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EDITORIAL
Es responsabilidad del director, y expresa la opinión del diario sobre asuntos de actualidad nacional o internacional

Impuesto más equitativo

La UE aplica el nuevo tipo mínimo a las multinacionales, que marca un cambio de rumbo en la carrera a la baja de la fiscalidad empresarial

Sede de la Comisión Europea en Bruselas el 28 de diciembre, con las banderas de la UE ondeando a media asta en homenaje al fallecido Jacques Delors.
Sede de la Comisión Europea en Bruselas el 28 de diciembre, con las banderas de la UE ondeando a media asta en homenaje al fallecido Jacques Delors.OLIVIER MATTHYS (EFE)
El País

La Unión Europea acaba de convertirse en la primera gran región a nivel global en la que ha entrado en vigor el tipo mínimo del 15% en el impuesto de sociedades, fruto del acuerdo alcanzado hace tres años por 140 países bajo el impulso de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). Se trata, como ha dicho el comisario europeo de Economía, Paolo Gentiloni, de un paso importante hacia un sistema de fiscalidad empresarial más equitativo a nivel global. Para que ese objetivo sea una realidad, todavía falta que grandes países como Estados Unidos y China adopten la reforma. De momento, junto a la UE han puesto en marcha el nuevo modelo naciones como Reino Unido, Japón, Noruega, Australia, Corea del Sur y Canadá, así como países considerados paraísos fiscales para las multinacionales como Suiza, Irlanda, Holanda o Luxemburgo. España, por su parte, aprobó la trasposición de la directiva comunitaria el pasado 19 de diciembre.

La OCDE calcula que la reforma impulsará un 9% la recaudación por este impuesto, lo que propiciará ingresos adicionales por 220.000 millones de dólares a nivel mundial. El objetivo del nuevo diseño es, por un lado, que las grandes multinacionales —las que tienen una facturación superior a los 750 millones anuales— paguen más allí donde hacen su negocio, tengan o no sede física en el país. Y, por otro lado, establecer un tipo mínimo del impuesto a nivel global, de forma que si un país no cobra a estas empresas lo que debiera, según el acuerdo, el país donde la compañía tiene su matriz puede aplicar un impuesto complementario para evitar esa fuga de recaudación. Los expertos alertan, no obstante, de que la reforma no eliminará la competencia fiscal entre países, sino que esta puede adoptar ahora forma de subsidios y créditos fiscales en lugar de las exenciones o los tipos bajos que imperan en la actualidad.

Lo cierto es que los Estados necesitan nuevas fuentes de ingresos para hacer frente a las renovadas políticas industriales, los planes de descarbonización de las economías y financiar la creciente demanda de servicios públicos. El acuerdo sobre la fiscalidad a las grandes multinacionales marca un cambio de rumbo en la carrera a la baja de la fiscalidad empresarial que se inició con las políticas neoliberales de los años ochenta y que ha restado miles de millones de euros a las arcas públicas cada año. Desde 1980, el tipo medio del impuesto ha pasado a nivel global del 40% al 23% (del 45% a menos del 20% en el caso de Europa) y las lagunas jurídicas, los tipos impositivos preferenciales y otros incentivos adicionales han provocado que el tipo que efectivamente pagan estas empresas sea en algunos casos notablemente inferior, para gran indignación de la opinión pública y las pequeñas empresas.

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