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La calle iraní se debate entre el júbilo y el pesar tras la muerte de Ali Jameneí

En varias ciudades, pequeños grupos de ciudadanos se atrevieron a salir a las calles para celebrar públicamente. Reza Pahlaví, hijo del último shah de Irán, insta a la ciudadanía a protestar en sus viviendas

Manifestantes celebran el ataque de Estados Unidos e Israel a Irán ante la embajada iraní en Madrid, el sábado. Carlos Luján (Europa Press)

La noche del domingo, cuando comenzaron a circular las primeras noticias sobre la muerte del líder supremo iraní, Ali Jameneí, la sociedad iraní quedó en estado de conmoción: unos reaccionaron con júbilo y otros con profundo pesar. En las primeras horas, numerosos iraníes expresaron su alegría desde el in...

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La noche del domingo, cuando comenzaron a circular las primeras noticias sobre la muerte del líder supremo iraní, Ali Jameneí, la sociedad iraní quedó en estado de conmoción: unos reaccionaron con júbilo y otros con profundo pesar. En las primeras horas, numerosos iraníes expresaron su alegría desde el interior de sus viviendas, coreando consignas contra el régimen. En contraste, los seguidores del sistema, apoyándose en agencias de noticias oficiales, calificaron la información de conspiración destinada a localizar el paradero del líder supremo y, preocupados por su estado de salud, recurrieron a oraciones colectivas, ya que, siguiendo el patrón habitual de los medios estatales —fuertemente controlados—, en situaciones sensibles, este tipo de noticias suele ser desmentido inicialmente y confirmado horas o incluso días después.

Al mismo tiempo que el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, confirmaba la noticia, el despliegue de fuerzas Basij, milicias islamistas y policía antidisturbios en las calles contribuyó a reforzar la percepción de que los rumores eran ciertos.

En varias ciudades, tras la confirmación de la noticia por parte del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, pequeños grupos de ciudadanos se atrevieron a salir a las calles pese al clima de extrema seguridad y celebraron públicamente. Debido a los intensos bombardeos en las grandes urbes, estas concentraciones se produjeron con mayor frecuencia en ciudades más pequeñas como Qazvín, Gachsarán, Goleh-Dar, Tonekabón o Saqqez, relativamente menos afectadas. No obstante, en ciudades como Shiraz, capital de la provincia de Fars, incluso se registraron fuegos artificiales.

Paralelamente, numerosos activistas políticos pidieron a la población, a través de las redes sociales, que permaneciera en sus hogares. Reza Pahlaví, hijo del último shah de Irán, también instó a la ciudadanía a no salir a las calles, refugiarse y limitar su protesta a gritos y consignas desde el interior de sus viviendas.

Shahram, residente en Teherán, relató en un mensaje de texto que tras difundirse la noticia de la muerte de la nuera y el yerno de Jameneí —incluso antes del anuncio oficial del fallecimiento del líder— ya se escuchaban gritos de celebración y consignas contra el régimen desde las casas. Aseguró que, mientras continúen los ataques, no tenía intención de salir de su casa.

Fuera de Irán, la diáspora iraní salió a las calles para celebrar el acontecimiento, considerándolo el inicio del fin de la República Islámica. En España, tanto en la Puerta del Sol de Madrid como en Barcelona, grupos de iraníes ondearon banderas con el león y el sol y portaron imágenes de Reza Pahlaví mientras bailaban y festejaban.

40 días de luto

Tras la confirmación oficial de la muerte de Jameneí por los medios estatales iraníes, en la madrugada del domingo se organizaron numerosas concentraciones de duelo en distintas ciudades del país. Las autoridades declararon cuarenta días de luto nacional. Según la agencia Fars, varios miles de personas se reunieron en la plaza Enghelab, en el centro de Teherán, exigiendo una dura represalia contra Estados Unidos e Israel. Algunos manifestantes incluso pidieron castigos contra países árabes del Golfo Pérsico, a los que acusaron de estar implicados en este “crimen”.

De acuerdo con la agencia Tasnim, cercana a la Guardia Revolucionaria, numerosos simpatizantes del régimen se congregaron en el santuario del Imán Reza en Mashhad, donde, además de “llorar la muerte del líder”, rezaron por “la victoria de las fuerzas iraníes en la guerra y la derrota de los enemigos del islam”.

El clérigo chií Naser Makarem Shirazi, una de las fuentes de emulación chií, emitió una fatua llamando a la yihad. En su declaración afirmó que “los musulmanes deben vengar la sangre del líder mártir de la revolución” y señaló como responsables principales “al gobierno arrogante de Estados Unidos y el régimen sionista (en referencia a Israel)”, calificando la represalia como un deber religioso para todos los musulmanes del mundo.

El presidente del Parlamento, Mohammad Bagher Qalibaf, advirtió en un mensaje grabado que “Trump y Netanyahu han cruzado nuestras líneas rojas y pagarán el precio”. En un tono abiertamente amenazante hacia los críticos internos, afirmó: “A quienes cuestionan al sistema les digo que no jueguen en el campo de los enemigos de Irán. Si no aceptan al régimen, al menos amen al país; nadie en su sano juicio puede alinearse con los asesinos extranjeros”. Qalibaf dejó claro que cualquier forma de disidencia será reprimida y calificó a los opositores de agentes al servicio de Estados Unidos e Israel.

En las concentraciones de duelo en Yazd e Isfahán se corearon consignas habituales como “Muerte a Estados Unidos” y “Muerte a Israel”. En Tabriz, los seguidores del régimen evocaron el martirio del imán Husein, tercer imán chií, como respuesta simbólica al llamado a la yihad.

El apagón total de internet en Irán impide una información libre y fluida. Las noticias sobre concentraciones opositoras llegan de forma fragmentaria, únicamente gracias a un número limitado de módems Starlink o breves conexiones intermitentes, mientras que los medios oficiales cubren ampliamente las manifestaciones progubernamentales y las redes afines al régimen, con acceso privilegiado a internet, difunden información favorable al sistema.

En este contexto, muchos iraníes ven la muerte de Jameneí como una luz de esperanza para un cambio profundo en el sistema político del país, pero al mismo tiempo temen que un régimen herido y humillado utilice la guerra y la amenaza externa como pretexto para intensificar la represión interna y garantizar su supervivencia.

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