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Sánchez trata de romper la imagen de entrega a los independentistas

El Gobierno trata de recuperar la iniciativa con la presentación de los Presupuestos y forzar así a retratarse al resto de partidos

Pedro Sánchez, tras el acto por el 40º aniversario de la Constitución con jóvenes en La Moncloa.
Pedro Sánchez, tras el acto por el 40º aniversario de la Constitución con jóvenes en La Moncloa.

Las andaluzas, con un pésimo resultado que nadie vio venir en La Moncloa, han cambiado el escenario. El Ejecutivo trata de recuperar la iniciativa para disipar la imagen que han instalado PP y Ciudadanos de entrega total a los independentistas. Por eso presentará los Presupuestos. Si salen, se consolidará el proyecto. Si caen, lo más probable ahora mismo, se mostrará que no hay pacto oculto con los independentistas y se preparará el terreno para un posible adelanto electoral.

La presentación de los Presupuestos en enero, anunciada por el presidente del Gobierno el martes por la noche en una entrevista en Tele 5 en horario de máxima audiencia, es el golpe fuerte como respuesta al fracaso en las andaluzas y responde a varios objetivos, según coinciden fuentes del Gobierno y del PSOE. El primero es mostrar capacidad de reacción y sobre todo autonomía. Si hasta ahora el presidente decía que no se iban a presentar para “no marear”, ahora se hará para exhibir que el Gobierno marca su agenda al margen de lo que hagan los demás, en especial los independentistas, que siguen sin comprometer su apoyo a las cuentas.

De hecho, la decisión de Sánchez de no presentar los Presupuestos si no había apoyos, confirmada hace 20 días, sentó mal en algunos sectores del Gobierno y del PSOE, porque implicaba renunciar a defender el principal proyecto del Ejecutivo. En el Ministerio de Hacienda, dirigido por María Jesús Montero, seguían trabajando en la elaboración técnica de las cuentas ante la posibilidad de que el presidente cambiara de opinión, como ha sucedido tras las andaluzas.

Las cuentas ya están prácticamente ultimadas y el pacto con Unidos Podemos y con el PNV también está muy avanzado, pero siguen faltando los independentistas. Bastaría con que el PDeCAT, aparentemente el hueso más duro de roer, presentara una enmienda a la totalidad, para que los presupuestos cayeran en pocas semanas. Este tipo de enmiendas se votan de forma acumulada, esto es, si se suman los votos de las iniciativas del PP y de Ciudadanos, que son seguras, a los de PDeCAT, ya no pasan el primer filtro.

En el Gobierno y el PSOE aún no descartan que de aquí a finales de enero o principios de febrero, cuando llegue el voto clave, los catalanes cambien de opinión. El miedo a la derechización de la política española con la irrupción de Vox debería hacer reflexionar a los independentistas, sostienen en el Ejecutivo. Pero nadie se anima a hacer previsiones ante la enorme complejidad política de tomar decisiones en pleno juicio del procés y en un ambiente agravado ahora por la huelga de hambre de algunos presos independentistas.

Si PDeCAT y ERC finalmente tumban las cuentas, el Gobierno ya tiene construido el discurso para adelantar las elecciones. El superdomingo de mayo, con autonómicas, municipales, europeas y generales, cobra cada día más fuerza. Frente a los inconvenientes que plantea y las resistencias de los barones a la idea, otros destacan la enorme ventaja de tener a todo el partido movilizado. Todos se juegan su puesto ese día, desde el último concejal hasta los gobiernos autonómicos.

El PSOE iría a esos comicios con un mensaje claro: no hay ningún pacto con los independentistas, como probaría el fracaso de las cuentas, y esos Presupuestos serían el proyecto socialista que se ejecutará si tiene los votos para hacerlo. En el PSOE no ocultan la inquietud que ha generado el resultado andaluz, pero confían en que en las próximas elecciones habrá mucha más movilización de la izquierda —que ahora ya sabe que el riesgo real es que llegue al poder una derecha más derecha que nunca— y que además no se cometerán los mismos errores que en Andalucía.

En el Gobierno y la dirección socialista creen que en la campaña se perdió el control del relato frente al PP y Ciudadanos. Y están trabajando ya para recuperarlo. Susana Díaz, la presidenta andaluza, gozó de plena autonomía para confeccionar las listas, adelantar la fecha de las elecciones y diseñar la estrategia, en la que obvió la cuestión más candente del debate nacional: Cataluña. En Andalucía, por el contrario, culpan a Sánchez de su fracaso precisamente por acercarse demasiado a los independentistas.

Líderes territoriales del PSOE, entre los que se encuentran tanto partidarios como detractores de Sánchez, coinciden en que ahora necesitan reforzar la idea de que los socialistas han confrontado en todo momento el desafío secesionista. Miembros de la dirección federal y dirigentes autonómicos creen que no se ha hecho hincapié en que los socialistas apoyaron la aplicación del artículo 155 de la Constitución. Por eso ahora se usarán los Presupuestos, si no salen, para trasladar esa imagen de autonomía del independentismo que puede ser clave para las próximas elecciones.

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