editorial
Es responsabilidad del director, y expresa la opinión del diario sobre asuntos de actualidad nacional o internacional

Hacia un Estatuto del Artista

Las tres medidas del real decreto aprobado por el Gobierno mejoran de forma significativa la protección laboral del sector de la cultura

Representantes del mundo artístico en la reunión mantenida con el Gobierno sobre el Estatuto del Artista.
Representantes del mundo artístico en la reunión mantenida con el Gobierno sobre el Estatuto del Artista.J.J.Guillen (EFE)

Cuatro años y medio después, el acuerdo sobre 75 puntos para un Estatuto del Artista, firmado por todos los partidos en 2018, está hoy un poco más cerca. El Gobierno ha dado un paso decisivo al aprobar un real decreto con tres medidas relevantes, aunque a muchos les haya llegado demasiado tarde tras los estragos que la pandemia causó en el sector artístico, escénico y musical. Es la primera vez que España da pasos tan firmes en relación con la especificidad del mercado laboral del mundo de la cultura, promovidos de forma conjunta por los ministerios de Trabajo, Cultura e Inclusión y Seguridad Social.

El real decreto establece una prestación por desempleo adaptada a la intermitencia del mercado de trabajo cultural, la muy importante compatibilidad de la pensión de jubilación con rendimientos por actividades artísticas de cualquier tipo y, por fin, la propuesta más discutible de una cuota específica de hasta 161 euros mensuales para autónomos con ingresos anuales por debajo de 3.000 euros. Una reforma aprobada desde 2019 logró ya, tras una fuerte y justa protesta del sector, revertir el castigo vigente hasta entonces de impedir cobrar la pensión en caso de obtener derechos de autor por obra ya publicada, y ahora se amplía la protección a quienes cobren por conferencias u otras actividades artísticas o profesionales.

La singularidad de la cultura y las artes como ámbito profesional está dictada no solo por la imprevisibilidad de sus resultados estéticos (y comerciales), sino también por la precariedad de un mercado sin continuidad asegurada y con largos lapsos de tiempo sin encargos, llamadas o propuestas: la fiereza del mercado actúa también ahí. Los bailarines, actores de teatro o de cine (o de series), traductores, titiriteros o músicos, incluidos los técnicos del sector, carecen muy a menudo de empleos estables. El sector equivale en cifras al 3,5% del mercado laboral, algo menos de 700.000 personas, en datos del Ministerio de Cultura referidos al 2021, mientras solo un 66,6% de ellos son asalariados (casi 20 puntos menos que la media general). Y solo en la mitad de los casos hay un contrato indefinido en una industria cultural que cuenta con un 67% de empresas sin otro empleado que el propio autónomo.

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Superada la etapa catastrófica en que algunos defendieron una cultura gratis total (insostenible para los mismos creadores), hoy España promueve como política de Estado la protección laboral de un sector cuyas oscilaciones profesionales son irremediables. Se allana así el camino hacia un efectivo Estatuto del Artista aún por rematar, pero la medida redignifica socialmente a una amplísima diversidad de oficios que forman parte de nuestras vidas cotidianas. El trabajo no está acabado, pero sí están puestas las bases para un necesario y deseable Estatuto del Artista.


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