Defensa, Pete Hegseth, anunció el envío de más “refuerzos adicionales” a Oriente Próximo. Tan pronto como, añadió, “hoy mismo [por el lunes]”.

Habló de “miles de militares de todas las ramas de las fuerzas armadas, centenares de cazas de cuarta y quinta generación, docenas de aviones cisterna, los grupos de ataque de los portaaviones Lincoln y Ford y sus aviones a bordo, un flujo sostenido de municiones, combustible, y todo ello apoyado con operaciones de reconocimiento, inteligencia y vigilancia”.

Las hostilidades iniciadas el sábado junto a Israel con una operación que mató al líder supremo iraní, Ali Jameneí, han escalado en las últimas horas en su crudeza y alcance regional. Los proyectiles de Teherán ya han impactado en Israel y los países de su región —el domingo sumó a la lista a Omán, el emirato que medió en la frustrada negociación de un acuerdo nuclear con Washington en las semanas previas—. Este lunes, la República Islámica atacó también con un dron una base de la Fuerza Aérea británica en un Estado de la UE: Chipre.

El secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional de Irán, Ali Larijaní, desmintió, por su parte, a Trump, que el domingo había afirmado que los nuevos líderes iraníes “quieren negociar” para acabar con la guerra, insinuando una rendición que Larijaní se ha apresurado a descartar con un escueto mensaje en sus redes sociales: “No negociaremos con Estados Unidos”, escribió.

Iranian President Masoud Pezeshkian (C), Judiciary Chief Gholamhossein Mohseni Ejei (L), and Guardian Council member Ayatollah Alireza Arafi (R)

Desde Washington, el presidente de Estados Unidos enumeró cuáles son sus objetivos (una lista que va cambiando con los días desde que el sábado en un mensaje grabado a la nación dejara claro que persigue “un cambio de régimen”): “Primero, destruir la capacidad de los misiles de Irán. Segundo, estamos aniquilando su armada; ya hemos mandado 10 barcos al fondo del mar. Y tercero, garantizar que el principal patrocinador del terrorismo del mundo nunca pueda obtener un arma nuclear”, afirmó Trump en un acto de reconocimiento a un grupo de veteranos por los servicios prestados.

Sobre las motivaciones de Estados Unidos, el secretario de Defensa, que compareció en el Pentágono a primera hora para dejar claro que Estados Unidos se prepara para una operación prolongada en Irán, dijo: “No es una guerra de cambio de régimen, pero el régimen ha cambiado”.

Muscat, Oman

Entre tanto, y tras las primera bajas de Estados Unidos, Irán se ha anotado una victoria táctica, en la línea de la doble estrategia que identifican analistas militares y que consiste en tratar de aumentar ese coste en vidas para Washington y ampliar el ámbito geográfico de sus ataques para implicar a nuevos actores en la contienda.

Creciente poder de Larijaní

Larijaní es una figura cuyo poder en Irán se considera creciente, y se da por hecho que está por encima del Consejo de Liderazgo, el triunvirato que el país anunció el domingo formado por el presidente iraní, Masud Pezeshkián, el jefe del Poder Judicial, Gholamhossein Mohseni Ejei, y el jurisconsulto y miembro del Consejo de Guardianes, Alireza Arifí. Ese poder tripartito se supone que pilotará el país hasta el nombramiento de un sucesor del líder supremo, Ali Jameneí, que murió en un bombardeo el sábado.

Algunos analistas ven en Larijaní al presidente de facto del país y, sobre todo, al coordinador con el poderoso aparato de seguridad y militar de la Guardia Revolucionaria. Ese ejército paralelo cuyo objetivo es defender a la República Islámica es quien lleva la batuta en la respuesta iraní a los ataques de Israel y Estados Unidos. En estos casi tres días, los bombardeos ya han costado la vida al menos a 555 iraníes, según ha informado la televisión estatal del país asiático citando a la Media Luna Roja local.

Esa negociación descartada por ahora por Larijaní es un escenario más que probable si Estados Unidos e Israel consiguen someter con su aplastante superioridad militar a la República Islámica; pero por el momento no hay señales de que Teherán vaya a plegarse a ello como sostuvo el presidente estadounidense. Irán aspira a resistir e infligir daño a su enemigo israelí y, sobre todo, a Washington; para negociar después, no desde esa rendición a la que aspira Trump, sino con una posición de mayor fuerza.

Tehran, Iran

Tras la muerte a manos de Estados Unidos e Israel de Jameneí, la República Islámica ha anunciado, además, que ya no respetará ninguna línea roja. Abandona así las réplicas meramente simbólicas por la que optó tras los bombardeos israelíes de junio de 2025 —a los que sumó Estados Unidos—, cuando atacó la base de Al Udeid, en Qatar, con su personal casi totalmente evacuado.

Proseguir el lanzamiento de misiles contra las bases estadounidenses —la Guardia Revolucionaria anunció el domingo que había atacado 27, sin especificar cuáles— busca destruirlas. Pero, sobre todo, intenta aumentar las bajas estadounidenses y, por lo tanto, el coste político de la guerra de Irán para Trump en Estados Unidos, donde el próximo noviembre se celebrarán las cruciales elecciones legislativas de mitad de mandato. Irán sabe que la opinión pública estadounidense tiene muy presentes las imágenes de ataúdes de soldados de su país caídos en las guerras de Irak y Afganistán.

Teherán ha tratado de apuntarse un tanto en esa estrategia este lunes al derribar un avión de combate F-15 de Estados Unidos. La aeronave cayó en Kuwait, según ha asegurado la agencia Tasnim, vinculada a la Guardia Revolucionaria iraní.

El Ministerio de Defensa de Kuwait había confirmado ya que “varios” de esos aviones estadounidenses se han estrellado en el país —las tripulaciones han sobrevivido—. Sin embargo, poco después el Mando Central de los Estados Unidos ha apuntado que los aparatos fueron derribados por “fuego amigo”. El analista militar Jesús Pérez Triana cree que esos incidentes apuntan a la “descoordinación y el caos” en la defensa de los vecinos de Irán, los países del Consejo de Cooperación del Golfo (Arabia Saudí, Baréin, Kuwait, Omán, Qatar y los Emiratos Árabes Unidos), todos ellos atacados por Teherán.

Al Jahra, Kuwait

El tono de la confrontación con Irán está subiendo en varios de esos países, algo que apunta a esa regionalización del conflicto con la que amenazó Irán antes de ser atacado el pasado sábado.

Aunque Irán está solo —Rusia ha descartado este lunes que el grupo BRICS, que incluye también a China, vaya a ayudar a la República Islámica—, esta madrugada ha obtenido un apoyo casi simbólico que no cambiará el curso de la guerra pero que sí recuerda que en la región sigue habiendo milicias proiraníes, si bien muy debilitadas. Una de ellas, antaño poderosa, la libanesa Hezbolá, ha lanzado sus primeros proyectiles desde 2024 contra Israel. El ejército israelí ha respondido con nuevos bombardeos —que no son una novedad, pues ataca Líbano casi a diario— que han matado a 30 personas.

Kuwait ha informado a su vez de nuevos ataques con misiles y drones y se han registrado fuertes explosiones en Dubái y en la capital catarí, Doha. Un portavoz del Ministerio de Exteriores catarí ha asegurado que sus aviones de combate han interceptado “drones y otros explosivos” que Irán había dirigido contra su infraestructura civil, incluido su aeropuerto internacional. “Un ataque como este no puede quedar sin respuesta”, ha dicho. “Irán pagará el precio por este ataque contra nuestra gente”.

Arabia Saudí, por su parte, ha ordenado el cierre de su refinería de Ras Tanura, en la costa del golfo Pérsico, tras el impacto sin víctimas de al menos un dron en sus instalaciones. Poco después, la agencia semioficial iraní Tasnim ha negado, citando fuentes militares, que las instalaciones petrolíferas de países de su región estén entre sus objetivos.

Beit Shemesh, Israel

Mientras, un buque británico en Baréin ha sido a su vez dañado por otros dos proyectiles, cuyo origen no se ha divulgado, según informa la entidad Operaciones Marítimas Comerciales de Reino Unido (UKMTO, por sus siglas en inglés).

Pérez Triana considera que este lunes marca un cierto punto de inflexión en la respuesta iraní. “El alto mando [de ese país] se está activando y ha dado orden de intensificar el lanzamiento [de proyectiles sobre los países vecinos]”, interpreta el analista. Tras los bombardeos israelíes de la mañana en territorio iraní, Teherán ha respondido lanzando dos amplias oleadas de misiles contra el Estado judío en pocos minutos.

Estrategia

El ataque de Irán contra la base británica en Chipre es muy revelador sobre la estrategia de la República Islámica, sostiene en su cuenta de X Trita Parsi, vicepresidente ejecutivo del Instituto Quincy para una Gestión Responsable del Estado, situado en Washington.

“Irán es muy consciente de que esto es un ataque a un Estado de la UE. Pero esa parece ser la cuestión. Teherán parece decidido no solo a expandir la guerra a países del Golfo Pérsico, sino también a Europa —ha atacado una base francesa en los Emiratos Árabes Unidos—”, sostiene Parsi. “Para que la guerra pueda terminar, Europa también tiene que pagar un precio. Ese parece ser el razonamiento de Irán”, destaca este experto.

La presidenta de la Comisión Europea, Ursula Von der Leyen, ha aludido este lunes a la necesidad de “trabajar duro para reducir la escalada y detener la propagación del conflicto” en Oriente Próximo; y ha alertado en Bruselas de las consecuencias que tendrá el conflicto, también para los Veintisiete: “Desde la energía y el transporte hasta la migración y la seguridad”, informa Silvia Ayuso. Ante ese escenario, los europeos deben estar “preparados”, ha subrayado.

El frente interno

Tehran, Iran

El régimen islámico iraní no solo afronta el frente externo, sino también la oposición de una gran parte de su población: muchos ciudadanos estallaron en explosiones de júbilo en las calles tras el anuncio de la muerte de Jameneí, mientras sus partidarios, que se calculan en un tercio de la población, mostraba su duelo. Esas “expresiones de alegría”, puntualiza Trita Parsi en X, no han cuajado por ahora en la movilización masiva en la que confían Trump y el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, que buscan derrocar al régimen iraní.

“Esa ventana de oportunidad se está cerrando ahora, mientras el sistema teocrático cierra filas y establece un nuevo liderazgo formal”, prosigue Trita Parsi en alusión al Consejo de Liderazgo, el triunvirato que asumirá oficialmente las funciones del líder supremo fallecido hasta el nombramiento de su sucesor, si bien se considera que el hombre fuerte que dirigirá los hilos del proceso será Lariyaní, junto con otros poderes fácticos del país como la Guardia Revolucionaria.

El régimen iraní trata de cerrar del todo ese resquicio a nuevas protestas con una estrategia clásica: el país lleva más de 48 horas sin conexión a internet, señala en X la plataforma NetBlocks, que supervisa el tráfico y la censura en la red. Irán queda así casi totalmente a oscuras a ojos del mundo, como sucedió durante la represión de las protestas de enero, en las que murieron miles de iraníes: 3.117 según el régimen, y al menos 7.000 de acuerdo con la ONG iraní en el exilio HRANA.

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